Los planes del Consejo de Seguridad Nuclear pasarían por elevar al pleno a finales de julio el informe sobre la solicitud de Endesa e Iberdrola para renovar la licencia de explotación de la central de Garoña. Sería pues después de las elecciones, evitando el ruido en plena campaña, y justo antes de las vacaciones de agosto. Garoña no reabrirá nunca, pero ese estudio técnico del supervisor puede ser la llave para ampliar la vida del resto de nucleares españolas.

Desde el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) se niega rotundamente, pero se diría que la dirección del supervisor maneja sus tempos en función del calendario político. Los técnicos del organismo trabajan a marchas forzadas para tener listo el informe sobre la solicitud de renovación de la licencia de explotación de la central de Santa María de Garoña. Y el documento estará listo en las próximas semanas.

Los planes de la dirección del supervisor pasarían por elevar el informe sobre la central nuclear más vieja de España al pleno del organismo –el órgano colegiado de cinco miembros que toma todas las decisiones del centro- a finales de julio, según informan a SABEMOS hasta tres fuentes conocedoras de los plazos del proceso, que subrayan la intencionalidad política de las fechas. Otra fuente vinculada al expediente, no obstante, consideran inviable que todos los trabajos estén terminados en dos meses y prevén que la aprobación se produzca en torno a noviembre.

Con la aprobación a finales de julio, el CSN conseguiría aplazar el previsible ruido que generará la aprobación hasta después de las elecciones generales del 26 de junio, hacerlo en un momento en que las nuevas Cortes a lo sumo estarían recién constituidas y sin el nuevo Gobierno aún formado. Y, al tiempo, se mitigaría el revuelo al producirse justo antes de las vacaciones de agosto.

Fuentes oficiales del CSN consultadas por SABEMOS no precisan el calendario que maneja el centro para dar el visto bueno a la reactivación de Garoña, y se remiten a que el organismo ya apuntó en un comunicado que su objetivo era aprobar el informe en el segundo semestre de este año (esto es, en algún momento a partir del 1 de julio).

Nuclenor, la empresa propietaria de Garoña -controlada por Iberdrola y Endesa-, oficialmente dice desconocer los planes del regulador, y apunta que la compañía simplemente está a la espera de la resolución. Sin embargo, otra fuente ligada directamente a Garoña admite que la previsión que se maneja es que el CSN decida, en efecto, en julio.

El CSN, presidido por Fernando Marti Scharfhausen, ya ha aprovechado en años anteriores el último pleno previo al parón de agosto para aprobar otras iniciativas polémicas. En 2014, el organismo dio el visto bueno en el pleno del 30 de julio precisamente a una instrucción técnica complementaria que servía para avanzar en el proceso de renovación de licencia de Garoña. Y el año pasado, en la reunión de pleno del 27 de julio se aprobó el informe favorable sobre la autorización de emplazamiento del cementerio nuclear de Villar de Cañas.

Pedir permiso para nunca reabrir

La central de Santa María de Garoña, en Burgos, cerró en 2012. Fueron sus propietarias, Endesa e Iberdrola –que controlan a partes iguales la planta a través de la sociedad Nuclenor-, las que desenchufaron la central voluntariamente, a modo de órdago al Gobierno en la plena pugna por la reforma eléctrica. Y dos años después, tras varias reformas legislativas ad hoc del Ejecutivo del PP para hacerlo posible, Iberdrola y Endesa solicitaron la renovación de licencia de explotación y lo hicieron pidiendo su reapertura hasta 2031, cuando Garoña cumplirá 60 años desde su construcción.

Actualmente, el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) estudia la solicitud y, a pesar del clamor en contra de todos los grupos parlamentarios del efímero Congreso ya disuelto -de todos los partidos menos el PP-, el organismo ha continuado con el proceso y trabaja en el informe con el que dará el visto bueno, con condiciones –muchas-, a la reactivación de la planta.

Pero Garoña, a pesar de que la solicitud se mantiene, nunca va a reabrir, como adelantó SABEMOS. El propio presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, comunicó a principios de abril a los sindicatos de la compañía su convencimiento de que Garoña no volvería a funcionar porque su explotación no es económicamente viable. Iberdrola, empeñada en reforzar su apuesta renovable y en asentar su imagen de eléctrica verde, filtró de manera interesada su cambio de discurso sobre las nucleares y su falta de viabilidad futura.

Ese cambio de discurso se ha vivido en Endesa, el otro socio de Garoña, casi como una traición. No tanto por ser totalmente inesperado, sino porque Sánchez Galán lo hiciera llegar a la prensa a través de los sindicatos y que no lo planteara previamente en el consejo de administración de Nuclenor.

Iberdrola reconoce que Garoña no reabrirá. De manera indirecta y con filtraciones, pero lo reconoce. Endesa, en cambio, oficialmente mantiene su posición de que la reapertura es posible, y que la planta puede ser viable técnica y económicamente. Oficialmente. Sin embargo, Endesa también sabe que la central de Garoña no volverá a funcionar nunca. Se lo calla, pero su cúpula directiva maneja como único escenario posible el cierre definitivo, según confirman a SABEMOS fuentes del sector eléctrico conocedoras de la situación.

Garoña es la puerta para todas las nucleares

Y es que la lucha que se plantea va más allá de la central burgalesa. Las eléctricas quieren que Garoña sea la llave que abra la puerta a ampliar la vida útil del resto de centrales españolas más allá de los 40 años, e incluso alcanzar los 60 años de funcionamiento. El CSN aprobará a finales de julio el ansiado informe avalando la viabilidad técnica de que Garoña vuelva a entrar en funcionamiento, pero lo hará exigiendo nuevas mejoras que requerirán inversiones millonarias a los dueños de la planta, informan fuentes conocedoras del expediente.

Una vez conocidas esas condiciones para la reactivación, y dado que Endesa e Iberdrola acumulan pérdidas de casi 230 millones de euros en dos años por mantener Garoña sin actividad, el consejo de Nuclenor decidirá desistir de volver a poner en funcionamiento la central amparándose en que no le salen las cuentas. Según fuentes del sector eléctrico y fuentes internas de la propia Garoña este escenario no es una hipótesis, sino que es la hoja de ruta efectivamente diseñada.

Garoña pues no reabrirá, pero el sector nuclear dispondrá de un informe oficial del Consejo de Seguridad Nuclear en el que se avalará la viabilidad técnica de ampliar la vida útil de las centrales más allá de los 40 años o, incluso, que directamente confirmará que las plantas pueden llegar a funcionar directamente hasta los 60 años. El ‘sí’ a la reactivación de Garoña supondrá pues un precedente para el resto de plantas españolas (controladas también por Iberdrola, Endesa y Gas Natural), que verán abierta la puerta a renovar sus licencias más allá de las cuatro décadas.

IMAGEN: Nuclenor.