El Banco Popular ha vivido su peor sesión en bolsa este jueves al caer un 26,49%, hasta 1,73 euros por acción, tras anunciar por sorpresa una ampliación de capital de 2.500 millones de euros, con un descuento superior al 45%, con la que prevé fortalecer su balance y mejorar su solvencia y rentabilidad. La operación, en principio, está diseñada también para que el banco pueda aprovechar oportunidades de crecimiento y reforzar su modelo de negocio comercial y minorista.

El presidente del banco, Ángel Ron, consideró en una entrevista con Efe que la multimillonaria ampliación de capital servirá para que Popular esté “fuerte y protegido ante cualquier eventualidad”.

Algunos bancos de inversión como JP Morgan calculan ya que la banca española necesita provisiones adicionales de 14.000 millones y casi la mitad corresponderían a Popular.

Los sindicatos no han tardado en celebrar el anuncio de la ampliación de capital porque, según CCOO, es una fórmula para defender la independencia del banco y garantizar el empleo y la competencia, ante los continuos rumores sobre posibles fusiones. Sin embargo, los expertos consideran que la ampliación puede ser el paso previo para que el grupo pueda negociar en mejores condiciones una futura operación corporativa, ante los difíciles tiempos que encara el sector con los tipos de interés en mínimos.

Por el momento, Ron, máximo responsable de Popular, defiende que la operación es una “buenísima oportunidad” para el accionista, no sólo por el precio al que se emitirán los nuevos títulos, 1,25 euros, sino porque es una forma de ayudar a impulsar el proyecto de la entidad, cuya capitalización se ha hundido a 3.795 millones. Aunque la ampliación de capital está asegurada por los bancos UBS y Goldman Sachs, el banquero confía en que los accionistas apoyarán la operación y Popular podrá desprenderse más fácilmente de activos no rentables. O sea, limpiar su balance. Y es que, según ha dicho, uno de los factores que hacía mella en la cotización en bolsa del banco, que en lo que va de año pierde más del 42%, era el tiempo que podría llevarle deshacerse de este lastre, en gran medida inmobiliario.

Aprovechando la recuperación económica de España y del mercado inmobiliario, Popular ha desvelado que según su nuevo plan estratégico aspira a librarse de 15.000 millones de euros en activos improductivos antes de 2018, lo que le debería servir para recuperar su rentabilidad de forma “potente”.

Al mismo tiempo, con los recursos obtenidos, el grupo espera reforzar su franquicia y modelo de negocio, avanzando en el comercial y el minorista, basado en la financiación a pymes y autónomos y en consumo, y elevar su capacidad de generación orgánica de capital futura, lo que permitirá acelerar la vuelta a una política de dividendos normalizada a partir de 2017. Para 2018, espera un “pay out” -porcentaje del beneficio que dedica al pago de dividendo- en efectivo de más o menos el 40%.

No obstante, este año, el dividendo del Popular podría verse suspendido de forma temporal, teniendo en cuenta que puede necesitar provisiones durante este año por hasta 4.700 millones, lo que le llevaría a anotarse pérdidas.

El banco espera alcanzar una rentabilidad del capital sobre recursos propios tangibles (ROTE) del 9%; una eficiencia del 45%; y desde finales de 2016, una solvencia CET1 o capital de máxima calidad del 13,7%.

La ampliación de capital supondrá la emisión de algo más de 2.000 millones de nuevos títulos tras dar a los actuales accionistas la posibilidad de ejercer su derecho de suscripción preferente desde el próximo 28 de mayo hasta el 11 de junio.

El próximo 23 de junio podrían comenzar a cotizar sus nuevas acciones del banco, que con la ampliación de capital anunciada hoy ya lleva tres desde el inicio de la crisis. La primera de ellas, en 2011, sirvió para entrar en México al adquirir el 24,9% del capital del Grupo Financiero BX+, y la segunda, en 2012, y con un volumen de 2.500 millones de euros, para cumplir con las exigencias de capital.

El éxito de esa última operación le permitió superar sin ayudas públicas la crisis, periodo en el que absorbió el Banco Pastor, participó en la creación del “banco malo”, al que sin embargo no ha podido transferir ningún activo, y a diferencia de otros competidores no se adjudicó ningún grupo rescatado.