La sociedad de inversión Zegona ha decidido que no va a salir del proceso de compra de Yoigo, como había amenazado, y quedará a la espera por si MásMóvil, que parece tener todas las papeletas para convertirse en el cuarto operador español, falla el tiro. Los ingleses han preferido mantenerse en el banquillo durante una temporada por si a MásMóvil los bancos, finalmente, le rompen la tibia y el entrenador les saca a jugar.

Telia, el principal vendedor, era plenamente consciente de que se hacía imprescindible mantener a los ingleses en liza para mantener la presión competitiva (y el miedo en el cuerpo) a la gente de MásMóvil. Sin Zegona, los plazos para conseguir la financiación o para cumplir lo prometido podrían alargarse, con el riesgo de quedarse sin un comprador en caso de que todo saliese mal.

Como ya informó SABEMOS, MásMóvil está trabajando en incorporar a nuevos inversores a la ampliación de capital que llevará a cabo para la compra de Yoigo, entre los que tiene un lugar destacado el fondo Providence Equity Partners. Sin embargo, ésa sólo es una parte del proceso, ya que es imprescindible garantizar el apoyo de los bancos.

Estos, por ahora, no las tienen todas consigo. Algunos ya han dejado claro que su apoyo dependerá de que MásMóvil garantice que renegociará con Telefónica y que no se irá con Vodafone, como pretende el consejero delegado de Yoigo, Eduardo Taulet.

Después de hacerse público que Zegona ya había negociado un acuerdo con Telefónica, directivos de MásMóvil corrieron a reunirse en el Distrito C con responsables de los azules. Desde luego, Movistar está interesada en sentarse a hablar con todas las partes, y así lo transmiten, pero los bancos saben que ACS ha defendido con uñas y dientes la opción de Vodafone, que destruiría decenas de millones al año durante los próximos dos ejercicios en sinergias de red y dejaría sin 4G durante muchos años a los clientes de Yoigo.

Para que lo entiendan los más futboleros, en plena Eurocopa, Zegona está como Iker Casillas. Dispuesto a saltar a la portería a poco que a su compañero se le caiga en el pie un bote de colonia o le involucren en un escándalo.