Atención, la siguiente review contiene spoilers sobre el primer episodio de la nueva temporada de Juego de Tronos. Afortunadamente para los despistados, tampoco es que haya demasiado que desvelar.

A medida que avanza la primavera en El Corte Inglés, se aproxima el invierno en Juego de Tronos. Y, como no podía ser de otra forma, la serie ha debutado con algunas sorpresas

La primera tiene que ver con la resurrección de Jon Nieve. Porque Jon Nieve no ha resucitado. Todavía. Así que, en lo que al muro se refiere, estamos más o menos igual que hace un año. La sorpresa es ¡que no hay sorpresa! Todavía.

Lo que ha impactado a mucha gente son los últimos minutos de Melisandre. Y no entiendo muy bien por qué. A muchos amigos les ha pasado lo mismo a la mañana de estar con una chica que, a oscuras y con diez cubatas encima, estaba tremenda. A muchas amigas les ha pasado también con babosos de última hora que pasan de Clooney a Bob Esponja con la luz del alba.

Los creadores de Juego de Tronos han sobrepasado los libros y han convertido a Daenerys de la Tormenta en Danerys del Juego de la Oca, sólo que la Oca es un dragón y la ha devuelto a manos de los dothrakis. Allí se encuentra a un Khal Drogo de pacotilla que primero quiere darle indicaciones para Cuenca y, después, opta por meterla en un convento. A Dany, se entiende.

Arya sigue con su entrenamiento Daredevil, Sansa decide (a buenas hora mangas verdes) que Brienne de Tarth no es tan mala, a fin de cuentas. Ramsay Bolton es tan Ramsay Bolton como de él cabía esperarse, además de un partidario de la alimentación natural de las mascotas. Las serpientes de arena están montándola en Dorne. ¿Y el bueno de Tyrion? Se enfrenta a un problema de gobernabilidad estilo Pedro Sánchez, pero con menos corrupción y un mandato claro.

Así las cosas, miradlo como queráis pero nos hemos encontrado con un episodio de Juego de Tronos que viene a ser el equivalente a un episodio de The Walking Dead que transcurre en el tiempo que tarda un señor en convertirse en zombie. Porque, pardiez, no lo olvidemos. En el Norte, a estas alturas, o te resucitan o resucitas.