Arrancó la Eurocopa de fútbol para España, y lo hizo con victoria. Por la mínima, 1-0 para el equipo de Vicente del Bosque frente a la República Checa, pero con sensaciones mejores de lo esperado. Y, sobre todo, con la impresión de que Andrés Iniesta no quiere retirarse sin hacer más grande su leyenda. Quiere seguir abusando de todos.

Iniesta tiene 32 años. Puede que esta Eurocopa de Francia sea su última gran competición a nivel de selecciones. Su cuerpo, pequeño y frágil, lleva mucha tralla encima. Pensar en tiempos futuros parece osado. Por eso, el ‘abusón’ de Fuentealbilla (Albacete) tiene en mente dejar sus últimos destellos esparcidos por tierras galas.

La exhibición frente a los checos por parte de Iniesta volvió a ser insultante. Casi degradó a pardillos de colegio a las torres de la República Checa. Mientras, él se alzaba una vez más como el clásico abusón de patio de instituto que chorrea a los demás con una suficiencia propia de los matones que no tocan un libro y esculpen su cuerpo a base de pachangas. Eso es Andrés Iniesta. Pero él es todo lo contrario.

El reflejo de esta proyección, casi vejatoria, se produjo a mediados de la primera parte. Balón mal tocado por parte de Sergio Ramos que llega a unos metros de Iniesta. El jugador del Barça corre hacia él. También lo hace un mediocentro checo. Uno cualquiera, todos le sacan dos cabezas. Pero entonces se produce “el momento”. Chocan, pero es el checo quien tiene que recular. Iniesta da la vuelta sobre sí mismo, justo después de ser embestido por esta mole, pero sin apenas inmutarse, cubre la bola con el interior. En su cabeza ya sabe quién está solo, la bola ya tiene dueño. Una vez superado el escorzo, se gira y abre a banda. España ataca de nuevo.

Es una jugada sin espectáculo. Iniesta tiene estos lances cada 5 minutos. Da la vuelta sobre sí mismo, mira, y avanza. Da el pase. Así durante 90 minutos. Minutos de magia silenciosa. Tiempo que sufren los rivales. Tiempo que utilizan los espectadores para convertirse en voayeurs para observar cada pase de Iniesta, cada gesto, cualquier regate.

La selección española llegará donde quiera llegar Iniesta. Se ha adaptado a un nuevo ritmo, a un equipo distinto. Ya no está Xavi. Ahora él es Xavi, también Xabi Alonso. Debe tener los galones de Villa o Casillas. Todo eso mientras abusa de cualquier rival.