En los últimos años, quizá por la necesidad de buscar noticias positivas ante tanta crisis, la prensa, los políticos y -en menor medida- la sociedad han estado ávidos por encontrar historias que nos dieran la suficiente esperanza como para pensar que nuestro Estado del bienestar no corría ningún peligro.

Ante esta situación se requería descubrir nuevos salvadores de la patria que permitiesen mantener nuestro “statu quo”, al tiempo que posibilitasen la generación de empleo, sustentar el sistema de pensiones y recuperar la confianza perdida por parte de los mercados extranjeros. Tradicionalmente este papel habría recaído sobre los empresarios pero, como el término “empresario” ya no estaba bien visto y en parte tenía connotaciones negativas, se decidió crear una nueva raza de superhéroes que la ciudadanía pudiese admirar y en la que se volcasen todas las esperanzas del país: los emprendedores.

De este modo, comenzó a surgir una corriente promovida por medios de comunicación, administraciones públicas, universidades y todo tipo de instituciones que -ante cualquier problema- siempre daban la misma solución: necesitamos más emprendedores. Que la tasa de paro se sitúa en el 25%, se necesitan más emprendedores; que nuestra deuda pública está en máximos históricos, se necesitan más emprendedores; que tenemos un exceso de funcionarios, se necesitan más emprendedores… daba igual cuál fuese el problema, la solución única era emprender.

Con el tiempo esta corriente de opinión ha ido calando entre la población hasta el punto de encumbrar a los emprendedores como las nuevas estrellas del rock. De golpe y porrazo los emprendedores comenzaron a aparecer en programas de televisión, en importantes foros de conferencias o en las páginas centrales de los periódicos más leídos. A raíz de esta emergente popularidad se hacía necesario buscar una definición para poder diferenciar a los emprendedores de aquellos que no lo eran.

¿Qué es un emprendedor?

Pese a que todavía no se ha llegado a un consenso absoluto sobre qué es un emprendedor, sí que hay una tendencia general que describe a los emprendedores como aquellos que han creado su propio negocio con pocos recursos, que se arriesgan y que tienen la intención de buscar y generar sus propias oportunidades. Sin embargo, el problema de esta definición es que está incompleta.

Si nos vamos a la primera acepción del diccionario de la RAE, podemos comprobar que emprender es: “acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro” y, al mismo tiempo, un emprendedor es aquel “que emprende con resolución acciones o empresas innovadoras.”

Por tanto podríamos decir que, cuando calificamos a los emprendedores, solo estamos teniendo en cuenta la parte de la definición relacionada con el negocio o la empresa, dejando de lado aquello que tiene que ver con la acción y el riesgo. Todo esto viene originado por un error conceptual, ya que en nuestro imaginario colectivo se ha extendido la idea de que un emprendedor es un empresario moderno.

Hemos pasado de la concepción de que el empresario era un constructor con mucha pasta que fumaba puros, tomaba coñac e iba de putas a un nuevo formato en el que los empresarios son jóvenes fundadores de startups a los que les gusta comer sano, practicar el running y están concienciados con el medio ambiente. Hemos pasado del negro al blanco, cosa típica en este país en el que la escala de grises no suele aplicarse.

Debido a este paralelismo, hemos ido equiparando al emprendedor con el empresario y, por tanto, hemos transformando la acción de emprender en una profesión. El problema es que ni todos los emprendedores son empresarios, ni todos los empresarios son emprendedores. El hecho de crear o heredar una empresa no te convierte automáticamente en un emprendedor.

Tipos de emprendedores

Además de los emprendedores empresariales, que quizá sean los más numerosos, también existen otros dos tipos de emprendedores: los intraemprendedores y los emprendedores sociales.

Los intraemprendedores son aquellas personas que, sin necesidad de haber creado su propio negocio, emprenden dentro de la organización en la que trabajan, generando ideas y actitudes para mejorar los procesos productivos y dar valor a su compañía, a la que sienten como suya.

Por su parte, los emprendedores sociales son aquellos que buscan por encima de todo lograr unos objetivos que ayuden a satisfacer determinadas necesidades de índole social, a veces sin ánimo de lucro y en ocasiones buscando también un beneficio económico.

No obstante, aun así siguen quedando fuera de esta definición otra serie de actitudes que claramente se podrían considerar como emprender. Ser emprendedor también es hacer la maleta e ir a buscarte la vida a Alemania, trabajar en el Burger King los fines de semana para poder pagarte la carrera o marcharte de Fuentealbilla a los 12 años para intentar triunfar en el F.C. Barcelona.

Porque emprender es tener iniciativa, no es solo montar una empresa. Emprender es una forma de actuar ante los problemas, es una filosofía que nos ayuda a superar los retos que nos marcamos y a cubrir nuestras ambiciones. Ser emprendedor es la llave para poder transformar aquellas cosas que te disgustan en otras que te llenan.

Ser emprendedor es, al fin y al cabo, una decisión personal que implica y afecta a todo cuanto te rodea: familia, pareja, amigos, compañeros de trabajo, socios, etc. Por tanto, un emprendedor tiene que ser capaz de crear un ecosistema a su alrededor que favorezca y entienda las decisiones que ha tomado, porque no existen los emprendedores a tiempo parcial, o lo eres o no lo eres. Ser emprendedor es el estilo de vida del siglo XXI.