Las encuestas empiezan a confirmar lo que muchos temían: la coalición Podemos-IU está en condiciones de superar al PSOE en votos y en escaños el 26-J. La primera de esas premisas está muy cerca de cumplirse, quedando algo más lejos la segunda. Y es que la mayor implantación de los socialistas en la España rural y poco poblada podría hacer que la ventaja de la entente Pablo Iglesias-Alberto Garzón en las grandes capitales no fuera suficiente para conformar un grupo parlamentario mayor que el de Pedro Sánchez, aunque obtenga más sufragios en el cómputo global. En todo caso, los estudios de opinión anuncian una batalla reñida por la hegemonía de la izquierda, inaudita en nuestra democracia y que en buena parte decidirá lo que ocurra en cuatro territorios muy concretos: Madrid, Cataluña, Comunidad Valenciana y Andalucía.

En esas regiones es donde los socialistas tienen mayor margen de subida, tras unos resultados calamitosos el 20-D que ahora aspiran a mejorar. Son los lugares que más escaños reparten -el 51% del Congreso, 177 actas en total: 61 Andalucía, 47 Cataluña, 36 Madrid y 33 Valencia– y donde más intensa es la competencia electoral. Esas cuatro regiones son asimismo las que tienen un volumen más importante de afiliados socialistas, tal y como reflejaba el censo de la consulta realizada en febrero por Ferraz para validar el pacto PSOE-Ciudadanos. La federación andaluza aporta el 25% del total (45.124 militantes), mientras el PSC cuenta con 19.188 inscritos, el socialismo valenciano con 16.669 y el madrileño con 13.639.

Andalucía, Cataluña, Madrid y Valencia eligen 177 de los 350 diputados del Congreso

Ese es un capital a explotar, apuntan fuentes orgánicas, aunque se pedirá implicación de los miembros del PSOE en toda España. Que unos territorios tengan mayor importancia estratégica no quiere decir que vaya a descuidarse otros, aunque siempre hay provincias donde apenas se da la batalla por lo decidido que aparece el resultado. En las generales de diciembre, sin ir más lejos, los cuatro principales partidos dejaron de lado hasta 21 circunscripciones. Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera se centraron en las provincias donde más disputada estaba la batalla y se ausentaron de León, Palencia, Ciudad Real, Cáceres, Lugo, Guipúzcoa o Girona.

En esta ocasión, Ferraz debe redoblar esfuerzos en las cuatro regiones antes citadas, por el peso que tienen sobre el resultado global y también por la capacidad que el PSOE tiene de recuperar terreno allí. Madrid presenta, además, el componente simbólico de ser el lugar por el que concurren los candidatos a La Moncloa y sus respectivos núcleos de confianza. Sánchez quedó cuarto el 20-D y sus rivales se lo han afeado en no pocas ocasiones.

Con el fichaje de Margarita Robles como número dos y el ascenso de Ángeles Álvarez del octavo al cuarto lugar de la lista, Ferraz pretende ganar solvencia de cara al exterior y cohesión interna en una federación que lleva lustros de batalla fratricida. Los seis escaños de diciembre fueron el peor resultado del PSOE madrileño en toda su historia, dejaron a Eduardo Madina -séptimo de la lista- fuera del Congreso y ejemplificaron el batacazo sin precedentes que se llevó Sánchez.

El PSC obtuvo en 2008 25 escaños de los 47 en juego; el año pasado bajó hasta los ocho

Cataluña es otra de las claves. Hasta 2015, el PSC había ganado todas y cada una de las elecciones generales, siendo determinante en las dos victorias de Zapatero (2004 y 2008). Hace ocho años, los socialistas catalanes se llevaron el 45% de los votos y más de la mitad de los escaños (25 de 47), evitando que la recuperación del PP en el resto de España provocara un cambio de Gobierno. El año pasado, fueron ocho las actas cosechadas, las mismas que DL -marca de Convergència-, una menos que ERC y cuatro menos que En Comú Podem.

Ferraz podría recuperar parte del terreno perdido gracias al buen hacer de Miquel Iceta, que en septiembre ya mejoró las previsiones en los comicios autonómicos, y a la implicación que el partido está desarrollando allí de la mano del PSC. El paso atrás de Carme Chacón ha llevado a la número dos de Sánchez, Meritxell Batet, a liderar la lista por Barcelona y, por ende, la campaña del socialismo en la región.

Batet estará muy arropada por sus secretario general, que no en vano dio el pistoletazo de salida de su precampaña este domingo en la ciudad condal, presentando la veintena de figuras que compondría su “Gobierno del cambio”. De ellos, tres son miembros del PSC, en lo que constituye otro guiño claro al electorado catalán: la citada Batet, el exministro Josep Borrell y la número dos del socialismo catalán y alcaldesa de Santa Coloma de Gramenet, Nuria Parlon.

Valencia y Andalucía

La Comunidad Valenciana es el tercer escenario en discordia más relevante para el PSOE el 26-J. Allí gobierna desde hace casi un año Ximo Puig, de la mano de Compromís y con apoyo externo de Podemos. La visibilidad y protagonismo que proporciona la presidencia de la Generalitat, así como el descrédito en que se haya sumido el otrora hegemónico PP valenciano, abre a los socialistas unas oportunidades de las que carece en otras regiones.

Además, aquí la confluencia Unidos Podemos no será tan relevante porque Podemos y Compromís ya concurrieron juntos en diciembre, obteniendo cinco puntos y dos escaños más que el PSPV-PSOE. Puig ha tratado de impulsar un pacto junto a esas formaciones para la Cámara alta -lo que le hubiera garantizado al PSOE unos tres senadores más-, pero Ferraz ha preferido visualizar la independencia de su proyecto y lo ha vetado. Ahora, deberán superar esas discrepancias para aprovechar el escaparate institucional y el deterioro de los populares en una comunidad que en la cita de junio gana un escaño -por Valencia, que otorgará 16-.

Andalucía y Extremadura fueron las únicas regiones donde los socialistas ganaron el 20-D

Andalucía, por último, es el otro gran territorio a ponderar. Sus más de seis millones de electores y ocho provincias le hacen ser la autonomía que más diputados elige (61), para satisfacción de un PSOE que mantiene esa región del sur de España como su particular reserva espiritual. Los socialistas han gobernado siempre allí, donde ahora preside la Junta Susana Díaz, enfrentada a Sánchez desde hace meses a nivel orgánico. La campaña abre una tregua en esa disputa, y así lo escenificaron ambos protagonistas el sábado, cuando Díaz ejerció de telonera en la proclamación oficial del candidato a La Moncloa.

Andalucía fue, junto a Extremadura, la única autonomía donde el PSOE ganó las elecciones de diciembre. En esta ocasión, aspiran a repetir victoria y a no verse afectados por el pacto Podemos-IU, que aquí sí puede tener una incidencia clave. Sevilla, Málaga o Cádiz son provincias marcadas en rojo por Iglesias y Garzón para aumentar su botín de escaños, aunque Ferraz espera que sea más a costa del PP y Ciudadanos que del PSOE. Un buen resultado en su región fetiche es vital para salir vencedor de la batalla por la hegemonía de la izquierda, sin duda la más importante y decisiva que libran los socialistas desde la Transición.