Esta semana hemos asistido al anuncio, por parte de las autoridades turísticas tailandesas, del cierre de la isla de Koh Tachai al turismo y el motivo no puede ser más desolador: los daños ambientales. A partir del 15 de octubre y por tiempo indefinido, no será posible visitar el parque nacional de Similian, situado en esta isla.

Koh Tachai, situada en la provincia de Ranong fue declarada como la isla más hermosa del país asiático por beachmeter.com, sin embargo, esto no ha sido suficiente para concienciar a los miles de turistas que la visitan cada año de la necesidad de compatibilizar turismo y sostenibilidad. No, nada más lejos. De hecho, según palabras del director general del departamento de Parques Nacionales, Vida Salvaje y Conservación, Tunya Netithammakul, el turismo ha tenido como consecuencias “la aglomeración y la degradación de los recursos naturales y del medio ambiente”.

Con este cierre se pretende dar a los ecosistemas terrestres y marinos la oportunidad de regenerarse antes de que el daño haga que sean irrecuperables. Solo se excluyen de esta media dos centros de buceo de la zona, que podrán seguir funcionando ya que se ha considerado que este tipo de turismo no es dañino y que el buceador, ha sido educado para no dañar la naturaleza. Y en general, así es. Como excepción mencionaría aquellos centros de buceo que organizan feedings y a los buceadores que participan en ellos.

El caso de koh Tachai es el más reciente, pero no será el último, como tampoco ha sido el primero. Recordemos que hace poco la isla griega de Santorini anunciaba su pretensión de controlar el flujo de cruceristas llegados diariamente a la isla a un máximo de 8.000 pasajeros; en ocasiones, llegan a desembarcar hasta 10.000 personas. También la zona costera de Cinque Terre, situada en el norte de Italia y declarada Patrimonio de la Humanidad por su orografía y arquitectura, pretende limitar el número de visitantes que recibe cada verano a 1,5 millones (en la actualidad es visitada por 2,5 millones cada verano). Así, aquellos interesados en visitar la región, tendrán que adquirir un pase a través de una aplicación que además, informará sobre cuál de estos cinco pueblos acumula mayor número de turistas.

Más allá de las acciones que pueda emprender toda autoridad turística con la intención de proteger sus recursos, también podríamos empezar a ejercer cierta responsabilidad los propios viajeros procurando que nuestro impacto en el medioambiente, sea el más leve posible. No se trata de grandes acciones, no. Son sencillos gestos… como no sacar una cría de delfín del mar para hacernos selfies con ella hasta provocar la deshidratación y muerte del pequeño mamífero marino; no ir a zonas de desove de tortugas marinas a montar a los niños en el caparazón de los animales hasta que huyan despavoridas en busca de otra zona de anidamiento; recoger la basura a nuestro paso por el Parque Nacional de Doñana cuando vamos de romería… Pequeños detalles que pueden hacer mucho por el ecosistema en el que estamos de visita.

Viajar abre las fronteras de nuestro pequeño mundo, facilita el contemplar otras perspectivas y amplia nuestra cultura, entre otros beneficios, pero tenemos que ser conscientes de que ciertas actividades turísticas tienen un impacto negativo en el entorno que estamos visitando, que estamos invadiendo durante unos días, para ser más exactos. Si vamos a un parque natural, o a unas ruinas mayas en una zona selvática, tal vez lo más conveniente no sea encender una hoguera, tirar basura o gritar, ya que ponemos en peligro o perturbamos de algún modo el ecosistema de aquellos que allí habitan, animales y plantas. El ejemplo es claro: ¿te gustaría que alguien fuese a tu casa a ensuciarla o a cambiar los muebles de sitio? ¿No? Pues piensa en estos términos la próxima vez que viajes a un entorno natural paradisiaco y tal vez, solo tal vez, no sea necesario cerrar más islas.