Voy a empezar apuntando que he visto en la intervención de Albert Rivera en el ya famoso Debate a 4  unas diferencias sustanciales con las apariciones que le recuerdo anteriores al 20-D. Confieso que ha sido la primera vez en que he apreciado en él a un líder con un mensaje cavilado, asentado y concreto, así como exhibiendo una proyección de futuro creíble y en perceptible ascenso.

En esta ocasión, Rivera me ha dado imagen de hombre hecho y derecho. Fue capaz de reprimir esos gestos manuales y tics de visaje que con frecuencia  le daban cierto aire de muñeco manejado desde bambalinas por algún titiritero no muy en sus cabales. Por eso le fue mucho mejor esta vez. Tanto que le alcanzó para sobarle los morros a Pablo Iglesias cada vez que se fajaron.

El único intento de contragolpe de un aspirante podemita que pareció más desconcertado por momentos llegó con la acusación de que era una especie de topo de Rajoy. Pero la cera que el de C´s  suministró al Presidente en funciones, y lo afectado que éste se mostró por sus acometidas, resultó la más eficaz zasca a la manipulación defensiva del celebérrimo ex asesor chavista y supporter irredento de las tropelías de Nicolás Maduro.

Como estas cosas nunca llegan por casualidad, tengo que pensar que sus asesores han realizado un excelente trabajo en la templanza de su presentación física. El catalán maneja un discurso sin duda coherente en contenidos, creíble por la trayectoria que incorpora y bien  estructurado. Pero lo acompañaba con un lenguaje corporal descontrolado y una forma de vestir chaquetas propia del machaca de gimnasio que quiere marcar tórax y cintura. Lo que con frecuencia le ponía a los pies de los caballos.

Tanto fue así en el pasado –esperemos que la rectificación del lunes no haya sido un espejismo- que fue el parecerse a veces al “tío calambres” de la divertida canción de Luis Aguilé  lo que permitió  a Juan Carlos Monedero  -un ejemplar de moderación y prudencia dialéctica (¿recuerdan su “¡Montoro, no te tengo miedo!”, cuando se lo estaba haciendo por la pata p´abajo  a causa de la inspección fiscal que se le venía encima por disfrazar los dineros que le diera Chaves?)-, improvisar aquella notable infamia de cuando se dio maliciosos toquecitos  en un  lateral de la nariz. De lo más miserable y, en principio, calumnioso que se recuerda en el mundillo político. Pero esa es la ética real de los predicadores antisistema.

RAJOY, CRECIDO

Pienso que Mariano Rajoy, el otro triunfador, dicho sea con todas las reservas que merece la aplicación de este adjetivo a tan confusa controversia televisada,  estuvo muy por encima de lo que se esperaba de él.

Y no es que “saliera vivo”, como algún columnista significativamente despechado reprochó a sus rivales, sino que se creció, y en las estimaciones más solventes terminó imponiéndose. Sus argumentos sobre la España que recogió (con 1.300 ciudadanos  que se incorporaban cada día al paro, y la que hoy gobierna en funciones, con 1,500 nuevos empleos cada 24 horas), la recuperación en  todos los indicadores, el ambiente tan distinto que se vive en las calles por mucha  basura que los adversarios viertan para ocultarlo con datos aún más viciados y retorcidos que los suyos, terminaron por calar.

Y en el capítulo donde Rajoy hubiese podido hundirse, el de la corrupción, el gallego se salvó gracias a las precauciones adoptadas por Sánchez e Iglesias, seguramente por el temor que les invadió a que las vergüenzas propias terminaran por llevarles también a ellos las heces hasta el cuello.

Fue tremenda la descomposición de gestos que exhibió Iglesias cuando Rivera, para nada dispuesto a dejarse ningunear por alguien cuyos dineros de origen son imposibles de justificar, le recordó la pasta gansa que el chavismo le entregó, sus propia deuda financiera, recordada justo cuando él proponía prohibir a los partidos solicitar créditos a los bancos, y otros cuantos etcéteras más.

El repaso colocó al popularmente conocido como “el coletas” contra las cuerdas. Enrojeció, se le esfumó esa ensayada y perenne sonrisita, que sustituyó  por una crispación preocupada. Y ya no paró de mover negativamente la cabeza, como hacen los niños cuando les pillan con las manos en la masa en un embuste que no hay Dios que se salte.

Sus trompicones a causa de los guantazos que Rivera le suministró desmontando sus embustes, amén de las puyas de Sánchez sobre la  exhibición de cinismo oculta tras sus ofrecimientos de apoyo y colaboración -cuando la realidad es que lo dejó vendido en el Congreso cuando presentó su  candidatura a la Presidencia, con el objetivo de ir reduciendo a la nada al PSOE para ocupar su lugar-, llevaron a Iglesias a un fracaso que no podrán ocultar sus secuaces por mucho que vistan de seda a la mona. Ni serán tampoco capaces de convertir en frases-milagro los cuatro topicazos de demagogo que fue colocando aquí y allí. Por cierto, con tono de telepredicador.

