En los inicios de la Transición, las primeras elecciones democráticas plantearon una incógnita apasionante sobre la que todos los poderes fácticos de la época estaban pendientes: ¿recibirían o no los comunistas el premio que creían merecer por haber sido durante décadas parala dictadura franquista los únicos enemigos irreductibles? El país contuvo el aliento porque aquellos comicios decidirían el rumbo que tomaría la izquierda, una vez desaparecido el “caudillo”: Comunidad Europea o viaje hacia un mundo utópico y distópico, el soviético, que ya estaba en concurso de acreedores.

El 15 de junio del 77 se despejó la incógnita: los socialistas obtenían 118 escaños y los comunistas, 20.

Los españoles de izquierda venían de una dictadura y tuvieron muy claro que no querían dar opciones de gobierno a otra, por mucho escondiera sus taras y servidumbres tras una abrumadora propaganda vertida por muchos “progres” de la época, bastantes de los cuales habían recibido cuantiosas subvenciones de un franquismo residual que las repartía, con insólita generosidadpor cierto, con el único fin desobrevivir en el futuro, aunque fuera bajo otras etiquetas. Al fin y al cabo la llamada dictablanda de los últimos lustros fue un sindicato de intereses y no una ideología, por lo que  el reciclaje resultaba perfectamente posible en función de las conveniencias de unos y otros. Ocurrió, sobre todo, en el mundo sindical, donde el trasvase de las organizaciones verticales a CCOO y UGT alcanzó dimensiones de alud.

LAS REDES LLEVAN A OLVIDAR LOS DESASTRES

El descaro resultó, sin embargo, excesivo, incluso para una sociedad con las tragaderas de la nuestra.  Conviene recordarlo, dada la fragilidad de memoria que exhiben algunos “beneficiados” de aquella etapa, los deseos de repetir la situación por parte de unos herederos de secta y dogma que pretenden un sistema en el que ellos serían casta dominante, y la ignorancia de los más jóvenes.

A estos últimos, arrastrados por el vertiginoso ritmo vivencial de las redes sociales, la tiranía leninista-estalinista suena tan aterrador como el lobo feroz a la Caperucita Roja de las morbosas versiones actuales, en las que el bicho sufre hasta de acoso sexual por parte de la temible nínfula. ¿No han leído que en tres universidades vascas donde en fecha reciente se ha realizado una encuesta sólo una insignificante parte de estudiantes tenía conciencia de la violencia vivida en Euskadi? Y sólo han pasado cinco años desde que ETA suspendió los atentados.

Cierto que cuando la reconversión de muchos franquistas a demócratas de toda la vida, incluso radicales de inventada trayectoria anti-Régimen, no había caído el Muro de Berlín, y existían el Pacto de Varsovia, el COMECON así como una omnipresente KGB. Entre todos, se encargaban de reprimir, con derramamiento de sangre incluida si resultaba conveniente, cualquier veleidad independentista de los Estados sometidos al control de Moscú, junto con las ansias de libertad de sus poblaciones. Entre el italiano Berlinguer y nuestro Santiago Carrillo se sacaron de la manga el llamado “eurocomunismo”. Pero en la España del 77, del 79 y del 82 el elector vio el esqueleto totalitariodetrás del paripé, y no compró el invento.

POR QUÉ SE UNIÓ EUROPA

Cierto que, enfrente, un prepotente y abusador imperialismo norteamericano también hacía de las suyas, interviniendo aquí y allí, según conviniera al “complejo militar-industrial” queen Washington torcía brazos a placer a través de los lobbies. Fue ésta una definiciónbingohecha por el Presidente Eisenhower a su sucesor, John Kennedy, previniéndole de lo que se iba a encontrar, una vez producido el relevo. Bahía Cochinos y Vietnam enseñaron enseguida al sobrevalorado, galán y donjuanesco mandatario cuánta razón tenía el ex generalísimo del Día D.

En este lado del Atlántico, a medida que se producía la reconstrucción  y sociedades creativas y escarmentadas se alzaban de las ruinas, fue surgiendo una Europa nueva. Aterrada, sin embargo, por la vecindad de una URSS desbordante de tanques, aviones y soldados (además del arma nuclear permanentemente invocada por Stalin y herederos, como hoy hace el gordinflón jovenzuelo líder de la tiranía norcoreana) que no paraba de gruñir y amagar con comerse a la zona occidental del continente.

