Se acerca el día de la elección y no se detectan movimientos sustanciales de votos ni entre bloques ni dentro de los mismos. La situación está estancada en empate a 45% entre el centro derecha y la izquierda, pero los días finales de campaña sí dirimirán dos incógnitas cruciales: la diferencia que sacará Unidos Podemos al PSOE y cuán grande será la capacidad de resistencia de Ciudadanos.

La campaña rebasa el ecuador y todo sigue más o menos igual en términos cuantitativos. En realidad, sigue igual que hace semanas, porque el pulso electoral de los españoles parece estabilizado en ese empate a 45% entre bloques. La descompensación en el centro derecha (30% PP vs 15% Ciudadanos) contrasta con la competencia en la izquierda (24% Unidos Podemos vs 21% PSOE), donde permanece la gran incertidumbre del 26-J: comprobar hasta qué punto la coalición Iglesias-Garzón optimiza resultados, especialmente esos 750.000 votos de IU que en diciembre no valieron ni un diputado. Si el sorpasso se da también en escaños, Pedro Sánchez tendrá muy difícil su continuidad al frente de la nave socialista y su relevo podría alterar por completo el escenario postelectoral. Todas las promesas hechas por el PSOE en campaña envejecerían al momento.

Una reedición del pacto PSOE-Ciudadanos podría necesitar de apoyos adicionales, como el del PNV, para ser el primer proyecto del Congreso

A falta de ver la correlación final de fuerzas, el inmovilismo de los electorados y los discursos de los líderes van dibujando un panorama de nuevo bloqueo institucional. Con el añadido de que el seguro sorpasso en votos de Unidos Podemos lo complica todo un poco más. Iglesias exigirá la presidencia del Gobierno si obtiene un solo sufragio más que Sánchez y en estos momentos es sencillamente impensable que el Grupo Socialista vote a favor de su investidura. Por muchas razones: el antagonismo creciente entre sus dirigentes -y entre sus electorados-, las importantes diferencias programáticas y la mera estrategia partidista. Todo ello puede resumirse en un razonamiento: si el PSOE no contempló ni por un momento hacer a Iglesias vicepresidente, ¿cómo va a elegirlo presidente? Además, seguiría siendo imprescindible la connivencia del independentismo para que esa alianza de la izquierda pudiera gobernar. Algo vetado en el socialismo.

Ferraz ya va enseñando sus cartas y cada vez se hace más obvio que su primer movimiento será intentar revalidar el pacto con Ciudadanos. El problema es que entre ambos podrían sumar menos escaños que el PP y no ser, en consecuencia, el primer proyecto del Congreso. Perderían así enteros para que el Rey pudiera proponer a un candidato defensor de ese prolijo programa de más de 200 medidas. El CIS preelectoral situaba en 119 escaños el pico de la horquilla PSOE-C’s y en 118 el peor de los escenarios de Rajoy. El resto de encuestas hace estimaciones similares.

Socialistas y naranjas tendrían que buscar, pues, apoyos añadidos -como el del PNV– para poder presentarse en el Congreso y pasar toda la presión a PP y Unidos Podemos, en jugada similar a la de febrero-marzo. Se plantearía la dicotomía de dejar gobernar al proyecto mayoritario o abocar a otras elecciones. Los nacionalistas vascos se moverán, en cualquier caso, con los dos ojos puestos en las autonómicas de otoño, donde Podemos puede arrebatarles el primer lugar. Cualquier decisión que tomen en Madrid debe ser beneficiosa para ellos en términos estratégicos en el País Vasco.

El papel de Albert Rivera

Junto a la incógnita de si Iglesias suma ese puñado de escaños clave para alcanzar los 85-86 y superar al PSOE -dependerá principalmente de Andalucía-, se nos antoja la existencia de otra: el resultado de Ciudadanos. Existe consenso demoscópico en que Albert Rivera ha logrado consolidarse en torno al 15%, pero algunos elementos llevan a dudar de ello. Si el 26-J hay alguna sorpresa, tendrá que ver con esto.

