El último trimestre ha supuesto un punto de inflexión dentro de la tendencia general de la EPA durante los dos últimos años. El aumento del paro y el descenso de la población activa no se justifican en términos estacionales, tan sólo un mes después de Semana Santa. La inestabilidad política es el principal factor de incertidumbre para los empresarios a la hora de contratar.

Los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) dejan una doble lectura para el que se fija detenidamente: la tendencia optimista de las cifras interanuales –un incremento de la ocupación del 3,29% y un descenso del paro del 12%- contrasta con los datos de los últimos tres meses, cuando por primera vez desde hace dos años aumenta el paro (0,25%) y la población activa cae en más de 52.000 personas.

Ni los efectos del calendario, ni la ralentización económica. No existen escusas que puedan justificar los malos datos de este trimestre, si tenemos en cuenta que ha comprendido la Semana Santa en su totalidad y que el contexto macroeconómico es inmejorable; con el petróleo a mínimos y el euro devaluado.

“Sin duda los números deberían haber sido mejores, con la Semana Santa íntegra en marzo y el clima internacional no se esperaban estos resultados. El calendario no ha influido, porque el año pasado las vacaciones fueron en el segundo trimestre y se registró un incremento del empleo. Esto despierta el temor a que los datos del segundo trimestre sean demoledores, ya que no existen motivos para esperar un cambio de tendencia”, señala Carlos Martínez, director general de IMF Business School.

Es inevitable no pararse a pensar que este giro en los resultados tiene mucho que ver con la inestabilidad política que vive España en estos momentos. La inminente repetición de elecciones y la incertidumbre sobre el color del próximo inquilino de la Moncloa desincentivan la creación de nuevos puestos de trabajo.

“Claramente está relacionado. La inestabilidad política hace que los empresarios esperen a ver qué gobierno viene y con qué ideas, ya que algunos partidos proponen medidas poco fiables como aumentar desproporcionalmente los impuestos y el gasto público”, añade el experto.

Sin duda, lo  más preocupante es la pérdida de población activa entre enero y marzo, ya que en última instancia esto quiere decir que “la gente se va fuera o no tiene interés en buscar trabajo”. Las consecuencias de estos descensos son notables en el corto plazo, pero es en el futuro cuando pueden llegar a suponer un problema real para el país.

“La pérdida de fuerza laboral nos acabará pasando factura”, advierte Carlos Martínez.

Laissez faire…

El empleo en España muestra desde siempre una serie de particularidades, como la temporalidad o el paro de larga duración, que son fruto de un tejido productivo muy especializado en el sector servicios. Sin embargo, hay motivos para pensar que estas tendencias podrían invertirse conforme aumente la creación de nuevos puestos de trabajo.

“Aunque en España son característicos este tipo de contratos, conforme el paro disminuya gradualmente también lo hará la temporalidad, ya que el empresario se encontrará con una menor población activa y tendrá que fidelizar a sus trabajadores. Por lo tanto, creo que el propio mercado se encargará de ajustar la temporalidad”, señala Carlos Martínez.

Las primeras reacciones a los datos de la EPA no se han demorado mucho, la ministra Fátima Báñez ha achacado el pequeño bache a “los efectos del calendario” y ha propuesto al nuevo Gobierno que aumente las ayudas a los parados de larga duración y con cargas familiares, que nuevamente han vuelto a incrementarse hasta alcanzar los casi dos millones de familias.

“Me parece muy bonito pero un auténtico brindis al sol, con el déficit que tenemos, ¿de dónde van a recortar? Dudo que se consiga el dinero para llevar a cabo este tipo de medidas tan necesarias, y más cuando se ha desaprovechado la oportunidad de hacer grandes recortes en la administración durante esta legislatura”, añade.

De cara al futuro, la mayor preocupación para los empresarios es si tendrán que hacer frente a una nueva reforma laboral, algo que dependerá de los resultados en las próximas elecciones.

“Lo peor que podría pasar es que en los próximos meses se siga notando la inestabilidad política en el mercado laboral. Creo que sería nefasto que se derogase la actual reforma, que precisamente dota de flexibilidad al empleo, para volver a modelos más rígidos que sólo lo destruyen”, sentencia.