Ciudadanos exigirá la dimisión del popular Pedro Antonio Sánchez si el juez lo cita como investigado por la ‘Púnica’. “Se van a quedar en muy poquito”, vaticina Rajoy sobre el partido emergente, que lo ridiculiza en su último vídeo electoral y vuelve a insinuar que nunca será reelegido con sus votos.

Si PP y Ciudadanos suman 170 escaños el 26-J estarán condenados a entenderse y pactar un programa y un Gobierno que lo desarrolle, pero desde luego ahora mismo resulta muy difícil imaginarse a Mariano Rajoy y Albert Rivera compartiendo Consejo de Ministros. El tono del uno hacia el otro y los ataques diarios que sus formaciones se dedican están tensando una relación que hace solo unos meses era cordial y fluida y que vivió un punto de inflexión con el pacto PSOE-Ciudadanos. La cuerda se ha ido tensando aún más los últimos días, con diatribas muy ácidas por parte de la formación naranja, respuestas displicentes del jefe del Ejecutivo en funciones y la puesta en cuarentena del pacto que une a ambos en la región de Murcia.

El presidente de esa comunidad, Pedro Antonio Sánchez (PP), lo es gracias a Ciudadanos y dejará de serlo si finalmente es citado por el juez que investiga la trama Púnica. Rivera no esperará a que se ratifique indicio delictivo alguno y exigirá su dimisión si el requerimiento llega y a Sánchez se le imputa “por corrupción política”. El lunes se supo que la Guardia Civil ha solicitado tal imputación, al entender que el barón murciano contrató con la trama de forma irregular, aunque está por ver si el juez satisface la demanda y en qué momento lo hace.

La decisión no llegará antes de las elecciones, pero el líder de C’s no dejó pasar la oportunidad de marcar distancias con el PP y garantizar que no dudaría a la hora de romper el pacto de gobierno. El acuerdo firmado el año pasado, explicó, establece que los cargos públicos imputados por corrupción han de dejar su puesto y “se tiene que cumplir”.

C’s exigirá la dimisión del barón murciano si el juez atiende la demanda de la Guardia Civil y lo imputa en la ‘Púnica’

El entorno de Rajoy transmitió a la prensa su malestar por lo que creen una nueva muestra de la doble vara de medir de C’s. Si los señalados por presunta corrupción son del PSOE, se muestran más laxos y posibilistas, aceptan a menudo sus explicaciones y quitan hierro al asunto; si son del PP, se extrema la dureza y se exigen cuentas, cuando no cabezas. A los populares aún les escuece lo ocurrido hace unas semanas en Granada, donde el partido naranja ni siquiera se conformó con la retirada del alcalde, el imputado José Torres Hurtado, y se unió a PSOE, Podemos e IU para relevar al PP del poder. “Ellos verán lo que hacen”, zanjaron esas fuentes, que consideran errada la estrategia naranja de atacar sin piedad a Génova.

El propio Rajoy se manifestó en esa misma línea durante una comida mitin en Badajoz. Desde allí -lugar estratégico donde los populares aspiran a ganar un escaño respecto al 20-D- emitió un discurso muy breve, de apenas diez minutos, enfatizando el que es su mensaje clave de campaña: solo el PP es alternativa fiable para el electorado de centro derecha, la única opción que puede “parar la deriva radical en la que algunos están instalados”. El presidente del Gobierno vaticinó que si C’s sigue por el camino de confrontar con él “se van a quedar en muy poquito” el 26-J y recordó los contactos que Rivera mantuvo con Podemos tras pactar con Sánchez, tratando de desacreditarlo. “Yo no me sentado con Podemos como hicieron el PSOE y Ciudadanos”, presumió en un claro intento por ganar enteros ante el millón largo de electores que según el CIS se mueve en la frontera PP-C’s.

Antagonismo ‘in crescendo’

La alianza de Rivera con Sánchez fue precisamente lo que marcó un antes y un después en la relación del líder emergente con Rajoy. Este no encajó bien que Ciudadanos defendiera el acuerdo con el PSOE aun después de ser rechazado por el Congreso, hasta el punto de negarse a negociar con el PP nada que no fuera su adhesión a dicho pacto. Una postura que frustró cualquier esperanza del presidente en funciones de ser reelegido e irritó a las filas populares.

Rivera pide al PP “sentido del humor” para encajar las mofas que dedica al presidente en su spot de precampaña

Al tiempo, Ciudadanos continuó poniendo el foco de su discurso en Rajoy y elevó el tono contra él cuando las nuevas elecciones se antojaron inevitables, haciendo de la crítica al líder popular la vía para continuar buscando votos de electores liberal-conservadores descontentos con su figura.

La agresividad dialéctica tocó techo este domingo, con Rivera volviendo a ser meridiano sobre sus intenciones para la próxima legislatura -“el país no merece un presidente del Gobierno salpicado por la corrupción”- y difundiendo un vídeo que directamente caricaturiza hasta el ridículo al líder del PP. El spot, que ha causado una gran polémica por el desprecio con que trata a los votantes de Podemos y al jefe del Ejecutivo, presenta a un Rajoy perezoso que ha dedicado los últimos meses “a leer el Marca”.

 

El aludido no pudo disimular su indignación en el citado acto de Badajoz, aunque evitó referirse directamente a ello. Si lo hizo su número dos, Soraya Sáenz de Santamaría. “Pido respeto para el trabajo de cada uno, hay expresiones que sobran”, dijo la vicepresidenta sobre el vídeo, para acto seguido aprovechar y criticar la táctica postelectoral de Ciudadanos: “Cada uno ha tenido estos cuatro meses la estrategia que a él le ha parecido oportuna, como el señor Rivera pactar con el señor Sánchez y votarle para ser presidente del Gobierno”.

El líder naranja no se inmutó y, durante un almuerzo con miembros de la sociedad civil madrileña en el Club Siglo XXI, despachó las críticas a su spot -a la política hay que llegar “llorado de casa”, “un poco de sentido del humor”- e insinuó de nuevo que con Rajoy al frente será muy difícil un pacto PP-Ciudadanos. Unas horas antes, al visitar la Feria del Libro de Madrid, había invitado a los populares a olvidar “el debate de los sillones”, en clara referencia la determinación del presidente a seguir en La Moncloa tras el 26-J. “Mariano Rajoy y Pablo Iglesias están más preocupados por los sillones que por cambiar España, que por poner en marcha este país”, abundó. ¿Implica eso un veto explícito a la figura del candidato del PP? “Ninguna ambición personal, ningún egoísmo puede poner a un sillón por delante de España”.