Rivera está recogiendo a su paso por Venezuela simpatías y antipatías en términos difíciles de saber debido al acoso constante de los aparatos chavistas. El segundo día en Caracas del líder de Ciudadanos ha estado marcado por su visita a la Asamblea Nacional y por sus encuentros con opositores, diputados y empresarios.

En la Comisión de Exteriores de la Asamblea, Rivera ha señalado que el diálogo efectivo solo será posible si se respetan los derechos humanos y la Constitución y ha declarado que “habrá diálogo si no hay presos políticos”. En concreto, ha transmitido su apoyo, el de su partido y el de los demás partidos mayoritarios al referéndum revocatorio del artículo 72.

Rivera ha negado las acusaciones de injerencia por parte de España en Venezuela y ha defendido la ayuda de Europa ante problemas que considera que son de los venezolanos y que ellos mismos deben resolver. Además, se ha mostrado preocupado por la crisis humanitaria que atraviesa el país y ha subrayado que sus principales problemas son la seguridad, la sanidad y la igualdad.

El presidente de Ciudadanos ha escuchado desde gritos hasta aplausos. En un país que se supone democrático, el líder político está encontrando serias dificultades para reunirse con los opositores debido a la censura de Maduro.

Según salía de la Asamblea, una marea chavista “Por la Paz y en Defensa de la Mujer” le sorprendió al grito de “márchate, márchate, Rivera márchate”. Más gritos en la visita de Rivera con Lilian Tintori a la casa del alcalde opositor Antonio Ledezma, en arresto domiciliario. Pero los clamores de “liberen a Ledezma” no sirvieron de nada ante la negativa de los servicios de inteligencia a entrar en la casa del opositor. Mucho más modestos y silenciados por el chavismo, también hubo aplausos e incluso furor. Fueron muchas las mujeres que se acercaron para alabarle, hacerse una foto e incluso intentar besarle.