La versión oficial es que Agrolimen, la matriz del grupo Eat Out, vende sus líneas de restaurantes fast food para centrarse en sus principales focos de negocio, alimentación para animales y los preparados alimenticios. En realidad, la compañía lleva años registrando pérdidas cercanas a los 30 millones de euros vinculadas a sus cadenas de restauración.

El anuncio repentino de la venta del grupo Eat Out ha hecho disparar todas las alarmas sobre los motivos del holding Agrolimen, grupo empresarial de la familia Carulla, para llevar a cabo dicha operación. Sin embargo, los rumores se acallaron cuando se confirmó que se trataba de “una decisión estratégica” para centrarse en sus otras líneas de negocio: Affinity (alimentación animal) y GB Foods (preparados alimenticios, Gallina Blanca).

Nadie sabe cuánto tiene realmente de estratégico y cuanto de necesario la desinversión respecto a las cadenas de comida rápida propiedad del grupo. Lo que está claro, es que la actividad hace tiempo que dejó de ser rentable y que las pérdidas estaban lastrando el crecimiento del holding en su conjunto.

Eat Out Group aglutina a 11 cadenas de restauración con más de 400 locales a su cargo, entre las que destacan Pans&Company, Ribs, FresCo o Caffé di Fiore. A pesar de contar con grandes franquicias de renombre y emplazamientos en las principales ciudades españolas, a raíz de la crisis las pérdidas por la caída del consumo fueron una constante en la contabilidad del grupo.

Según los últimos datos disponibles, las pérdidas de Eat Out ascendieron a los 27 millones de euros en 2013 y en 2014, a pesar de registrar un balance positivo de 4,3 millones, tuvieron que compensar pérdidas por valor de 14,3 millones.

De hecho, en el último ejercicio conocido Agrolimen registró unos beneficios (13,4 millones de euros) inferiores a las pérdidas que tuvo que compensar por Eat Out Group.

Todo lo contrario que con el resto de las líneas de negocio. GB Foods facturó 629 millones en 2014, al igual que Affinity Petcare, cuyas ventas alcanzaron los 458 millones, ambas operan a nivel internacional.

El malestar del holding con los resultados de su grupo de restaurantes fast food se hizo patente en 2015, cuando se cambió a Ignasi Ferrer al frente de la dirección por Sergio Rivas, tras su paso por franquicias como Burger King o Imaginarium.

La entrada de un nuevo director después de 14 años fue un claro reflejo de que la filial se estaba planteando cambiar el rumbo de cara a mejorar sus resultados. Finalmente, Agrolimen ha decidido deshacerse definitivamente de esta línea de negocio.

El precio de Eat Out se ha estimado en 120 millones de euros y esperan recibir entre ocho y diez ofertas en las próximas semanas. El objetivo es hacer efectiva la operación en julio.