Pedro Sánchez mueve ficha. Impelido por la polarización del voto que ante el 26-J buscan Podemos-IU, por un lado, y PP, por el otro, el candidato socialista maniobra para tratar de recuperar espacio, protagonismo e iniciativa política. Así se explica la recuperación de figuras históricas, como Josep Borrell o Margarita Robles, para su proyecto y el hecho de que vaya a explotar perfil presidencialista este domingo en Barcelona presentando en sociedad su “Gobierno del cambio”. Serán 18 los ministros que le acompañen en ese acto, parte de ellos independientes sin carné del PSOE, todo un intento por demostrar la solvencia, transversalidad y capacidad que aglutina en torno a su alternativa. Pero este no es su único objetivo.

Como casi siempre ocurre en el PSOE, estos movimientos tienen también una lectura interna. Fuentes socialistas informan de que la batalla intestina que vive el socialismo prácticamente desde el inicio de la era Sánchez ha pesado a la hora de diseñar la estrategia. Además de mejorar sus expectativas electorales, Ferraz quiere ganar posiciones en esa lucha frente al sector crítico que encabeza Susana Díaz y que cada vez disimula menos su intención de descabalgar al líder tras las elecciones. Una operación que sería difícil de culminar sin fuertes apoyos en la vieja guardia -con toda la variedad de sensibilidades que aglutina- a la que Sánchez trata de seducir.

Ferraz ‘ficha’ a Borrell y Robles, versos sueltos del felipismo, para robustecer su proyecto

Algunos de esos referentes, como Jordi Sevilla, José Enrique Serrano o Rodolfo Ares, ya formaban parte del núcleo de confianza del líder y fueron incluidos en el equipo negociador con que trató, en vano, de ser investido presidente del Gobierno. Otros, como los citados exaltos cargos de Felipe González -Borrell y Robles, versos sueltos del felipismo y postfelipismo-, han sido reclutados ahora. También Alfredo Pérez Rubalcaba -exportavoz del Gobierno de González, exvicepresidente de Zapatero y exsecretario general del PSOE- se mantiene entre los asesores áulicos de Sánchez.

Rubalcaba respaldó recientemente, a través de un artículo en El País, la estrategia postelectoral de Sánchez, mostrándose contrario a la gran coalición con el PP y lamentando el antagonismo mostrado por Podemos y Ciudadanos, que abocaba a nuevas elecciones. También fue muy crítico con Pablo Iglesias cuando este lanzó su oferta de pacto al PSOE desde el Congreso de los Diputados, considerando que se había insultado “gravemente” a su partido. No haber negociado su investidura con los separatistas y haber cumplido su palabra de no convertirse en presidente a cualquier precio, arriesgando así toda su carrera, es algo que al líder del PSOE le ha hecho ganar enteros entre ese sector de históricos que compone la vieja guardia.

Parte de ellos le pidieron por carta que se alejara de Podemos y los independentistas. Solchaga, Rodríguez Ibarra, Leguina o Corcuera hicieron causa común para manifestar su preocupación ante la posibilidad de articular un pacto de la izquierda con el secesionismo que, en su opinión, acabaría condenando al socialismo.

González, enfrentado a Podemos

Especial animadversión con Podemos mantiene Felipe González. El exjefe del Ejecutivo es el gran referente político de Sánchez, tal y como ha indicado en varias ocasiones. Aunque González va por libre y no se le puede considerar alineado de modo inquebrantable con un sector, han sido varias las veces en que ha respaldado al actual líder y marcado distancias con sus críticos.

Hace unas semanas, cuando parecía que Susana Díaz iba a dar el paso de articular una alternativa frente a Sánchez en el Congreso del PSOE -finalmente pospuesto sine die-, González indicó que, de estar en su lugar, él no lo haría: “tiene que cumplir una responsabilidad en Andalucía”. Poco después, tras la fallida sesión de investidura en que Iglesias cargó contra el expresidente acusándolo de tener el pasado “manchado de cal viva”, González y Sánchez se dejaron ver juntos en un homenaje a García Márquez. La contundente defensa del tótem del socialismo que su sucesor hizo en el Congreso también fue muy valorada por sus incondicionales.

González recomendó a Díaz quedarse en Andalucía y Rubalcaba se mantiene en la órbita de Sánchez

Todos estos acontecimientos han ido situando a la vieja guardia socialista más cerca de Sánchez que de Díaz, dificultando así las posibilidades de éxito de la presidenta andaluza. A la baronesa le ha restado crédito a nivel interno, además, las muchas veces que ha amagado con disputarle el liderazgo a Sánchez, sin dar finalmente el paso. Una circunstancia que podría llevar a los barones críticos –Ximo Puig, Emiliano García-Page, Javier Lambán, Javier Fernández– a pensar en otro nombre para lanzar su alternativa. El paso a un lado de Carme Chacón vuelve a ponerla en el candelero, donde sigue el que fuera rival de Sánchez en las primarias de 2014, Eduardo Madina. De su lado se mantiene José Luis Rodríguez Zapatero, muy distanciado del actual secretario general.

Porque lo que cada vez está más claro es que Sánchez tendrá en el próximo Congreso Federal al menos a un compañero disputándole el puesto. El presidente de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, dio el otro día por hecho que la baronesa andaluza se postularía. Y Vara no es precisamente uno de los antipedristas más activos, sino que siempre se ha esforzado por tender puentes entre unos y otros y sofocar los fuegos intestinos. Díaz tuvo oportunidad de desmentirle y no lo hizo, dejando una vez más en el aire la posibilidad de dar el salto y azuzando el ruido interno que a no pocos socialistas, como Patxi López, avergüenza. “Es lo que más daño nos hace”, se lamentó este jueves el todavía presidente de las Cortes.

Sánchez poco puede hacer por atajar esas intrigas, motivo por el cual se centra en intentar mejorar el resultado electoral de diciembre -lo que desarmaría a sus rivales- y en ganar posiciones internas, con los movimientos descritos. Las incorporaciones de Borrell y de Robles, figuras tan progresistas como alejadas de la ortodoxia del aparato de partido y de reconocida capacidad intelectual, han de leerse también en este sentido. Pocos como Sánchez han demostrado dominar tan bien ese arte de caminar entre precipicios en que muchas veces consiste la política.