El partido de Duran i Lleida, Unió Democràtica de Catalunya (UDC), no se presentará el 26-J y sus electores podrían determinar cambios en el reparto de escaños de Barcelona, Lleida y Girona. Rivera se marca su región de origen como objetivo prioritario para compensar posibles bajadas en el resto de España.

Unió no se presentará a las generales del 26 de junio y los 64.726 votos que obtuvo en diciembre se ponen en juego. Fueron solo el 1’73% del total de sufragios catalanes válidos y no le reportaron a Josep Antoni Duran i Lleida ni un escaño, pero el comportamiento que tengan esos electores en la nueva cita sí puede alterar el escenario.

Cataluña es la región de España con mayor nivel de competencia electoral y la segunda que más diputados designa (47), solo por detrás de Andalucía (61). Como consecuencia de ello, seis fuerzas políticas obtuvieron representación allí el 20-D -En Comú Podem (12 actas), ERC (9), PSC (8), DL (8), Ciudadanos (5) y PP (5)-, decidiéndose los últimos escaños por un puñado de votos. Ese reparto podría ser diferente si ahora el electorado de Unió es mayoritariamente seducido por una formación política. La no concurrencia de Duran -que prefiere centrar sus esfuerzos en los próximos comicios autonómicos- es la principal novedad de la contienda catalana, puesto que la alianza Podemos-IU ya se dio allí en 2015 en el marco de la confluencia En Comú.

La candidatura apoyada por Pablo Iglesias y Ada Colau ganó claramente las elecciones (24’74%), pero sus cinco perseguidores quedaron en empate técnico. Menos de cinco puntos separaron al segundo más votado (ERC, 15’98%) del sexto (PP, 11’12%), con PSC (15’7%), DL (15’08%) y C’s (13’05%) en niveles de apoyo similares. Séptimo, como fuerza extraparlamentaria más votada, quedó UDC.

“Los antiguos votantes de Unió irán a las urnas en junio, es un perfil que participa siempre”, opina el consultor Pau Canaleta

¿Qué harán ahora esos 65.000 electores? ¿Se abstendrán, buscarán un partido refugio o se dividirán? “A la abstención no irán, es un perfil de votante que participa siempre; seguro que a la abstención irán pocos, aunque no encuentren un partido que los represente tan bien como lo hacía Unió Democràtica”, opina el consultor Pau Canaleta. Para este profesor de comunicación política e institucional, dicho sector se ha mostrado “muy activo” y es de esperar que ahora decida su apoyo “en función de la campaña” y muy probablemente en relación al “eje izquierda/derecha”. A juicio de Canaleta, en esta lógica de polarización se jugará el 26-J, lo que coloca a PP, Ciudadanos y CDC en mejor posición que PSC, Podemos o ERC para pescar en ese caladero democristiano.

“Ya el año pasado se movieron muy en función de sus valores, mayoritariamente conservadores, y ahora decidirán en base al eje que marcará las elecciones, que será el ideológico tradicional y no el de la cuestión identitaria catalana”, continúa. Por ello, cree que pueden dividirse en partes más o menos proporcionales entre PP y C’s, por un lado, y CDC, por el otro. “Son electores que añoran la vieja CiU, el catalanismo contenido y pragmático de toda la vida, residen en zonas rurales o en la zona alta de Barcelona… Puede ser que una parte acabe en el PSC, pero seguro que será poco importante”, remata.

Hay que recordar que las del año pasado fueron las primeras elecciones a las que Unió se presentó en solitario. Tras romper con CDC a cuenta de la deriva secesionista del partido de Artur Mas, se disolvió la histórica federación de CiU y los de Duran concurrieron a las autonómicas del 27-S y a las generales del 20-D por su cuenta. En ambos casos se quedaron a cero. No caló su discurso en favor del catalanismo moderado, su apuesta por una tercera vía entre la ruptura con la legalidad que proponen CDC y ERC y la defensa del marco constitucional que hacen PSC, C’s y PP. Tampoco pudieron competir con Podemos y sus aliados en la reivindicación del derecho de autodeterminación dentro de los márgenes del sistema.

Catalanistas y en contra del ‘procés’

Ahora, esa minoría catalanista que se opone a la secesión unilateral pero que tampoco defiende el mantenimiento del statu quo debe buscar una alternativa. Aun siendo cuantitativamente pocos, tienen la capacidad de hacer bailar el reparto de diputados en tres de las cuatro circunscripciones catalanas si actúan al unísono.

