El suelo urbanizado de la costa española en los primeros 500 metros desde el mar supera las 75.700 hectáreas, un 27% del total. La superficie edificada ha crecido casi un 30% en apenas dos décadas al calor de boom inmobiliario.

España tiene más de 8.000 kilómetros de costa. Y su ocupación, su explotación con cimientos, ladrillo y hormigón no deja de crecer. Y a buen ritmo. Las sucesivas burbujas inmobiliarias de las últimas décadas (la mayor la de los años precrisis, sí), la dependencia del turismo que tiene la economía del país y la necesidad de levantar nuevos activos, la proliferación de infraestructuras de todo tipo, y de zonas comerciales, y algunas industriales… Y el resultado es que más de una cuarta parte del litoral español está tomado por el ladrillo.

No se trata de comparar las construcciones de hoy con las fotografías en blanco y negro que guardan las familias (o se exponen en miles de bares) con playas prácticamente vírgenes en la Mallorca, Ibiza, todo Levante o la Costa del Sol de los sesenta. No, no es eso. Es la evolución más reciente, la aledaña al boom de ladrillo y a la recalificación creciente de todo lo que huela a salitre, a golpe de urbanización de viviendas, de paseo marítimo con colmenas de apartamentos, de hotelitos u hotelazos

España tenía en 1987 en sus costas un total de 58.550 hectáreas construidas, teniendo en cuenta sólo la superficie de los primeros 500 metros desde el mar. Poco más de dos décadas después, esa superficie había escalado en 2011 hasta superar las 75.700 hectáreas urbanizadas, lo que había supuesto disparar el suelo edificado casi un 30% y había elevado la proporción de litoral ocupado por encima del 27% del total.

Así lo demuestran los datos de ocupación de suelo obtenidos por los proyectos europeos Corine Land Cover, realizados sucesivamente con imágenes vía satélite correspondientes a 1987, 1990, 2005 y 2011. Unos datos que han sido elaborados e interpretados por el Instituto Geográfico Nacional (IGN), y que ahora han sido incluidos en el informe Sostenibilidad en España 2016, elaborado por el Observatorio de Sostenibilidad.

Dos hectáreas al día… durante 24 años

Según ese informe, el ritmo en que el ladrillo ha ido comiéndose el litoral español supera las 2 hectáreas (sí, los famosos dos campos de fútbol) al día durante 24 años. Y eso sólo contabilizando la urbanización de los primeros 500 metros. Si se tiene en cuenta distancias mayores desde la costa, el ritmo alcanza los 4,48 hectáreas diarias en el terreno a un kilómetro del mar (hasta un total de 551.044 hectáreas en 2011, un 42% más que en 1987) o los 5,82 hectáreas al día en los primeros dos kilómetros (hasta 186.748 hectáreas ocupadas, un 37,5% más).

En el ránking de las comunidades con un litoral más ocupado por el ladrillo destaca la Comunidad Valenciana, con un 55,7% de toda su costa ya urbanizada en los primeros 500 metros. Y le siguen Cataluña, con el 48,8% del litoral edificado; Andalucía, con un 41,6% del total; y Murcia, con un 29,1%. Y subiendo. En el extremo contrario, las regiones con costas menos colmatadas son Asturias (10,7%), Cantabria (14%) y País Vasco (17,7%).

Y es que desde el Observatorio de Sostenibilidad -que denuncia abiertamente una “ocupación masiva” de litoral– se alerta de que “la principal amenaza para el futuro se encuentra en la superficie ya declarada como urbanizable (aunque no está urbanizada) y la realización de infraestructuras en muchas ocasiones públicas que permiten posteriormente desarrollos urbanísticos”. De seguir el ritmo actual, advierten los expertos, en 125 años el litoral español se encontraría ya completamente urbanizado.

“La franja litoral es un recurso muy atractivo, escaso y no renovable (…) El fuerte incremento de los suelos artificiales ha hecho que desaparecieran el reto de tipos de ocupación del suelo. Algunos de los de mayor valor ecológico han sido los humedales, además de cordones dunares litorales, marismas”. El litoral español sigue siendo uno de los mayor riqueza ambiental y biodiversidad, aún hoy lo es, pero…

 

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IMAGEN: El hotel ilegal de El Algarrobico. Foto: Greenpeace.