Cuando todos los partidos políticos, con la única excepción del PP, abogan por el apagón nuclear en la próxima década, la patronal del sector defiende la ampliación a largo plazo de la vida útil de las centrales españolas. No se moja (del todo) y no quiere hacer suyo formalmente el objetivo de los 60 años, pero lo considera un plazo “acertado y realista”. Y todo lo que no sea mantener en funcionamiento las plantas actuales lo ve como “un lujo”. Y, de hecho, no es que lo crea factible, es que ve que las bases ya están sentadas. “La puerta de ampliar las nucleares más allá de los 40 años ya la abrió Garoña”, sentencia Antonio Cornadó, presidente de Foro Nuclear. “Ese camino ya está trazado”.

Qué hacer con las nucleares se ha acabado convirtiendo en un tema invitado en el agitado debate político de la eterna campaña electoral en que se ha instalado España. De cara al 20-D (y se supone que también de cara al 26-J), el PSOE propuso ir cerrando todas las centrales españolas según vayan cumpliendo los 40 años, lo que haría que la última de las plantas echara el cierre en 2028 -una propuesta que acabó colándose también en pacto de gobierno con Ciudadanos-. Y Podemos, que tiene más prisa, quiere clausurar las centrales según vayan expirando sus actuales licencias de explotación, lo que adelantaría el apagón nuclear a 2024.

Durante la breve legislatura que acabó como empezó, sin Gobierno, la mayoría del Congreso apoyó una proposición no de ley del PSOE en el que se consagraba el fin de las nucleares a los 40 años, con los únicos votos en contra de PP y Foro Asturias, y la abstención de Podemos (que había presentado su propia proposición de final acelerado). A la espera de que se celebren las nuevas elecciones, se constituya (por fin) un nuevo Gobierno, y se sustituyan los discursos por las políticas reales del futuro Ejecutivo, lo cierto es que el apagón nuclear a lo largo de la próxima década parece una opción nada descartable.

Y, sin embargo, los más directamente interesados, las empresas del sector nuclear, siguen dando la batalla a favor de ampliar la vida de las centrales nucleares españolas más allá de las cuatro décadas. Foro Nuclear, la patronal del sector, ve necesario para el país ampliar la vida de las centrales españolas a largo plazo. Y aunque formalmente no se moja sobre plazos concretos, considera “acertada y realista” la decisión de Estados Unidos de prolongar el funcionamiento de la mayoría de sus plantas hasta los 60 años. “Estrategia energética realista, y necesaria para nuestro país”, se subraya desde la asociación.

 

Foro Nuclear Antonio CornadóAntonio Cornadó, presidente de Foro Nuclear. FOTO: Flickr | Foro Nuclear.

“En España no somos ni tan ricos ni tan listos como para poder cerrar ya las centrales nucleares”, dijo ayer Antonio Cornadó, presidente de Foro Nuclear, en la presentación del informe anual de actividades del sector. “Hay que consolidar el funcionamiento de las plantas que ya están en operación. Desperdiciar esos activos industriales es un lujo que no nos podemos permitir”, sentenció. Y, aunque evitó cualquier crítica frontal a los posicionamientos de los partidos en la anterior y en la actual campañas electorales, lo cierto es que Cornadó reconoce que el gran reto de la patronal para 2016 es “transmitir la necesidad para el país de la energía nuclear tanto a la opinión pública como a los políticos”.

Recado a los partidos

La energía nuclear fue el año pasado la principal fuente de producción de electricidad en España. Los siete reactores en operación en el país generaron una quinta parte de toda la electricidad del país (el 20,34%, hasta 57.188 GWh). “La nuclear es una fuente imprescindible en el mix eléctrico por su disponibilidad, fiabilidad y por la garantía de suministro que ofrece. Respaldamos y promovemos como estrategia energética acertada la operación a largo plazo del parque nuclear nacional”, apunta Cornadó.

