Estas semana han recogido varios medios un meta análisis presentado por la Academia Nacional de Ciencias estadounidense en el que se decía que a pesar del alarmismo que suelen difundir diferentes medios y organizaciones sobre este tema, no hay ningún motivo ni ninguna evidencia que haga sospechar que comer alimentos provenientes de organismos OGM puedan tener cualquier efecto sobre la salud. Quizá la novedad sea que bastantes medios se han hecho eco de esta noticia. Hace un año la Agencia Federal de Ciencia alemana sacó un informe parecido, con conclusiones parecidas al que nadie prestó la más mínima atención. Tampoco tuvo ninguna incidencia mediática otro estudio que inspeccionaba la salud del ganado en los últimos 30 años desde que no existían OGM hasta la actualidad que todo es prácticamente OGM, sin que se viera ningún cambio apreciable.

Habría que hilar un poco más fino para acabar de entender las conclusiones. Para empezar, hablar de transgénicos en general tiene cierto riesgo, porque da a entender que la autorización es en plan todo o nada o que todos tienen las mismas propiedades, pero no es cierto. Los transgénicos se autorizan caso a caso, y cada uno tiene una utilidad y unas aplicaciones, por lo tanto lo más correcto sería hablar de que no se ha observado ningún problema en ninguno de los OGM autorizados. Un OGM hecho a partir de una planta venenosa, seguiría siendo venenoso, pero por supuesto no se autorizaría nunca para uso alimentario, aunque pudiera ser útil para la industria farmacéutica.

El informe también incide en que el etiquetado de los OGM es bastante irrelevante, puesto que no supone ninguna indicación de calidad nutricional y en muchos productos ni siquiera se puede establecer un control efectivo (si no llevan ADN o proteínas, o han sido sometidos a procesos térmicos estrictos, no hay forma de saber si son OGM o no), y exigencias como pedir etiquetar si los animales se han alimentado con pienso OGM implica no entender qué es un OGM, puesto que una vez en el estómago se degrada el ADN y las proteínas y no queda ninguna traza.

Por otra parte, el informe también incide en que no se ha visto un aumento en la productividad. Todo sea dicho, aquí tampoco se puede generalizar, pero sí explicar mejor. No existe ningún OGM en el mercado cuya ventaja sea ser más productivo. Pero sí que ayudan al agricultor por ser tolerantes a herbicidas, o a insectos. En condiciones de cultivo óptimas la producción es similar a los no-OGM, pero el coste de producción es menor, por eso los agricultores, y los pequeños propietarios apuestan por ello. La relación coste-beneficio, como señaló este estudio.

Otro problema que señala el estudio es la aparición de resistencias. El pequeño detalle es que esto no es un problema propio de los OGM. El cultivo que más malezas tolerantes presenta es el trigo, donde no se han desarrollado todavía transgénicos comerciales, por no hablar del problema similar, de la resistencia a antibióticos. Es un problema conocido, al que se le hace frente con rotación de cultivos, o con nueva tecnología.

Y otro aspecto interesante es el hecho de que la frontera de la tecnología cada vez es más difusa por la aparición del CRISPR que legalmente no tiene consideración de OGM.

En definitiva, este estudio dice lo que ya sabíamos. El problema es la cantidad de tiempo y recursos que estamos perdiendo en estudiar y restudiar lo que ya sabemos de sobra por la presión de determinados grupos o partidos políticos, que llevan 20 años anunciando un apocalipsis que no acaba de llegar. Me recuerdan a los testigos de Jehová y el fin del mundo, que al final renunciaron a poner fecha concreta.