El día 8 de junio se celebra el Día Mundial de los Océanos. Así lo decidió en 2009 la Asamblea General de la ONU a partir de una propuesta de la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro de 1992. ¿Y para qué este día? Para recordarnos que nuestra salud y la de todo el planeta depende de la del agua de nuestros océanos.

En esta línea, el lema de este año es “Océanos sanos, planeta sano”. En esta edición del 2016 se quiere hacer especial hincapié en advertir sobre los enormes riesgos que conlleva la contaminación de los mares, principalmente con plásticos. La lenta descomposición de los materiales plásticos hace que sean muy dañinos para los ecosistemas marinos, poniendo en riesgo a las especies que lo habitan y ejerciendo también un impacto negativo en la salud humana. Otras prácticas humanas como la sobreexplotación pesquera hacen peligrar la perpetuidad de muchas especies de agua salada.

Por ello, en el Día Mundial de los Océanos se busca concienciar a los ciudadanos de lo importantes que son: regulan el clima, acogen una enorme variedad de formas de vida, producen oxígeno y nos proporcionan alimento, medicinas y recursos. Además, datos como que el 35% de la Gran Barrera de Coral australiana ha muerto advierten de su delicada salud.

Pues bien, aunque los océanos albergan una belleza única…hay quien le da miedo el agua. Mucho miedo. Si eres uno de ellos, no te preocupes, no es nada extraño. La acuofobia es un miedo irracional y persistente al agua que se puede manifestar en multitud de variantes. Quien lo sufre no es capaz de controlarlo y es necesario que acuda a un especialista. Vamos con las cinco fobias que harán que te lo pienses dos veces antes de enfrentarte al agua.

Talasofobia

Si te cuando vas a la playa no puedes ni acercarte al agua, esta es tu fobia. La talasofobia es un miedo irracional a grandes masas de agua como océanos, mares y lagos. También se puede manifestar en forma de pánico a estar en un barco.

La talasofobia suele estar provocada por alguna experiencia traumática y además está influida por la genética de cada individuo. Por ejemplo, los supervivientes a un naufragio suelen sufrir este tipo de miedo. Aunque se puede tratar con ansiolíticos, se recomienda acudir a terapia para superar esta fobia.

Selacofobia (ictiofobia)

“¡Todo el mundo fuera del agua!” Tiburón, la afamada película de Steven Spielberg de 1975 tiene mucho que ver con esta fobia. La selacofobia es el miedo injustificado a los tiburones y deriva de la ictiofobia, el pavor a los peces y al pescado.

Las personas que sufren selacofobia sienten pánico ante la idea de ser devoradas por un tiburón. Parece una tontería, pero en los casos más graves el miedo se puede desencadenar con una simple fotografía e incluso quienes lo padecen pueden sentir terror al bañarse en cualquier piscina aunque esté bien alejada del mar.

Según los especialistas, gran parte de la culpa de esta fobia la tiene Tiburón, pues en la película se representa al tiburón blanco como una máquina de matar que ha tenido su eco en muchas más películas. Desgraciadamente, después del estreno de la cinta de Spielberg, la caza de este escualo se disparó por todo el mundo.

Y es que este verano vienen más tiburones asesinos. El 15 de julio se estrena Infierno Azul, un filme de Jaume Collet-Serra protagonizado por Blake Lively en el que un día normal de surf se convertirá en una auténtica pesadilla.

Bathofobia

Donde cubre, el agua está más oscura y cuesta ver algo más allá de nuestros pies. Y mejor no ver nada. La bathofobia es el miedo irracional e injustificado a las profundidades.

Esta fobia, de manera similar a la talasofobia, se puede manifestar en forma de terror a que pueda haber algún tipo de criatura marina debajo (por supuesto con malas intenciones). Y es que siempre hay gente que prefiere bañarse en la orillita y evitar los sitios donde no hace pie.

Ablutofobia

Si a la hora de bañarte sufres náuseas, mareos, sudoración o pánico, entonces sufres ablutofobia o miedo a lavarse o bañarse. Aunque se trata de una fobia rara y existen varios tratamientos, tiene una mayor incidencia en mujeres y niños y puede provocar importantes problemas a la hora de relacionarse con otros individuos.

Como muchas otras fobias, suele tener su origen un un trauma. En el caso de los niños, pueden desarrollar ablutofobia si se les obliga de forma severa a bañarse, pues pueden relacionar ese momento con la infelicidad y la opresión.

Quimofobia

Las olas también pueden dar miedo. La quimofobia se define como el miedo persistente e injustificado a las olas y otros movimientos ondulatorios del agua. Desde luego, el que no padece este miedo es el surfista de este vídeo que en 2011 consiguió un récord al enfrentarse a olas de 24 metros en las costas portuguesas de Nazaré. Casi nada.