La semana pasada algunos medios de comunicación publicaron la noticia de que un científico que trabaja en la sede de la EFSA en Parma (Italia) había recibido un sobre explosivo que pudo ser detectado y detonado de forma controlada por los artificieros.

La noticia no pilla de nuevas, hace unos meses sucedió una acción similar con el empresario agrícola mexicano Mario Valdés Berlanga, uno de los máximos defensores del uso de transgénicos en el país azteca y miembro de la alianza protransgénicos, agrupación que pretende impulsar el desarrollo de este tipo de cultivos en México. En este caso el paquete bomba llegó a explotar y a causarle heridas, aunque por fortuna no fueron de gravedad.

Es curioso la poca relevancia que han tenido estos dos sucesos en los medios, especialmente el más reciente. Resulta que en pleno siglo XXI en Europa por el simple hecho de investigar en un tema puntero alguien recibe una carta bomba y parece que da igual y que aquí no ha pasado nada, y esto sienta un peligroso precedente.

No ha habido ninguna condena oficial, ni ninguna reacción de ningún partido político ni asociación ni grupo, asociaciones o grupos que sí que han hecho grandilocuentes declaraciones en contra del cultivo de OGM y que no hacen más que fomentar este odio que ha dado lugar al atentado. No olvidemos que importantes organizaciones ecologistas, muchas sufragadas por el dinero de nuestros impuestos, han apoyado públicamente actos vandálicos como destrozar campos experimentales de OGM. Si una acción delictiva se apoya y se jalea, de ahí a los atentados solo hay un paso y parece que alguien ha decidido darlo.

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Creo que esto merece una reflexión. Me han entrevistado diferentes programas de televisión. Siempre he tenido permiso para grabar en el laboratorio, pero no para hacerlo en los invernaderos, o que se vieran imágenes exteriores de los invernaderos. La razón, no queremos dar pistas sobre su ubicación para que no venga nadie a destrozarlos, ya que las consecuencias pueden ser nefastas a nivel de perder investigaciones muy valiosas que han costado años y mucho dinero desarrollar. Resulta que tenemos miedo. Un instituto público de investigación, financiado por fondos públicos y haciendo investigación básica que se va a ver reflejada en publicaciones, y tenemos que escondernos para que no venga un grupo de “concienciados defensores del medio ambiente” a destrozarnos las instalaciones.

Un caso igualmente vergonzoso se dio cuando el instituto de investigación de Rothamstead en Inglaterra, el centro de investigación agrícola más antiguo que existe, anunció que iba a hacer ensayos de campo en trigo OGM. Esto provocó una convocatoria de diversos grupos ecologistas anunciando públicamente que iban a destrozar el ensayo, convocatoria que contó que el apoyo de varios diputados verdes. Ante esta amenaza los científicos hicieron un comunicado explicando que su experimento iba encaminado a desarrollar plantas que no necesitaran pesticidas por sintetizar un repelente de insectos, por lo que el resultado sería mejor para el medio ambiente. No obstante un concienciado (un defensor de la comida ecológica perteneciente a la nobleza) trató de sabotear el experimento esparciendo semillas en el campo.

Siglo XXI, Europa y científicos amenazados, recibiendo cartas bomba ante la indiferencia de la sociedad ¿siglo XXI? ¿Europa? ¿Qué hemos hecho mal?