La estrategia de Rajoy puede penalizar a Rivera en las provincias medianas de la España más bipartidista, favoreciendo que Podemos-IU sea tercero allí y le arrebate un puñado de escaños determinante. C’s defiende una decena de ‘últimos’ diputados que en junio le costará retener.

El PP ha puesto la diana en Ciudadanos. Convencido de que para recuperar apoyos tiene que seducir al electorado de Albert Rivera -que en parte un día fue suyo- e irritado por la estrategia postelectoral de los naranjas -firmar un pacto global y permanente con el PSOE y desacreditar a Mariano Rajoy como líder-, el partido mayoritario del centro derecha se ha lanzado a incluir a C’s en “las izquierdas” y a dirigirle el grueso de sus ataques. Actuarán “sin piedad”, recogía El Mundo este martes citando fuentes de Génova, porque deben demostrar que Rivera no es de fiar para el votante liberal-conservador, cuyo sufragio puede acabar facilitando un Gobierno que lamine la gestión de Rajoy. Sin embargo, esa estrategia presenta importantes lagunas.

Para empezar, menospreciando a Ciudadanos se corre el riesgo de herir el orgullo de quien lo ha votado por considerarlo buena opción. Y no parece el mejor comienzo para atraerlo a tus terrenos. En segundo lugar, se crea un clima poco propicio para negociar con Rivera después del 26-J, único modo de despejar el camino hacia la conservación del poder. Desde la formación emergente ya se empieza a decir que ese acoso y derribo puede volar los puentes entre ambos.

Los votos que Rajoy pretende arrebatar a Rivera pueden ser claves para que Iglesias quede tercero en las Castillas, Extremadura y La Rioja

Con todo, el mayor error está en el fondo de la estrategia. Creer que los apoyos que se puedan arrebatar al partido naranja tendrán un efecto decisivo en la correlación de fuerzas favoreciendo a Rajoy es una conclusión equivocada, a la luz del mapa socioelectoral surgido del 20-D. Las elecciones generales son en realidad 52 comicios distintos, al no haber circunscripción única y repartirse todos los escaños por provincias. Esto hace que en muchos lugares los votos que el PP pueda conseguir a costa de Ciudadanos no le beneficien a él, que tendría que subir exponencialmente para ampliar su botín de escaños, sino a los partidos de izquierda.

Esto se ve claro al detenerse en la disputa por el último diputado de cada provincia. La Ley D’Hondt establece un reparto por restos que lleva a que en muchas circunscripciones el último parlamentario se decida por un puñado de votos. Máxime en el actual escenario tetrapartito, que intensifica la competencia electoral y acorta todas las distancias. En las provincias medianas, quedar tercero y superar el 14-16% del voto te da un escaño; bajar de ese escalón, te lo quita. Esa es la batalla más importante que enfrentó a los emergentes en diciembre, principalmente en las dos Castillas, La Rioja y Extremadura, donde PP y PSOE aún están claramente por encima de ellos y no pueden aspirar a más que a entrar en el podio.

Ciudadanos obtuvo así diputados por Albacete, Guadalajara o Salamanca, en detrimento de Podemos. La situación contraria se dio en Burgos, La Rioja o Badajoz, donde Pablo Iglesias sacó escaños y Rivera no lo hizo por un ajustado margen. Las encuestas indicaban hace unas semanas que ese empate técnico en las provincias medianas comenzaba a deshacerse en favor de C’s, que consolidaba la tercera plaza en casi todos esos territorios, decisivos para la correlación final de fuerzas entre bloque ideológicos. La alianza de Podemos e IU y la estrategia de desgaste que el PP está lanzando contra Ciudadanos amenaza ahora con darle la vuelta a la situación. Igualmente, podría hacerle perder a Rivera escaños como los de Castellón o Córdoba si Podemos y sus aliados aumentan su ventaja sobre ellos.

Lo explicaba el consultor político Iván Redondo este martes, en una conferencia en la Deusto Bussiness School: “El PP debe centrarse en atacar al frente de izquierdas para movilizar a su electorado natural y acercarse lo más posible a los 130 escaños, que ahora mismo es su techo”. Pero si quiere gobernar necesitará que Ciudadanos conserve sus 40 escaños, “para así sumar 170 entre los dos y poder negociar el apoyo del PNV, impidiendo un pacto alternativo de izquierdas”.

Lo importante es la suma de los bloques, razonaba Redondo, hay que ver la situación con esa perspectiva. De nada valdrá sumar algún diputado extra a costa de C’s -como el de Almería- si contribuyes a que Rivera se hunda un 20-25%. Y eso es lo que está ocurriendo, pues la campaña agresiva del PP empieza a pasar factura a la formación naranja, que en alguna encuesta aparece ya con 38-39 diputados. No hay que olvidar que la frontera del centro derecha es la más porosa de todas: más de un millón de personas dudó en diciembre entre PP y C’s. Una campaña polarizada en torno a los populares, por un lado, y Unidos Podemos, por el otro, haría el resto.

52 elecciones distintas

Las elecciones de junio, a celebrar apenas medio año después de las anteriores, no presentarán grandes cambios en el tablero socioelectoral, pero sí pueden cambiar el panorama en el Congreso por los efectos de la coalición de izquierdas y las alteraciones en el reparto de los últimos escaños, antes citado. De esas 52 actas que en no pocas ocasiones se deciden por estrecho margen, el PP defiende 19; Podemos, once; Ciudadanos, diez; el PSOE nueve; el PNV, dos; y ERC, una. Ahí se juega el 26-J.

C’s defiende una decena de ‘últimos escaños, muy difíciles de conservar en un escenario de polarización como el que se espera

Los populares son los que se llevaron más escaños de los postreros porque ganaron en la mayoría de provincias y el sistema hace que en gran parte del territorio el ganador se lleve el primer y el último diputado en juego. De esos 19, algunos son tan seguros como los de Ceuta y Melilla y solo once están en verdadero peligro. Siete de ellos se los hubieran llevado Podemos-IU de haber concurrido juntos.

Ahora, Rajoy necesita movilizar a lo que Redondo denomina la “generación de la Transición” para conservarlos. Son las personas de 50-60 años, que en diciembre se abstuvieron más de lo que en ellas es habitual y que, según el CIS postelectoral, si ahora fueran a votar lo harían por el PP (el 24% de los abstencionistas de entre 35 y 44 años; el 13’5% de los que tienen entre 45 y 54; el 24’4% de los de 55-64) o el PSOE (el 29’2% del primer nicho; el 27’9% del segundo; el 33’4% del tercero).

Si Rajoy se centra en restar apoyos a Ciudadanos, puede que consiga el objetivo de salvar los muebles, e incluso obtener algún diputado adicional, pero tendría imposible gobernar. El PP solo puede conservar La Moncloa si suma 170 escaños con Rivera y firma un acuerdo de legislatura con él. La gran coalición está descartada por todo el PSOE y el pacto de izquierdas se abriría paso si los socialistas y Unidos Podemos alcanzan esa cifra mágica de los 170. El bloque que llegue a esa cota tendría que buscar la mencionada connivencia del PNV, que se atisba como clave para la gobernabilidad.

La estrategia del “sin piedad” contra Rivera, por doloroso que haya sido para Génova el proceder del líder emergente en los últimos meses, puede volverse trágicamente en su contra a la hora de repartir escaños dentro de cinco semanas.