Cuando alguien tuitee este texto o lo suba a Facebook, habrá dejado un rastro digital detrás. Entre otras cosas, si el móvil tiene alguna app de geolocalización asociada a las redes sociales, dejará constancia del lugar donde se encontraba en el momento de compartir este texto.

Nada escapa al control digital. A veces para bien y otras para mal. ¿Pero cuál es el límite? La polémica ha vuelto a surgir con la plataforma Snaptrends. Se trata de una empresa que ofrece servicios de monitorización de redes sociales a nivel geográfico. No se trata de la primera, pero según ‘bbc.com’, gracias a esta web habrían conseguido evitar un suicidio.

Todo empezó con una frase: “Nadie va a extrañarme”. Lo escribió un estudiante de Orange (Florida). Su colegio pertenece al grupo de centros educativos monitorizados por Snaptrends, y gracias a una investigación supieron que este mensaje correspondía a un alumno que, además, tenía otras cuentas.

Snaptrends, mediante un software, escanea palabras clave en una determinada área geográfica con el fin, según venden ellos, de impedir el acoso escolar o conductas peligrosas que deriven en violencia o, como el caso presentado, en suicidios.

De momento, la empresa, tiene sede en Austin (Texas), y aunque su negocio también se extiende a segmentos como el empresarial, donde está ganando contratos con mucha rapidez es en el sistema educativo. Esto le ha llevado, por ejemplo, a controlar las redes sociales de 200.000 estudiantes en Florida.

¿Hay necesidad de tanta vigilancia?

Como se ha narrado en muchos libros utópicos y distópicos a lo largo de la historia, lo primero que hay que hacer es generar una sensación de que algo no va bien y que, en su lugar, hay otra cosa que puede mejorarlo.

Que gracias a Snaptrends se haya salvado un presunto suicidio, ya ha provocado que toda la familia del alumno haga manifestaciones de manera pública defendiendo a esta empresa. Por lo tanto, algo que debería generar controversia por el control excesivo que se puede llegar a hacer de la sociedad, se convierte en algo bueno.

No obstante, de manera lógica, hay quienes se preguntan cuál es el límite. ¿Hasta qué punto se puede ceder terreno en la libertad personal para cuidar de dicha libertad?

Muchas de estas webs y empresas especializadas en monitorizar estos datos aseguran que, cumpliendo con sus términos y condiciones, cuando los niños cumplen 18 años hacen un borrado total de la información que han acumulado durante los años de colegio.

Sea como sea, hay muchas otras empresas dedicadas a lo mismo. Compañías como Safe Outlook Corporation y Geo Listening siguen ganando cuota de mercado convenciendo a los distintos estados que vigilar las redes sociales de los menores es una buena idea. Lo que está claro es que un buen negocio sí es.