Llegó más a los espectadores el recordatorio que hizo Sánchez, aunque con prudencia algo sospechosa seguramente por si acaso el día de mañana, de lo falso que fue el pretendido sostén de Iglesias a un “gobierno progresista” tras el 20-D. El socialista llegó al techo de su capacidad irónica al mencionarle la flagrante contradicción entre tanta inquietud social como pareció invadirle en el debate y la realidad de cuando entonces se quitó la máscara. Le miró fijamente, sonrió y rememoró su exigencia de la Vicepresidencia única y unos ministerios tan “sociales” como Interior, Justicia, Defensa…Además del control de los espías del CNI.

Recibido el rejonazo de un Sánchez harto de sentir cómo el otro le tomaba el pelo de lo lindo, el camarada “coletas” sólo supo repetir, entre dientes y con expresión aturdida, “te están confundiendo de rival, te equivocas de rival…” Como diciéndole: “¡No te chives, coño, que somos de la misma cuerda”. Y tal vez lo sean en algunas cosas, pero la capacidad de trile de los podemitas no tiene equivalente en los socialistas de hoy. El efecto fue  patético para Iglesias, por mucho que sus incondicionales se emperren en presentarlo ahora como un mazinger z invulnerable.

LA REALIDAD ES QUE IGLESIAS FRACASÓ

Rivera demolió, con un sadismo casi de salón por lo elegante, cada trola que Iglesias intentó colocar utilizando su tramposa metodología habitual. En el tema  de la unidad de España, que  intentó esquivar con rollos pensados para oídos analfabetos al decir que él no tenía “líneas rojas” en su disposición a negociar sino que llevaba la autodeterminación en el programa precisamente para preservar la integración catalana, Rivera le metió dos guayas capaces de noquear: una) las declaraciones independentistas de Colau, la reina gobernadora podemita en Cataluña; y, dos) su aliado de coalición, Izquierda Unida, considera “irrenunciable” un referéndum “sólo para catalanes”. Y, en una coalición, lo que dice cualquiera de los socios cuenta.

Tampoco respondió a eso. Se encerró en lo de que el 27-J propondrá de inmediato la formación de un “Gobierno progresista” UP-PSOE. Otra vez emergió el coriáceo trilero que lleva dentro, pues se cuidó muy mucho de mencionar que sin el apoyo activo (e inevitablemente condicionado) de los separatismos nunca alcanzarían la mayoría necesaria.

La verdad es que Iglesias se pasó el debate haciendo quiebros de cintura, soltando frases campanudas pero vacías y pronunciando promesas propias de alguien que sustituye el raciocinio por las paridas.

No quiero ni entrar en lo de sus 60.000 millones para gasto social añadido, recaudados de nuevos impuestos (“de las rentas altas y grandes empresas”, dijo, y se quedó tan pancho) porque no tendré entonces otra que recurrir al insulto. Y no quiero. Sólo piensen en esto: ni hay aquí tanta renta alta, los que las tengan ya han tomado sus precauciones para que no les hagan corralito, pocas grandes empresas dejarían aquí sus sedes para fundir los beneficios en tributos y no en dividendos, con lo que se esfumarían puestos de trabajo a mansalva…Las cosas que dice este chico tienen que proceder de Varoufakis, Piketty, Krugman, Errejón o Stiglitz, dados sus niveles de delirio.

SÁNCHEZ O EL FIN DE UNA ÉPOCA

Lo de Sánchez es para echar de comer aparte. No da una a derechas, ni equivocándose.

Llevamos meses, desde bastante antes del 20-D, vaticinando que, desde la irrelevancia de su mensaje, lleva al PSOE a la extinción. Su verborrea mecánica y vacía no engancha, ni seduce, ni mucho menos convence.

Además, la parafernalia que le rodea está preñada de errores. Toda. Incluso la presencia de su mujer, su estilo de vestir pijo-sublime, sus actitudes que parecen apropiadas para asistir –o incluso participar- en un desfile de Pasarela Cibeles, pero que son  impropias de la esposa de un dirigente de izquierda, rechinan…Él mismo debería ensayar alguna forma de caminar y usar las manos que no recuerde al más rápido pistolero al sur del Río Grande…Pero ¿es que no hay nadie en el núcleo duro  de Ferraz que tenga los nísperos de hablarle claro…?

Si ya estaba desmotivado, los restos de electorado que le quedaban al PSOE estarán hoy entonando un “¡pobre de mí!” que ríanse de la despedida de los Sanfermines. Temo que vamos a asistir a su desbandada hacia las cuatro esquinas: C´s, Podemos, abstención y hasta la del PP.

No sé si, después del 26-J, quedará alguien dispuesto a cruzar el Guadalquivir para hacerse cargo del difunto.