El poder territorial del PP está bajo mínimos. La pérdida del bastión de Granada, consumada ayer, es el último eslabón de su cadena de desdichas electorales y políticas, iniciada hace justo un año con la celebración de las elecciones municipales y autonómicas. Los populares ya solo gobiernan en dos de los 30 municipios más poblados de España, Málaga y Murcia, ambos en minoría. En mayo de 2015, eran 20 las localidades de esa treintena que contaban con un regidor popular, casi todos apoyados en cómodas mayorías absolutas.

Aquellos tiempos pasaron. El enorme capital acumulado en 2011 es historia en un PP que apenas se mantiene hegemónico en Galicia –Alberto Núñez Feijóo pondrá en juego su mayoría absoluta este otoño– y Ceuta. A su raquítico poder municipal, Rajoy solo suma los gobiernos de 15 diputaciones y de cuatro autonomías -además de la gallega- donde conserva el poder gracias a Ciudadanos: Castilla y León, La Rioja, Madrid y Murcia.

Málaga y Murcia se mantienen como los últimos reductos locales del partido de Rajoy

La retirada del apoyo naranja es precisamente lo que ha desencadenado el relevo en Granada, donde el popular José Torres Hurtado ostentó el bastón de mando desde 2003 y hasta hace poco más de dos semanas. Torres Hurtado dimitió tras ser imputado, previa detención y registro del consistorio, en el marco del escándalo de presunta corrupción urbanística bautizado como caso Serrallo. Génova también le suspendió de militancia, a la espera de ver cómo evoluciona su expediente.

Este episodio constituye el epílogo en la narración de calamidades vivida por un PP que hace doce meses gobernaba en Madrid, Valencia, Sevilla, Málaga, Murcia, Palma de Mallorca, Las Palmas de Gran Canaria, Alicante, Córdoba, Valladolid, Vitoria, A Coruña, Granada, Elche, Oviedo, Cartagena, Badalona, Jerez de la Frontera, Móstoles y Alcalá de Henares. Es decir, en 20 de las 30 localidades más pobladas de España. Además, UPN, partido con el que Génova estuvo hermanada en Navarra durante 20 años y junto al que concurrió el 20-D, gobernaba Pamplona.

Todos esos Ayuntamientos, salvo Málaga y Murcia, han cambiado de manos. La mayor parte de ellos lo han hecho tras articularse pactos entre varios partidos, como el que ahora ha unido en Granada (19ª ciudad del país) a PSOE, C’s, Vamos Granada -plataforma apoyada por Podemos- e IU. Lo mismo ocurrió en otros lugares más pequeños, hasta dejar a los populares con apenas 15 capitales de provincia, por las 34 que comandaban en 2015.

La mengua de poder local ha repercutido también a nivel provincial. El PP tiene hoy 3.757 concejales menos que hace un año, lo que se traduce en 93 escaños perdido en las diputaciones. De las 27 presidencias provinciales que ostentaba, conserva solo 15. La última la perdió en octubre en Lugo, tras una moción de censura apoyada por PSOE y BNG. Además, el PP cedió en 2015 once puestos en las Juntas Generales vascas y otros 35 en los cabildos y consells insulares.

Un retroceso institucional sin precedentes que limita sus recursos humanos y económicos y, por ende, su capacidad de reponerse a estos golpes. Gran parte de la fortaleza de los populares se basaba en su alto nivel de penetración territorial y en disponer en prácticamente todos los pueblos de España de al menos un concejal haciendo campaña por su proyecto. Una capilaridad que cada vez es más débil en todas las capas de la administración pública.