El banquero de banqueros presume de que hará “todo lo que sea necesario” para hacer crecer la economía pero no se atreve a poner en marcha el llamado “helicóptero de dinero”, la inyección directa de fondos en la economía real bien para aumentar el gasto público, bien para bajar impuestos.

El Banco Central Europeo (BCE), presidido por Mario Draghi, se decantó por establecer unos tipos de interés negativos, una medida inédita en la historia de las políticas monetarias. Se trata de una solución atrevida para un escenario impensable: que ni siquiera con los tipos al cero se consigan unos datos de inflación positivos para la economía.

Mario Draghi va a pasar a la historia como un innovador. Para empezar, preside una institución que tiene pocas pero importantes atribuciones -la más relevante, imprimir euros-, mientras que dispone de escasa autonomía para hacer lo que quiere.

El Constitucional alemán quiso evitar las compras de deuda por parte del BCE

Tanto es así que la Justicia alemana estuvo a punto de enmendarle la plana al banquero de banqueros y chistarle tras soltar su whatever it takes (“haré todo lo que sea necesario”). El Tribunal Constitucional teutón consideraba que el BCE no tenía derecho a comprar deuda soberana en los mercados secundarios, un criterio que afortunadamente no compartió el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

Y eso que la medida llegó tarde. Muy tarde. Casi demasiado tarde, como la llamada que atiende el alcaide de una prisión justo antes de aplicar la primera descarga en el cuerpo del reo sentenciado a muerte.

Estados Unidos comenzó con sus planes de quantitative easing o QE -compras de deuda- en 2008, mientras que Supermario anunció la activación del programa análogo europeo en 2012. Cuatro valiosos y largos años perdidos en los que la Eurozona se sumió en una de las crisis más oscuras de la historia comunitaria, con hombres de negro supervisando a Grecia, Irlanda, Portugal y España, cuatro naciones rescatadas e intervenidas.

Incluso al abrigo de las políticas monetarias del QE, la economía europea no ha conseguido recuperarse del todo y se enfrenta a un estancamiento secular, con unos crecimientos del PIB más bien magros. En parte por la debilidad de la actividad, por los desequilibrios entre los países y por la ausencia de unas políticas fiscales y económicas comunes. Pero en parte, también, por las recetas de Mario Draghi para garantizar la prosperidad de la Eurozona.

El objetivo del BCE es aumentar la inflación, pero siempre por debajo del 2%

Los tipos de interés negativos son un ejemplo. “El BCE está tratando de estimular el crédito, de estimular la actividad económica y, finalmente, de incrementar la inflación hasta casi el 2%, pero siempre por debajo de ese nivel”, explica el economista y analista de ING Research Geoffrey Minne.

Quizá la clave está ahí, en la política para estimular la economía pero no tanto. La manguera de los tipos de interés mínimos con la que el BCE lleva años inundando la economía con dinero no acaba de traducirse en una inflación robusta, en los últimos tiempos por la presión a la baja de los precios del petróleo.

Por eso se ha planteado otra solución extrema que nunca se había probado hasta el momento: el “helicóptero de dinero”. Este helicopter money es un concepto ideado por el economista Milton Friedman, que se basaba en un concepto bien simple: si queremos estimular la inflación a través del consumo -que es lo que persigue el BCE con los tipos de interés tan bajos-, lo que mejor funciona es regalar dinero directamente a los ciudadanos.

Draghi ha descartado el “helicóptero de dinero”

Draghi no ha perdido tiempo y ha descartado el despegue del helicóptero. Demasiada innovación en una política monetaria que podría alimentar la inflación a corto plazo pero con dudoso recorrido a largo plazo.

“Al final, los resultados en la Eurozona están en línea con esta afirmación: crecimiento positivo y seguro, pero no brillante”, resume Minne.

El banquero central, eso sí, ha especulado con la posibilidad de volver a bajar los tipos, empujarlos a terrenos más negativos aún. Subirlos, aunque la Reserva Federal de Estados Unidos haya comenzado a hacerlo, no es una opción.