Eso movió a los europeos a descubrir que debían unirse detrás de una idea nueva, que no imitasela bestialidad soviética ni el brutal pragmatismo americano. Descubrieron en un culto a la libertad y los derechos humanos posibles iconos para abanderar la construcción deotra Europa.

Porque no son ciertas las cursiladas y trolas pronunciadas recientemente por el Papa Bergoglio al clamar contra el trato que los Estados europeos dan a los refugiados, inventándose una Europa paladíndesde siempre de la emancipación humana. La historia de este continente es la de una región del mundo en la que nacieron y triunfaron movimientos tan humanistas(va con ironía) como el antisemitismo, el colonialismo más despiadado y explotador, el populismo totalitario y los nacionalismos feroces. Bergoglio nos contó otra vez, con objetivos nada claros aunque quizá por el astuto conocimiento que tiene de lo que nos gusta oír, lindos cuentos argentinos.

ESPAÑA PUEDE SER UN PELIGRO PARA EUROPA

La única Europa decente y solidaria que ha existido, pese a sus infinitos defectos, es la encuadrada en la Unión Europea. Pero dos negros nubarrones amenazan con liquidar el paso adelante que significa: el resurgimiento de nefastos nacionalismos, egoístas hasta aplastarsin miramientos las discordancias, y un rebrote de movimientos populistas con vocación extremadamente liberticida.

Desde España se contribuye en ambos frentes: el chantaje feroz y paralizador del separatismo catalán y la amenaza neocomunista que representa el nuevo “frente popular” anunciado el lunes por los jerarcas de Podemos e Izquierda Unida. Con el objetivo pretendidocomo prioritario de llegar al Gobierno, y con el más disimulado de renovar el sueñode siempre del leninismo: quitar de su ruta hacia la cumbre a ese obstáculo que representa el socialismo democrático. Si es posible, de un patadón que lo elimine durante mucho tiempo.

Se trata de la renovación de la lucha que ya se vivió antes y durante la Guerra Civil. Y, posteriormente, durante la llamada Transición. Ya en esa etapa muchas cosas del PSOE cabrearon a los ciudadanos. Pero se trataba de generaciones que habían vividoen directo la opresión; o, al menos, escuchado referencias en caliente sobre ella.

Por esa razón, el comunismo, se disfrazase o no poniendo lo de “euro” por delante o pretendiéndose una Izquierda Unida, no cuajaba, para exasperación de los Carrillo, Gerardo (también Iglesias, por cierto), Anguita o Cayo Lara. La razón estaba y está clara: media sociedad era y es de izquierdas, pero entonces repelió por sistema el dogmatismo totalitario. Hoy, volvemos a encontrarnos en la encrucijada.

PODEMOS-IU: LA AMENAZA NEOCOMUNISTA

Ha tenido que llegar esa mezcolanza radical agrupada en torno a Podemos y sus confluencias, con la coartada de la “transversalidad” aireada todo el tiempo por Iglesias y Errejón, así como la sucesión de Cayo Lara por un niño mono y buenista cual parece Alberto Carlos Garzón Espinosa, para que, al fin, el comunismo emboscado amague con alcanzar el Grial del poder.

Este enésimo enfrentamiento español de rosados y rojos será decisivo para el futuro. Como Estado, Nación y sociedad. Para nuestro encaje en un mundo democrático, capaz de regenerarse desarrollando sus propias reglas, o en otro que termine por desembocar en un escenario más cercano al estilo de“Los juegos del hambre” que a la Jauja en la que parecen creer los incondicionales podemitas.

No sonrían displicentes al leer esto. Una llegada al Gobierno de la alianza Podemos-Izquierda Unida -que apoyaría la autodeterminación de los separatismos y asumiría una ruptura de Cataluña con la España histórica, que se iría la primera pero a la que seguirían, más pronto que tarde, la Comunidad Valenciana, Baleares y el País Vasco, sumada a unbien posible abandono británico de la CE, el Brexit-, arrastraría a Europa a un reencuentro con sus demonios familiares. Esos que suman muchos millones de muertos a base de promover periódicos desastres. Justo los que Bergoglio ha querido escondernos, vendiéndonos una conciencia continental procedente de un pasado que jamás existió.

La aventura parecerá a algunos tentadora y hasta estimulante. Pero su resultado puede ser el poner en la cuerda floja el futuro de sus hijos. Eso, para empezar.