“Y para ello”, dice el presidente de la patronal como recado a los partidos políticos, “es necesario estabilidad regulatoria y seguridad jurídica, certidumbre administrativa y priorización de las decisiones técnicas en materia de política energética”.

Foro Nuclear ultima un informe sobre las supuestas ventajas económicas y medioambientales de ampliar la vida útil de las nucleares españolas, pero Cornadó anticipó algunos datos. Según sus cálculos, cada diez años que se prolongue la operación de las centrales nucleares se generaría el equivalente a dos años y medio de consumo de electricidad de toda España, se haría una aportación al PIB de 28.000 millones de euros; se aportaría 11.000 millones en impuestos; se consolidarían 28.000 empleos (pero entro directos, indirectos e inducidos); y se ahorraría entre 450 y 550 millones de toneladas de CO2.

Garoña ya abrió la puerta

La central de Santa María de Garoña, en Burgos, cerró en 2012. Fueron sus propietarias, Endesa e Iberdrola –que controlan a partes iguales la planta a través de la sociedad Nuclenor-, las que desenchufaron la central voluntariamente, a modo de órdago al Gobierno en la plena pugna por la reforma eléctrica. Y dos años después, tras varias reformas legislativas ad hoc del Ejecutivo del PP para hacerlo posible, Iberdrola y Endesa solicitaron la renovación de licencia de explotación y lo hicieron pidiendo su reapertura hasta 2031, cuando Garoña cumplirá 60 años desde su construcción.

El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), el supervisor del sector, ultima su informe favorable sobre la renovación de la licencia de la central más vieja de España. Y previsiblemente el CSN lo aprobará a finales de julio, evitando hacer ruido antes de las elecciones del 26 de junio.

Pero Garoña, a pesar de que la solicitud se mantiene, nunca va a reabrir, como adelantó SABEMOS. ¿Por qué? La lucha que se plantea va más allá de la central burgalesa. Las eléctricas quieren que Garoña sea la llave que abra la puerta a ampliar la vida útil del resto de centrales españolas más allá de los 40 años, e incluso alcanzar los 60 años de funcionamiento.

El presidente del Foro Nuclear insiste cada vez que le preguntan en que él no conoce los planes al respecto ni de Nuclenor ni del CSN, aunque defiende abiertamente su reapertura si se comprueba que la vieja central mantiene las condiciones de seguridad. “Los activos industriales que puedan funcionar deben seguir haciéndolo. Todos”, apunta Cornadó. Pero él no ve el dictamen técnico sobre Garoña como la puerta para ampliar el resto de centrales, porque entiende que esa puerta ya la abrió la propia Garoña hace tiempo.

La puerta para ampliar la vida de las nucleares ya está abierta. La esa puerta la abrió la propia Garoña”, indicó. Y es que el CSN ya avaló con un informe técnico en 2009 que Santa María de Garoña siguiera funcionando hasta 2019, cuando la central habría cumplido los 48 años de vida útil [entonces el Gobierno de Zapatero sólo renovó la licencia hasta 2013, cuando la central tendría 42 años]. “Ese camino ya está trazado. Porque el supervisor ya reconoció que las centrales podían funcionar más allá de los 40 años”.

Tradicionalmente, la vida de diseño de las centrales (el tiempo en que se espera que funcione según las especificaciones técnicas de su construcción) es de 40 años, aunque algunos países han ido ampliando ya la vida útil de las instalaciones (el tiempo que efectivamente transcurre entre la puesta en funcionamiento y su cierre) más allá de ese límite.

En España, tradicionalmente se daba por hecho que las ocho centrales nucleares operativas (siete sin contar Garoña) cerrarían cuando cumplieran las cuatro décadas. Sin embargo, el último Gobierno de Zapatero hizo legalmente posible que las nucleares puedan seguir funcionando más allá de ese límite de 40 años con la Ley de Economía Sostenible, aprobada en 2011 en los últimos estertores de la legislatura.

 

IMAGEN: Flickr | Tomás Royo.