Entre el 9 y el 11 de julio, cuando ya resuene en los mentideros de Washington un chirriante afilar de cuchillos como prólogo al pistoletazo de salida del pugilato electoral que llevará a Hillary Clinton o a Donald Trump a la Casa Blanca, un agonías de la escena internacional a seis meses de mudarse a un chalet privado cercano al Capitolio, premonición de una nostalgia que ya parece haber empezado, y al que en su país no le hace ya caso ni el Tato, nos honrará con su visita: Barack Obama.

Ocho años ha ocupado la Presidencia de EEUU sin acordarse ni de que existimos. Y haciéndonos llegar sus instrucciones, cuando nos necesitaba para algo, vía segundones o a través de sus procónsules en Europa. Sobre todos, Merkel. Y, ahora, cuando pinta menos que un Stark superviviente de la matanza en la Boda Roja, viene a montar el pollo, causar gastos e incomodidades (acuérdense: serán dos días de atascos, incordios, con un millón de gorilas del Servicio Secreto moviéndose por aquí como en país conquistado…),  interferir en la campaña para las generales… En suma, viene a nada. Salvo a tocar los pirindolos y trabajarse su porvenir.

HASTA MARGALLO SE LO DESACONSEJÓ, PERO…

Aquí estuvieron, a veces para dimensionarnos como potencia mediana pero que emergía como puntera en la Europa comunitaria, Nixon, Ford, Carter, Reagan, Bush (padre), Clinton… Bush (hijo), no. Este último rehusó por la exhibición de tonterías ofensivas de aquella ridícula desgracia llamada José Luis Rodríguez Zapatero, que elegimos como Presidente. Todos ellos vinieron en su pleno liderazgo del mundo occidental, por lo que todas las molestias que una visita así comporta valían la pena.

Obama, no. Obama acude por cuenta propia –hasta el ministro Margallo se lo desaconsejó diciéndole que sólo le recibirá un Gobierno en funciones y un Rey muy nervioso por la confusión institucional y territorial que atravesamos-  a poner una pica en Flandes de cara a su muy probable actividad en cuanto pase a ex: las famosas conferencias a 200.000 dólares, habituales en mandatarios jubilados, que le permitirán holgadamente pagar el alquiler de la nueva residencia, cifrado –según me pareció leer- en unos 20.000 pavos  al mes. Después de impuestos, con lo que sólo dos repeticiones de ese rollo destinado a sonar cien veces resolverán el alojamiento anual de la familia.

Desengañémonos: su presencia responde a un agudo sentido del márketing. Sabe que tres o cuatro, como mínimo, empresas del Ibex ya tienen programadas sus primeras lecciones magistrales previo pago. Pero, para llegar a eso, estaba claro que antes debería borrar el desprecio que nos ha dedicado durante sus más de 30 viajes al extranjero, entre ellos 13 a países europeos, organizando un paripé para un pueblo que se conforma con migajas. Desengañémonos, es como hoy nos ven en la capital del Imperio.

LOS DE PODEMOS SE PONDRÁN MORADOS (PERO DE VERDAD)

Resumiendo, esta autoinvitación de Obama se trata de oportunismo en estado puro. Y no se crean, lectores, que soy el único en pesar así. ¡Quiá…! En algunos de los más musculosos de entre nuestros medios de comunicación  se piensa –y hasta se dice, aunque en plan prudente, de puertas para dentro-  cosas mucho más fuertes. Pero, claro,  ¿cómo vamos a resistirnos a la presión de los maestros mundiales de la mercadotecnia, volcados en invocar nuestro sentido de la responsabilidad y a exhortarnos  a ser corteses, por si gana Hillary? Comento de paso que, si no fuera así, al atronador Trump le importaría tres narices que a Obama se le negara su venida como remate de su despedida oficiosa de la OTAN en Varsovia. Es decir, de paso y gracias.

Jaime Costos, singular e ingenioso embajador de los USA en España, se ha apresurado a felicitarse por esta teórica cortesía residual, tardía y absurda de su jefe hacia nosotros. Por mí, sinceramente, se la podía haber guardado. Esos dos días de estancia del pato cojo van a salirnos por un ojo de la cara,  serán como tábanos incómodos para el pacífico tran-tran ciudadano y, en resumidas cuentas, echarán gasolina en el fuego de la campaña electoral. ¡Al loro con las ocasiones de lucimiento que les van a facilitar a Iglesias, Errejón y Monedero! Ya deben de estar preparándolo en la Embajada venezolana con algún enviado de Maduro.

Y, encima, la hija mayor se nos viene chez Costos (es decir, a la Embajada) de becaria de verano. Quizá no se haya enterado de que La Movida es agua pasada, de cuando los Presidentes de EEUU venían a Madrid en pleno ejercicio de sus funciones y no para prepararse el retiro.