El proyecto de convergencia europeo está en su peor momento. Las pulsiones nacionalistas han reverdecido por todo el continente en los últimos años, surfeando la ola de euroescepticismo y xenofobia que ha surgido sobre todo a consecuencia de la grave crisis económica estallada en 2008. La insuficiente respuesta dada por la Unión Europea, las dudas sobre la viabilidad del euro y el cada vez más grave choque de intereses entre países ha erosionado los pilares del proyecto iniciado hace más de 50 años, amenazando con tumbarlo.

Uno de los reflejos de este escenario, posiblemente el más importante, es el debate que vive el Reino Unido sobre su salida de la UE. Una cuestión que viene de lejos, que el primer ministro David Cameron se comprometió a llevar a referéndum hace tres años y que será finalmente dirimida por el pueblo británico en las urnas el próximo 23 de junio. Ese día, se decidirá si la segunda economía del continente y la quinta del mundo se desvincula del proyecto al que se sumó hace 43 años, si bien siempre conservando un perfil propio y marcando distancias con los países más europeístas e integradores.

Cameron negoció con la UE un nuevo estatus para el Reino Unido que se rubricó el pasado febrero y que le lleva a abogar por mantenerse en la Unión y rechazar el denominado Brexit. Pero ni su Gobierno ni su partido están unidos al respecto. Destacados referentes, como el alcalde de Londres, Boris Johnson, piden la salida y harán campaña por el no a seguir junto a los 27. Los sondeos reflejan un empate entre un bando y otro, con un alto número de indecisos que alcanza el 20%. Cameron asumirá el mandato que salga de las urnas y el Ejecutivo mantendrá neutralidad en la campaña, sin perjuicio de que sus miembros apoyen la opción que mejor consideren.

La diplomacia británica está redoblando esfuerzos para difundir la posición de Estado y dar toda la información posible sobre la historia de las relaciones UE-RU, los pormenores del acuerdo de febrero y los posibles escenarios que pueden abrirse a partir del 24 de junio. También lo hacen en España. El ministro consejero de la embajada británica, Daniel Pruce, lleva tiempo implicado en la labor, interactuando con políticos y miembros de la sociedad civil y participando en todos los foros a los que se le invita. El último de ellos tuvo lugar el martes, en la Universidad Europea, y allí explicó que el debate que vive su país está siendo “muy activo” a todos los niveles. Una circunstancia que él ve positiva, pues nunca antes la política internacional y comunitaria había despertado tanto interés.

Tras charlar con estudiantes y profesores, mantiene un encuentro con SABEMOS en el que aporta datos y contexto sobre la situación, así como la posición de Cameron en contra del Brexit, que el número dos de la embajada británica en Madrid asume y comparte.

Quedan dos meses para el referéndum y las encuestas reflejan un empate, con muchos indecisos. ¿Cómo ha visto la evolución de la opinión pública desde el Consejo Europeo de febrero y la convocatoria del referéndum?

Normalmente no hago comentarios sobre las encuestas porque hay diferencias entre unas y otras y depende de la organización que las elabora. La campaña aún no ha empezado, lo hará a finales de mayo y tendremos desde entonces y hasta el 23 de junio un periodo de una gran intensidad. Ya hay un debate público muy activo, con muchos políticos, empresas y organizaciones ofreciendo sus perspectivas sobre una cuestión tan importante. Pero mi perspectiva personal es que hay que esperar a ver cómo evoluciona todo. Sí diré que es muy importante que estamos viviendo una época donde este debate público sobre la Unión Europea y el papel del Reino Unido en ella tenga un nivel de atención tan grande.

¿Cómo cree que puede influir el posicionamiento de actores internacionales? Recientemente ha visitado el país Barack Obama, postulándose claramente en contra del Brexit y advirtiendo de que no se firmaría un acuerdo Washington-Londres de inmediato para dar trato favorable a un Reino Unido fuera de la UE. Desde Australia o Nueva Zelanda han llegado mensajes parecidos. ¿Surtirán efecto?

