El presidente de la CEOE defiende lo conseguido hasta ahora gracias a la reforma laboral y critica a aquellos que quieren cambiarla “de arriba a abajo sin conocimiento de causa”. Por otro lado, puntualiza que en España la legislación no se adapta siempre a “la realidad de las empresas” y que la transformación digital es el próximo desafío del mercado laboral.

La repetición de elecciones deja una vez más la puerta abierta respecto al futuro regulatorio del mercado laboral. La reforma aprobada en 2012 ha sido duramente criticada por unos y alabada en cambio por otro muchos, que ven en ella una herramienta hacia la flexibilidad que España necesitaba para crear empleo.

Sin embargo, todos los partidos políticos, a excepción del actual Gobierno en funciones, abogan por la derogación total o la transformación en profundidad de la norma de cara a los próximos comicios, algo que genera incertidumbre y amenaza la “estabilidad” en la creación de empleo.

“Son muchos los que dicen de cambiar la reforma de arriba a abajo, y muchos además sin conocimiento de causa. Primero deberíamos ver qué tenemos, ya que estamos hablando de modificar más de 7.000 normas en esta materia y esto podría romper la estabilidad en España. La actual reforma es fruto de la crisis y está orientada a la creación de empleo. Ahora hay que hacer frente a nuevas ambiciones y adaptar la legislación a los nuevos tiempos. Hay que consolidar el crecimiento”, señalaba el presidente de la CEOE, Juan Rosell, en la presentación del último informe “Marco Regulatorio de los Recursos Humanos”, elaborado conjuntamente por Cuatrecasas y ManpowerGroup.

En concreto, el representante de la patronal ha hecho referencia a una de las propuestas más rompedoras dentro de los programas electorales como es el contrato único de Ciudadanos, cuyo objetivo principal es reducir la temporalidad laboral.

“A todos nos gustaría que todos los contratos fueran indefinidos, y ya hay propuestas como la del contrato único que persiguen este fin. Pero no hace falta partir de cero, la realidad no se puede cambiar de un día para otro. Estamos de acuerdo en que hacen falta reformas para los próximos cinco o diez años y no parches. Pero, ¿qué hacemos con todos aquellos contratos que ya son temporales? Hay que repensar la legislación laboral y las reformas tienen que hacerse acordes a la realidad”, puntualizaba Rosell durante su intervención.

“Optimismo moderado” en el parque empresarial

La sensación entre las empresas españolas es bastante buena respecto a la reforma laboral; casi el 50% de los encuestados en el informe califican la norma entre un 7 y un 10 en relación a su nivel de flexibilidad y adaptabilidad. Sin embargo, el 76% de las compañías señala que la interpretación de los tribunales en esta materia es la principal causa de que no se hayan cumplido todos los objetivos pretendidos por la regulación.

“El ambiente general es moderadamente optimista, aunque encontramos la mayor parte de las críticas en la aplicación de la reforma en los tribunales. Lo que esta claro es que estos cambios no se deben detener ni retrotraer, sino avanzar. Se pueden hacer mejoras importantes; como una mayor claridad de las normas, una regulación más proactiva o dotar de una mayor flexibilidad interna a las compañías”, explicaba el presidente del Instituto Internacional Cuatrecasas, Salvador del Rey.

Pero no todo está hecho, son muchos los problemas que la reforma laboral se ha dejado en el tintero y el motivo por el que el 84% de los empresarios opinan que sería necesario una nueva transformación de la legislación relativa a los recursos humanos. La principal preocupación de la mayoría de los encuestados es la falta de seguridad jurídica ante los despidos por causas empresariales (económicas, productivas, técnicas u organizativas) y mayor claridad en torno a los despidos disciplinarios por falta de rendimiento.

“La Administración debe cambiar ciertas formulas poco acertadas; como el aumento del control horario a los trabajadores o las exigencias a la hora de adoptar estructuras de salario variables, que van en contra de la productividad y del avance de las nuevas tecnologías” añadía durante su intervención.

Respecto a la revolución tecnológica, la llegada de la inteligencia artificial y de la robótica al mercado laboral va a cambiar toda la estructura hasta ahora conocida. La innovación se da por hecho en el 65% de las empresas de cara a los próximos años y más de un 40% prevé la sustitución de tareas humanas por máquinas en su compañía de cara a la próxima década.

“La llegada de las nuevas tecnologías es un factor enormemente disruptivo para nuestro mercado laboral. El marco regulador debe adaptarse a la competencia con las máquinas, porque de aquí a unos años habrá que preguntarse, ¿quién va a ocupar determinados puestos de trabajo, las maquinas o el factor humano? Tenemos que estructurar este desafío para que los efectos no sean negativos para el mercado laboral. Si no encontramos ese equilibrio, me temo que será una batalla perdida”, concluía Salvador del Rey.