Esta semana científicos de la Universidad James Cook de Townsville, Queensland (Australia), han venido a confirmar unas sospechas que salieron a la luz hace un mes: el 35% de la Gran Barrera de Coral, en sus zonas norte y centro, ha muerto. Se trata del mayor arrecife de coral del mundo y en el habitan hasta 1.800 especies distintas de peces, 125 clases diferentes de tiburón y 5.000 especies de moluscos, sin mencionar los 400 tipos de coral que la forman. Entre toda esta vida es posible encontrar también algunas especies amenazadas, como la gran tortuga verde. Así, como firme defensora de los ecosistemas marinos, pueden imaginarse mi consternación al leer la noticia ya que los arrecifes de coral son tan solo el 2% de los océanos, pero acogen al 25% de todas las especies marinas.

El coral está muriendo por un fenómeno llamado blanqueamiento, que es precisamente lo que su nombre indica: el coral va perdiendo poco a poco su viva tonalidad al expulsar las algas zooxantelas que les recubren y que les sirven como protección. Al perderlas, se calcifican y mueren. Esta es la tercera gran ola de blanqueamiento que sufren los corales en los últimos 18 años y, por lo visto, la peor. La buena noticia es que el 95% de los arrecifes situados al sur de Cairns han sobrevivido y se espera que en unos meses recuperen su color. La mala es que una vez que el coral muere, lleva décadas recuperar un arrecife, y eso solo en el caso de que no se sigan produciendo las condiciones que provocaron el blanqueamiento coralino.

¿Y cuales son estas condiciones? Fácil: el incremento de la temperatura del agua, la acidificación de los océanos debido a la absorción de dióxido de carbono antropogénico, incremento de la radiación solar, tormentas… Curioso que estos sean también algunos de los efectos que tiene el “mítico” calentamiento global, también conocido como cambio climático, el mismo que muchos todavía tienen los cojonazos de negar bajo argumentos tan plausibles como que lo que se intenta es promover la conservación del medio ambiente a través de mentiras, o que lo que se pretende es meterle miedo a la población para que acepte políticas estúpidas que supongan un gasto desmesurado en cosas inútiles… Vamos, la manida excusa de “estamos en manos de intereses”. Todo este negacionismo recuerda bastante a lo ocurrido con la industria tabacalera cuando empezaron a surgir los primeros estudios que relacionaban tabaco y cáncer allá por 1929. Y solo nos ha costado casi un siglo creérnoslo.

Pues bien, lo del cambio climático es mejor que empecemos a creérnoslo ya, porque se estima que para el año 2100, nos habremos cepillado todos los arrecifes de coral del planeta, lo que provocaría a su vez una devastación de la flora y fauna marinas y con ella, consecuencias también para los humanos. Consecuencias en forma de escasez de recursos. Por ejemplo, la desaparición de la Gran Barrera de Coral, generaría pérdidas económicas estimadas en miles de millones (y solo en lo que respecta al turismo). Este dato solo lo incluyo para aquellos a los que solo les importa el beneficio económico, sin embargo creo que a la mayoría nos importa más el lado menos monetario del problema, porque al final, todo esto solo significa que nos estamos cargando nuestro planeta, que no es otra cosa que nuestra casa.

No sé dónde ni cuando terminará todo esto, ni siquiera sé si las predicciones sobre el cambio climático son exactas o meras aproximaciones, y para ser sincera, ni lo sé, ni me importa. Sí sé que antes o después toda la mierda que estamos echando en este mundo, nos va a explotar en las manos, y lo único que siento es que antes de que el tren nos arrolle, nos habremos llevado por delante algunas de las cosas que hacen que vivir sea una bonita experiencia.