El coche fantástico o Herbie podrían convertirse en realidad en menos de cinco años, según las previsiones de la DGT. La reducción de los accidentes y el ahorro de hasta el 30% de los costes en combustible son las principales ventajas de estos vehículos. Para su puesta en marcha serán necesarios cambios normativos, mejoras en las infraestructuras y líneas de comunicación más amplias.

El coche autónomo ya no se percibe como un objeto de ciencia ficción, los avances de la industria y las pruebas de conocidas empresas con los primeros prototipos dan a entender que se trata de una realidad inminente.

“Desde hace algunos meses hablamos de un revolución social que no es futuro, no es ciencia ficción, es presente. Mi propuesta es modificar los tiempos verbales: no está por venir, el coche autónomo está entre nosotros. Estamos en una nueva fase, y todo vehículo matriculado en España va a precisar de una tarjeta SIM. Todos los fabricantes con los que hemos hablado han prometido tener en el mercado un nivel 5 (conducción totalmente automatizada) en 2020”, explicaba María Seguí, directora general de Tráfico, durante un foro organizado por el Instituto de Ingeniería de España.

A las esperanzas puestas en la conducción de futuro, se unen ciertos interrogantes sobre su regulación o funcionamiento que ponen en riesgo su comercialización a corto plazo. No todos los pronósticos son tan optimistas como el de la DGT y algunos ven todavía muchos flecos sueltos.

“Hay implicaciones jurídicas y de costes que hay que tener en cuenta. A la gente le viene a la cabeza directamente un nivel 5, y hay muchos pasos intermedios. Hacer un prototipo es complicado, pero llevarlo a la serie lo es más aún. La tecnología es muy bonita, pero tiene muchas implicaciones”, señalaba Leonardo Santamaría, jefe del Departamento Técnico de BMW.

“El piloto automático es algo muy en futuro; es muy optimista el año 2020. Somos precavidos, tenemos muchos sensores, pero tiene que avanzar más la tecnología para ceder el control. Son máquinas, y pueden fallar”, añadía Miguel Granda, director de I+D+i de Bosch.

A pesar de las dudas, todos los ponentes coincidieron en destacar las ventajas que ofrecerá la conducción inteligente en todos los ámbitos, desde seguridad, hasta ahorro de costes e incluso eficiencia en los desplazamientos. Tanto en su uso profesional como privado, el vehículo autónomo supondrá un ahorro del 40% en los gastos de personal y del 30% en combustible, respectivamente.

“Vamos a poder ampliar la movilidad hacia personas con limitaciones, ya sea por edad o por condición física. Vamos a poder hacer otras cosas mientras vamos en el coche, como charlar con el copiloto, chatear por el móvil o mirar por la ventana. La máquina nos va a quitar situaciones tediosas y estresantes”, añadía el representante de Bosch.

“Ya es una realidad, que nos guste o no hay que gestionar. Con la cámara podrá leer las señales de tráfico, ver si el vehículo de delante se mueve y a qué velocidad, también podrá detectar peatones. Incluso tendrá un botón para hacer que cumpla las normas de tráfico, con lo que se reducirán las multas”, bromeaba Leonardo Santamaría durante su intervención.

Responsabilidad en los accidentes

Uno de los grandes obstáculos para la puesta en marcha de los coches autónomos es el reparto de responsabilidades en caso de accidente, un asunto que tendrá que ser abordado desde la normativa vial.

“Hay que realizar una serie de modificaciones normativas relacionadas con la responsabilidad en un accidente de vehículo. El concepto de conductor desaparecerá, será conductor remoto, y ni siquiera tendrá que haber una persona detrás del volante. El coche autónomo tiene un tasa de accidentes mucho menor que la de los vehículos conducidos”, señalaba la directora general de Tráfico.

“Es un proceso gradual, y no pararemos en 2020 o 2030, seguiremos avanzando. Aumentará la seguridad vial, se sincronizará el tráfico, aumentará la eficiencia y se reducirán las emisiones. Sin embargo, habrá que trabajar en la sensorización de las infraestructuras, y en que las líneas de comunicación no se saturen, dado el aumento en el tráfico de datos”, explicaba Miguel Granda.

Respeto a la comparativa de estos nuevos vehículos con los sistemas de seguridad de aviones o ferrocarriles, cuyas características de automatización son similares, otro debate abierto es el de la posibilidad de instalar una caja negra de cara a los accidentes.

“Habría que tener en cuenta la protección de datos, que es muy fuerte en España. Por ejemplo, cuando hay un accidente, el airbag registra múltiples datos que hay que filtrar a la hora de enviarlos a Alemania para analizarlos. Sólo en el caso de los accidentes graves se pueden extraer todos los datos. Hay que andar con pies de plomo. Cuando los servidores estén cargados de información, hay que ser conscientes del riesgo”, sentenciaba el representante de BMW.