La multinacional española Inditex se ha hecho un nombre a escala global por su capacidad de “adaptar” colecciones de diseñador en sus propios productos en tiempo récord. La marca Zara siempre ha sido el mayor exponente del concepto de ‘fast fashion’ o ‘moda rápida’, la capacidad de llevar de la pasarela y la tendencia al consumidor a toda velocidad, hasta el punto de que el primer sitio donde mucha gente puede ver sus productos es la tienda. Sin embargo, su veloz forma de trabajar implica constantes acusaciones de plagio.

Si bien algunos diseñadores se lo toman con filosofía, como Olivier Rousteng, de Balmain, que recuerda las palabras de Coco Chanel, “si eres original, prepárate a ser copiado”, otros se lo toman peor. Como la célebre bloguera que se encontró una versión de su cara en una camiseta sin autorización. No conviene olvidar que la propia Chanel encontró tiempo para demandar a una rival.

En el mundo de la moda sabes que estás hablando de una “interpretación” de Zara cuando lees las expresiones Zalmain, Zalenziaga o Zeline. ¿El último afectado? El rapero estadounidense Kanye West, esposo de Kim Kardashian y autoproclamado mejor artista de todos los tiempos. ¿Podemos hablar ya de Zanye West?

Parece que sí, a tenor del clamor de la prensa especializada en moda, que no ha dudado en comparar la colección Streetwise del coloso gallego con la colección Yeezy Season 2 del músico para Adidas. La palabra “descaradamente” se repite en muchos titulares. Y no es la primera vez. Sus zapatillas Yeezy 750 Boost, también para la marca alemana, con su peculiar suela de goma, tuvieron un efecto inmediato en unas zapas de la española.

Una práctica muy extendida

Desde luego, Inditex no es la única empresa que practica el “pillaje inspiracional” para responder a las necesidades de un mercado voraz al que tiene que alimentar con nuevos productos dos veces a la semana. La ‘season one’ de West fue imitada prácticamente por todo el mundo. Y, para colmo de copias, no han faltado quienes han comparado unos zapatos del rapero con unos de Dior.

Curiosamente, West ha defendido en ocasiones lo que hace Zara. En una entrevista con Power 105, destacaba el modo en el que este tipo de cadenas democratizan la moda . “No necesariamente estoy de acuerdo con todo lo que hacen H&M o Zara, pero una cosa que hacen que está bien es que fueron capaces de romper con la idea de la creatividad  y todas esas cosas que realmente quieres tener tienen que costar un millón de dólares (…) Los precios se basan en esta percepción y esta idea del lujo que te venden (…) Me he dado cuenta de que el único lujo auténtico es el tiempo. Es la única cosa que no puedes recuperar (…) La gente debe comprender que el verdadero arte es el arte de la vida”.

El problema es que la inteligencia colectiva está cada vez más atenta. Si copiar es cada vez más sencillo, también más gente está atenta a las pillerías. Existen blogs como Devilwearszara que, regularmente, destapan los “clones” de las marcas de consumo. El rincón de la moda es otro blog en el que pueden verse algunas de las copias más obvias. No hay que ser un amante del sector para echarse las manos a la cabeza al ver las cosas que publican en Fashion Copycats

Algunos diseñadores, como Amaya Arzuaga, han mostrado su oposición al fenómeno de las copias flagrantes, si bien otros consideran que incluso les benefician porque difunden su trabajo y que no pierden clientes.

En The Copycat Economy, uno de los artículos más completos sobre la materia, el sitio Business of Fashion destaca cómo en la mayor parte de los países la moda no disfruta de los mismos derechos que el arte, la literatura o el cine ya que son considerados artículos funcionales y exentos de copyright. Éste sólo se aplica a elementos concretos de un producto como un patrón impreso, algo que las marcas se cuidan mucho de copiar.

Existen también las protecciones de marca registrada o de apariencia registrada, las que impiden que se pueda copiar el logo de Nike o la forma de un bolso Birkin de Hermès, respectivamente. La primera es fácil de evitar porque las marcas de gran consumo nunca consideran que estén copiando, sino que prefieren hablar de “inspiración” y no son tan torpes. La segunda es más compleja, si tenemos en cuenta que es muy difícil que un producto consiga una repercusión suficiente como para ser lo bastante icónico y que no baste con replicarlo con alguna modificación para evitar demandas.

Hay quien se opone duramente a un incremento de la regulación, al considerar que el actual ciclo de la copia favorece a los intereses de la industria. Para quienes tienen esta visión, empresas como Zara o H&M estarían participando en algo muy similar a la llamada curva de difusión de las innovaciones de Rogers. Los diseñadores venderían a los innovadores y primeros seguidores en la pasarela y boutiques a precios elevados, mientras que las mayorías tempranas y tardías vendrían de la mano de las empresas expertas en copia. Estas generan mediante la sobreexposición el hartazgo y llevan a la entropía que fuerza el final del ciclo y provoca la búsqueda de nuevas tendencias.

El problema es que, a medida que el ciclo se acelera más y más, resulta difícil encontrar verdaderas novedades. La colección de Kanye West en la que se ha “inspirado” Zara recuerda, paradójicamente, a la que se inventaron los creadores de Zoolander para la primera entrega de la saga del supermodelo idiota.

Derelicte, del diseñador supervillano Mugatu, era una colección basada en los sin techo, con piezas sacadas del carrito del Alcampo de un diógenes callejero. Kanye West ha hecho algo parecido, con desfiles en los que no sabías si los modelos estaban allí para enseñar ropa o para pedir la voluntad. Y las grandes cadenas, siguiendo su lógica implacable, lo han trasladado al gran público.

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¿Vienen a desfilar o a pedir limosna?

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¿Hasta qué punto el mundo de la moda no va de camino al vertedero?