La abstención subirá: los electores que se dicen dispuestos a votar son hoy 4’4 puntos menos que en diciembre

Ciudadanos tiene el electorado más volátil y menos comprometido de todos. Y si de algo podemos estar seguros es de que esta vez bajará la participación. El CIS apunta a unos tres o cuatro puntos de caída, estimación parecida a la de GESOP y otras empresas. Preguntados si acudirán a votar, en 2015 el 75’3% respondía que “sí, con toda seguridad” y el 11’6% que “probablemente sí”. Esta vez, las cifras son de 71% y 11’2%, respectivamente. El 27% de abstención de diciembre bien podría subir, pues, hasta el 30%. El crecimiento del voto por correo ha de leerse en términos coyunturales: por primera vez, las elecciones son en verano.

¿Qué partido perderá apoyos hacia la abstención? Difícilmente aquellos que tienen un electorado más movilizado. El 84’6% de los que en diciembre votaron a Iglesias se muestra dispuesto a ir a las urnas, como el 82’7% de los que apoyaron a Garzón. La cifra es aún más alta en el caso de las confluencias En Comú Podem (87’4%), Compromís-Podemos (87’1%) y En Marea (86’2%). Del resto, solo los votantes del PP se acercan a esos niveles de activación (82’4%), con los de PSOE y Ciudadanos claramente más apagados (75’7% y 77’5%, respectivamente).

Esto explica el perfil bajo de Iglesias en campaña, donde va a los debates con actitud profesoral, apenas se ha programado siete mítines y ha apostado por la coralidad de protagonismos hasta en los carteles. Todos los que votaron a Podemos y a IU volverán a las urnas, por lo que mejor no arriesgar para no despertar a apoyos potenciales del adversario. Rivera y Sánchez tienen que trabajarse la movilización de muchos de los que les votaron hace medio año y ahora se encuentran apáticos.

Pero hay más. Los célebres indecisos, que son muchos pero no tantos como a veces se hace ver. De los que dicen que van a votar seguro, tienen elegida ya la papeleta alrededor del 70% o más de los que el 20-D respaldaron a Podemos, IU o PP, mientras se muestra dubitativo hasta un 37’5% de los que optaron por Rivera y un 33’2% de los que lo hicieron por Sánchez. En muchas provincias, el PP está apelando a esos indecisos recordándoles lo difícil -en muchos casos imposible- que tiene el escaño Ciudadanos y cómo votar naranja solo puede valer para menguar el resultado de los populares en favor de las fuerzas de izquierda. Esto sería así en circunscripciones como Guadalajara, Albacete, Salamanca, Palencia, Teruel o Castellón.

Ciudadanos se lanza a por los 820.000 electores que dudan entre Rivera y Sánchez; si baja del 15%, perderá muchos escaños

El argumento puede calar, así como el siempre efectivo discurso del miedo, que veremos qué potencial tiene en estos días finales de campaña. La perspectiva de un Iglesias con más del 25% de los votos puede activar a parte del electorado que Rajoy se dejó por el camino de 2011 a 2015 y también a votantes socialistas clásicos que no acaban de motivarse con Sánchez. Pero Ciudadanos tiene pocas armas más a las que recurrir.

La baza del veto explícito al líder del PP ya está jugada y va encaminada, como otros movimientos de la cocina naranja, a seducir al 8’9% de los indecisos -unos 820.000 electores- que dice debatirse entre ellos o el PSOE. La empresa Celeste Tel, una de las que mejor suele atinar en sus estimaciones, ha detectado cuatro bajadas consecutivas en la intención de voto a Ciudadanos desde el 10 de abril al 14 de junio: 15’9%-15’4%-14’9%-14’4%-13’8%.

La intención directa de voto a Rivera es hoy del 8’5%, mientras en la preelectoral del 2015 era del 11’6% y en el barómetro de abril del 10’8%. Sabemos que el año pasado se le sobreestimó y que su irregular campaña le penalizó, hasta quedarse el 20-D en el 13’9%, muy lejos del 19% que estimó el CIS. Ciudadanos es un partido que suele quedar mejor en los sondeos que en las urnas, aunque es cierto que ahora existe recuerdo de voto y es menos complejo calibrarlo. También el número de indecisos ha bajado: del 41’6% de los dispuestos a votar al 32’4%.

Una última variable juega en su contra: está en el umbral del 15%-16% en casi toda España, con el riesgo que eso entraña en las provincias medianas y pequeñas. Un leve retroceso en la recta final puede dejarle sin representación en muchos sitios donde ahora lo acaricia, de Badajoz a Salamanca pasando por Castellón. Tiene mimbres para poder repetir sus 40 escaños, pero también para quedarse en poco más de 30.