El Gobierno ha publicado tres o cuatro informes sobre los aspectos más importantes de esto que dices, recogiendo las obligaciones que se tiene como estado miembro de la UE y las ventajas que comporta quedarse en ella. Hay una publicación que ha estudiado las alternativas a participar en la UE, como adoptar un estatus parecido al de Noruega o el modelo de Suecia y Turquía… Y la conclusión del Gobierno sobre estas alternativas es que no van a ofrecer las mismas ventajas que tiene mantenerse como estado miembro de la Unión Europea, no le interesa salir. Hay otros Gobiernos que han entrado en este debate, diciendo lo que consideran. Yo no puedo comentar el impacto que tienen en el público británico, pero creo que está muy claro que cualquier alternativa a ser parte de la UE no va a ofrecer las ventajas que ahora tenemos en materia de seguridad, competitividad, prosperidad o fortaleza en el escenario internacional.

Estas razones que cita son pragmáticas, hablan de la conveniencia de quedarse en la UE. Pero los partidarios de abandonarla apelan a cuestiones emocionales, a la dignidad nacional, a no aceptar la pérdida de soberanía ni que se tomen fuera del país decisiones que afectan a los intereses del Reino Unido. ¿Cómo se combate ese discurso?

Después de la cumbre de febrero, el primer ministro, David Cameron, departió con su Consejo de Ministros y con la prensa en Downing Sreet. Habló de estos intereses prácticos que tiene nuestro estatus especial en la UE. Dijo que en lo que a Europa se refiere, él hará siempre una evaluación práctica, pensando en los intereses del país y sin dejarse llevar por ningún vínculo emocional. [La frase concreta de Cameron a la que hace referencia el ministro consejero es “So when it comes to Europe, mine is a hard-headed assessment of what is in our national interest”]. Entonces, como has dicho, la posición del Gobierno británico, la personal del primer ministro, es realizar este juicio práctico y equilibrado.

¿Qué efecto podría tener el Brexit en Escocia? Numerosos analistas apuntan a que el independentismo exigiría un nuevo referéndum, aduciendo que ganó el no a la secesión en 2014 principalmente porque no se quería abandonar la UE.

Creo que tenemos que esperar al 23 de junio. Habrá un referéndum con todo el país teniendo la oportunidad de votar, con el mismo censo que en una elección general, con Inglaterra, Escocia, Irlanda del Norte y País de Gales involucrados. Entonces vamos a ver los resultados y a evaluar esas cuestiones. Lo más importante es que el Reino Unido es país miembro de la UE y el Gobierno tiene su posición favorable a ello, quiere que se permanezca en la Unión. Pero el compromiso de David Cameron de hace tres años intentaba responder a esta preocupación de la población británica, que ahora tendrá la oportunidad de expresar su opinión. Vamos a ver qué pasa, a ver cuál es la distribución de las perspectivas en todo el país.

¿El referéndum no puede tener un efecto desestabilizador? ¿No se corre el riesgo de que otros países tomen el mismo camino y la UE entre en un bucle peligroso? En cuestiones tan importantes, a veces es bueno que los gobernantes tomen la decisión, en su calidad de representantes de la ciudadanía.

Sí, pero hay que decir que estamos en una situación excepcional. En 40 años no hemos visto muchos referéndums en el Reino Unido. El primer ministro y el Gobierno decidieron hace tres años que sobre este punto tan importante había una base para ofrecer el referéndum, y es un hecho que no tenemos referéndums cada mes, cada semana o cada año. Son eventos políticos bastante infrecuentes.

Si gana el no al Brexit, ¿hasta cuándo quedará enterrado el debate?

El primer ministro ha dicho que se trata de un referéndum cuyos resultados serán vinculantes y tiene la responsabilidad de seguir las preferencias de la población británica expresadas en esa cita. Su declaración textual fue “This will be a once-in-a-generation moment to shape the destiny of our country”.