Todo apunta a que el PSOE abandonará el 26-J su posición como segunda fuerza política española, consumando el hundimiento del bipartidismo nacido de la transición. Y, lo que es peor, ninguna de las opciones que tiene por delante le auguran nada que no sea una lenta caída en la irrelevancia.

Si bien es cierto que las últimas encuestas apuntan una contención de la caída, también es cierto que la sorpresa de las próximas elecciones no sería el famoso ‘sorpasso’, sino su ausencia.

Pero si los resultados son dramáticos, la decisión a tomar a continuación tiene tintes de tragedia. En las películas de Star Trek la tripulación del intrépido capitán Kirk se enfrentaba a un test llamado Kobayashi Maru. Se trataba de la confrontación con una situación de batalla imposible de superar, un escenario de guerra imposible.

Y eso es precisamente lo que tiene por delante Sánchez.

Jordi Sevilla publicaba un tuit en el que plasmaba las condiciones de dicho desafío.

Esá claro que Sevilla se refiere a la posibilidad de que la fuerza más votada del Parlamento sea la reedición del acuerdo entre PSOE y Ciudadanos, lo que tiene mucho sentido teniendo en cuenta que Sánchez y Rivera practicaron una política de no agresión durante el debate a cuatro.

El problema es que la misma frase le obligaría a apoyar al PP en varias situaciones. La primera, en caso de que haya un descalabro tanto de PSOE como de Ciudadanos, sería que Rivera y Sánchez no sumasen ni siquiera tantos votos como el PP en las elecciones, de manera que la fuerza con más apoyo parlamentario sería el PP y Sevilla se vería obligado a apoyar la gran coalición. La segunda, pasaría por la no reedición del pacto y un acuerdo entre el partido de Rajoy y Rivera, lo que obligaría también al PSOE a aceptar una alianza. Un acuerdo con Podemos con Pablo Iglesias como presidente no se contempla después de la negativa de Podemos a apoyar a Sánchez en la última investidura.

Lo más peculiar del problema del Kobayashi Maru es que, finalmente, Kirk consigue superar la prueba reprogramando el simulador. “Yo no creo en escenarios invencibles”, afirmaba el capitán de la Enterprise.

¿Podría hacer algo parecido Sánchez?

En el Partido Popular existe una corriente de pensamiento pesimista que habla de que la izquierda, pudiendo aliarse, terminará por hacerlo. Si bien es cierto que esa visión no se materializó tras la pasada minilegislatura. “Una opción en la que nadie piensa es en que Iglesias, incluso si gana en votos y en escaños, haga presidente de palo a Sánchez a cambio de su apoyo, con el control de las áreas clave del Gobierno”, me indica un interlocutor popular.

Sería una jugada maestra, una iniciativa de pensamiento lateral o ‘fuera de la caja’ y la única forma de que Unidos Podemos llegase al poder, ya que el escenario de que Sánchez apoye la investidura de Iglesias es, como ya hemos dicho, inverosímil.

“El problema de tu escenario”, respondo a mi fuente, “es que implicaría que Pablo Iglesias prefiere un gobierno de izquierdas, echar al PP y aplicar sus políticas a ser presidente del Gobierno. Además, lo que propones supondría aplicar un balón de oxígeno a su principal rival político cuando tanto él como su partido boquean en el mar, a punto ya de ahogarse. ¿Por qué no esperar cuatro años a que el PSOE se hunda definitivamente y llegar a las elecciones de 2020 como la salvación de la izquierda?

Mi interlocutor se encoge de hombros.

A estas alturas, la única salvación del PSOE, la única forma de no ser masticado y fagocitado por este David con coleta que ha puesto de rodillas al Goliat de la rosa, pasa porque las urnas le sean más propicias que las encuestas. Si los sondeos está ofreciendo al PSOE una caída de diez escaños o más, no olvidemos que antes del 20-D sucedió algo similar. Hace meses se escuchaba mucho la expresión de que Sánchez estaba condenado si sacaba un escaño menos que el 20-D. Teniendo en cuenta que todos dan por hecho que perderá no uno, sino varios, quizá una derrota contenida consiga sacarle las castañas del fuego.