La falta de estabilidad en el Gobierno y las deficiencias en la formación escolar y profesional son los aspecto que peor valoran desde el país germano. Alemania es el cuarto país por volumen de inversión en España y el único que ha mantenido una tendencia creciente en este sentido. El suministro de energía, la fabricación de vehículos y la farmacología son los sectores preferidos por esta industria en nuestro país.

La recuperación española es un hecho y nuestro país ya es visto con otros ojos desde el exterior. Atrás quedaron las dudas sobre nuestro potencial de crecimiento y el tiempo ha puesto en su lugar a viejos competidores como China o Brasil en la disputa por las inversiones. España vuelve a estar de moda, y lo confirma la confianza plena del motor europeo alemán en nuestro sistema productivo y en su viabilidad de cara a los próximos años.

Los flujos de inversión extranjera crecieron un 11% en 2015, hasta alcanzar los 21.700 millones de euros, según los últimos datos del Ministerio de Economía y Competitividad. Llama especialmente la atención que 538 millones del total tuvieran su procedencia en Alemania, ocupando la cuarta posición en términos de stock de inversión bruta, situándole sólo por detrás de Estados Unidos, Italia y Francia. Además, el país germano es el que mayor número de filiales extranjeras acumula en España, con un 17% del total, y genera la mayor cuota extranjera de stock de empleo en sectores clave como la automación (31%) y los transportes (27,3%).

Precisamente, es en estas industrias donde van a parar la mayor parte de los recursos inversores alemanes. La fabricación de vehículos de motor y el suministro de energía eléctrica, gas, vapor y aire son los terrenos donde mejor se mueven los germanos, con unas cuotas de inversión sobre el total extranjero de casi el 50% del total. Tampoco se quedan atrás en el impulso al sector farmacológico y en el comercio al por mayor, ocupando una posición estratégica en la industria española.

“La confianza de las empresas alemanas en España se ha recuperado a niveles previos a la crisis. Podemos hablar de una evolución real desde el año 2012 y sobre todo muy sólida”, explicaba Walther von Plettenberg, representante de la Cámara Alemana de Comercio para España, en la presentación del informe Empresas alemanas en España 2016.

La evaluación general de las empresas germanas establecidas en nuestra región es positiva en lo que a contexto económico se refiere; se ha pasado de un 80% de compañías que todavía consideraban la situación como “mala” en 2014 a un 70% que la califican actualmente de “buena” o “satisfactoria”. Pero el secreto no es sólo el clima de optimismo en el mercado interior, sino los resultados visibles en los propios centros, ya que un 90% valora su propia situación como “buena”.

Como dato curiosos se puede observar que las expectativas de las empresas alemanas respecto a su futuro en España son más prudentes conforme pasa el tiempo; los pronósticos a corto plazo son los más optimistas (2016-2017), seguidos de unos a medio plazo manifiestamente más conservadores (2018-2019). Sin embargo, esto no influye en los planes de crecimiento a todos los niveles: un 40% de las empresas prevé un incremento del empleo y de las inversiones -sólo un 10% tiene previsto hacer reducciones de plantilla-, un 60% tiene en mente llevar a cabo subidas salariales durante 2016 y el 90% reconoce que España ha cumplido con sus expectativas en relación al emplazamiento.

Estos datos son de especial relevancia si tenemos en cuenta que Alemania cuenta con un total de 1.809 filiales en nuestro país y genera aproximadamente 1.148.000 puestos de trabajo.

Respecto al reparto territorial de la industria germana, cabe destacar que la mayoría se concentra entre Madrid (55%) y Cataluña (25%), según los datos de la cartera de Economía sobre inversión bruta alemana acumulada entre 1993 y 2015.

Piedras en el camino

Existen ciertos factores que todavía obstaculizan una colaboración más profunda entre ambos países en el ámbito de los negocios. Actualmente, la inestabilidad política es el tema que más preocupa a las empresas alemanas, con un crecimiento bastante visible desde 2014, seguido de los niveles de formación profesional y la calidad del sistema educativo escolar. Otros focos de tensión son también el funcionamiento de la Justicia y el funcionamiento de la Administración Pública.

En el otro extremo de la clasificación se encuentran la formación universitaria, las condiciones de vida en España, la productividad de los empleados y la protección de la propiedad intelectual, todas ellas muy bien valoradas por las compañías germanas.

Según las empresas alemanas deberían implementarse acciones políticas en nuestro país en apoyo a la formación, en relación a la oferta de redes de banda ancha de calidad y en nuevos incentivos fiscales para la digitalización.

Llama la atención que Alemania se posiciona actualmente como el máximo competidor para España de cara a la atracción de nuevas inversiones. Sin embargo, los mercados emergentes pierden posiciones, quedando cada vez más atrás gigantes como China o Brasil. Por su parte, Estados Unidos y Canadá siguen siendo apuestas seguras para los inversores en materia productiva.