El PP obtuvo su último escaño barcelonés por 15.443 votos; Unió se llevó más de 47.000 papeletas en esa provincia

Así, el último de los 31 escaños de Barcelona se decidió por apenas medio punto (15.443 sufragios) a favor del PP. Ciudadanos se quedó al borde de arrebatárselo y ahora podría hacerlo si triunfa entre los antiguos votantes de Unió, que en la provincia barcelonesa fueron un total de 47.743 (1’68%). Convergència Democràtica, que el 26-J sí se presentará con sus siglas (CDC) y no bajo la marca DL, también aspira a llevarse ese diputado final, pues se quedó a 24.000 votos de lograrlo. Si ahora queda por delante de Rivera en Barcelona (el 20-D le separaron tres décimas), podría conseguirlo. El PP sufrirá para mantener sus cuatro parlamentarios catalanes (Dolors Montserrat sería la damnificada), salvo que atraiga a los democristianos en porcentaje similar a sus rivales por ese espacio y no pierda apoyos propios.

Por un margen similar (1.296 votos, el 0’66%) sacó el PSC su diputado por Lleida. Allí hubo un reparto salomónico de las cuatro actas en juego entre los socialistas, DL, ERC y En Comú, pero por la mínima. Los nacionalistas conservadores se quedaron muy cerca del segundo diputado, que se lo hubieran arrebatado a Pedro Sánchez. Unió se quedó aquí en 4.839 papeletas (2’45%), teniendo ahora sus electores la posibilidad de romper el equilibrio 1-1-1-1 de la circunscripción ilerdense.

No difiere mucho la situación en Girona. Sus seis parlamentarios se repartieron hace medio año del siguiente modo: dos para DL, dos para ERC, uno para En Comú Podem y otro para el PSC. Ciudadanos fue quinto, a tres puntos de los socialistas y a 1’87 de llevarse un escaño, que hubiera perdido ERC. Lo impidieron 6.208 sufragios, apenas 350 más de los que consiguió Unió. El partido naranja, que en esta provincia ha cambiado de cabeza de lista -Margarita Santo releva a Fernando López de Castro- aspira a conseguir esa acta el 26-J.

C’s intensificará su campaña catalana de la mano de Arrimadas y Girauta para tratar de obtener diputados adicionales en Barcelona y Girona

Con una leve mejora de sus resultados sería suficiente, lo mismo que en Barcelona. De lograr esos dos escaños, los de Rivera compensarían el más que probable retroceso de otras provincias pequeñas donde la coalición Unidos Podemos le arrebatará la tercera plaza y, por ende, la representación en el Congreso. En Guadalajara, Albacete o Salamanca la formación naranja tendrá prácticamente imposible retener los escaños que sacó el 20-D, perdiéndolos en favor de Podemos. También se le complica sobremanera sacar algún rédito en Burgos, La Rioja o Badajoz, algo que estaría en su mano si Iglesias y Garzón se presentaran por separado.

“Cataluña, y más concretamente Barcelona, es muy importante para nosotros, como lo es Madrid y algunas provincias andaluzas”, explican fuentes de la dirección de campaña de Ciudadanos. El partido considera que la labor de oposición hecha estos meses por Inés Arrimadas les ha consolidado y puede hacerles mejorar resultados. No se proponen llegar al histórico 18% de las elecciones autonómicas -porque la clave en que se vota es muy distinta-, pero sí quedar por encima del 13% del 20-D.

Arrimadas liderará la “intensificación de la campaña catalana” que planea el partido naranja, una labor en la que también se implicará a fondo el número uno por Barcelona y portavoz parlamentario, Juan Carlos Girauta. Pero los refuerzos llegarán de toda España. Hoy mismo, el barón madrileño, Ignacio Aguado, se desplaza a la ciudad condal para mantener un encuentro entre representantes de su grupo parlamentario y los 25 diputados catalanes de C’s. Al concluir, Aguado ofrecerá una rueda de prensa conjunta con Arrimadas desde el Parlament.

Pero Ciudadanos tendrá competencia en esa empresa. Ferraz también ha puesto el foco en Cataluña, con Meritxell Batet y el filósofo Manuel Cruz haciendo ticket por Barcelona y el objetivo marcado en rojo de remontar el vuelo en esa región. No en vano, Pedro Sánchez eligió Barcelona como escenario para presentar su Gobierno del cambio, en el que incluyó a tres miembros del PSC.

El PP, por su parte, se propone mantener los cinco escaños del 20-D -peligra uno de los cuatro de Barcelona y, en menor medida, el de Tarragona-. En esta última provincia, los 6.299 votos de Unió serían insuficientes para provocar cualquier cambio por sí mismos, siendo lo más probable que se repita el resultado del 20-D: un escaño para cada una de las seis primeras formaciones.

Los populares están ya entregados a amarrar esos cinco diputados catalanes, un registro muy pobre comparado con los once de la anterior cita con las urnas. Para lograrlo, han hecho bandera electoral de la eliminación de los peajes en la AP-7 y han elegido la capital catalana como sede de la presentación del programa electoral, que protagonizará Rajoy el sábado 4 de junio. Las generales se juegan en toda España, pero de un modo mucho más competido en la fragmentada Cataluña.