Justo después de escribir sobre los exabruptos de Pablo Iglesias contra la profesión periodística, me encuentro con el despido de Ignacio Escolar como colaborador en La Ser por parte de Juan Luis Cebrián. Y, claro, muchos lo han interpretado como un espaldarazo a las tesis del líder de Podemos.

Y no, no creo que este caso tenga absolutamente nada que ver con el (pobre) estado de la profesión periodística. Ni con atacar a un pobre redactor de ‘El Mundo’ porque no te gusta que publiquen cosas malas de ti. Tiene que ver con el ego absoluto de un oligarca de los medios y su torpe decisión de convertir a su enemigo en un mártir.

Este caso, admitámoslo, sólo tiene un ganador, Ignacio Escolar, que aparece como el paladin de la libertad de prensa y que, convertido hoy en trending topic, se llevará a más y más lectores a Eldiario.es, un medio que, precisamente, se está centrando en el segmento de la izquierda más militante al que ‘El País’ ha dejado de lado.

Pierden los periodistas de Prisa, que aparecen como marionetas en las manos del único de los implicados en los papeles de Panamá que ha querido pagar el pato con la prensa. Pierden sus lectores y oyentes, que ven cómo sus medios de referencia pierden su credibilidad a puñados. Pierde, sobre todo, Juan Luis Cebrián, empresaurio incapaz de entender el impacto social de sus propias actuaciones.

Porque, en aplicación del llamado efecto Streisand, al intentar defender su postura lo único que ha conseguido es ampliar el eco de la noticia hasta el infinito, reforzar a sus acusadores y convertirse en el malo de la película.

Porque si Prisa fuese su propiedad, estaría en su perfecto derecho de suspender el contrato con un colaborador externo que está publicando cosas en su contra. Pero no lo es, es una compañía cotizada a la que Cebrián corre el riesgo de debilitar con sus actuaciones.

Nota para futuros candidatos a Ciudadano Kane: Cuando dicen que la venganza es un plato que se sirve mejor frío es por algo.

Imagen | ‘eldiario.es’