A pesar de que en España nunca han tenido un peso político relevante, y que en otros países tampoco han sido una fuerza importante, el discurso ecologista ha calado en la política europea en las últimas décadas.

La presión de los partidos verdes o de los grupos ecologistas ha sido decisiva en decisiones como la política nuclear o temas como los transgénicos, la investigación con células madre, el uso de los animales de laboratorio o los insumos agrícolas. Objetivamente no hay nada malo en que dentro de la agenda política se tengan en cuenta los aspectos ambientales, el problema es que los intereses de estos grupos no siempre están relacionados con el medio ambiente, sino con sus propios intereses políticos y económicos.

No olvidemos que la mayoría de estos grupos no viven de las aportaciones de sus socios, sino de subvenciones públicas. Si a esto le añadimos que importantes sectores del movimiento verde hace tiempo que parecen aliados con la Izquierda Feng-Shui o Izquierda regresiva, el panorama es bastante desalentador. Un ejemplo de los espúreos intereses de estos movimientos es la información aparecida en Wikileaks y luego confirmada por el vicepresidente francés de que el gobierno de Sarkozy pactó con Greenpeace y Amigos de la Tierra que estos no desarrollaran acciones en contra de las centrales nucleares y que a cambio Francia seguiría con su agresiva política antitransgénicos.

A pesar de que a la hora de las votaciones la gente no vota verde, el mensaje ha sido recogido por determinados partidos. Así se entiende que en 20 años en Europa solo se haya autorizado la siembra de 3 cultivos OGM, que cada año se prohíban insumos agrícolas, etc… No obstante, últimamente este pensamiento ha sufrido serios reveses.

A nivel nacional podemos ver cómo la iniciativa de declarar Madrid libre de transgénicos o las ciudades libres de glifosato han recibido fuertes críticas populares, que los promotores no esperaban. La asamblea que organizó Ahora Madrid para debatir el tema solo consiguió movilizar a científicos y lo que esperaban que iba a ser un paseo militar acabó siendo una expresión de rechazo, por lo que la iniciativa ha sido discretamente olvidada. Es curioso por qué parece que los grupos ecologistas ya no tienen capacidad ni de movilizar a gente.

Hace poco estuve en un debate sobre OGMs en la Universidad de Santiago y cuando se pidió a la gente votar, la posición pro-OGM ganó por mayoría. Defendiendo la postura anti estaba una miembro de “Amigos de la Tierra”. Parece que  ya no tienen capacidad ni para decirle a sus miembros que vayan a un debate a votar. De hecho la posición anti-OGM, que parecía que había calado en la opinión pública cada vez está más cuestionada al haber más información al alcance de la gente. Prueba de esto es el reciente artículo que dedicó la revista ‘Nature’ al desarrollo del trigo apto para celíacos por parte del grupo de Francisco Barro en el instituto de agricultura sostenible de Cordoba y su aceptación por parte de asociación de celíacos a pesar de ser transgénico.

Si pasamos a nivel europeo las cosas parecen pintar verde oscuro. La pasada semana se debatió prorrogar la autorización de uso del herbicida glifosato. Esta votación viene después de una campaña millonaria de Greenpeace y de otras organizaciones en contra de su uso. El resultado ha sido a favor de su uso, con el apoyo de numerosos partidos de izquierda. No olvidemos que los informes técnicos apoyaban seguir utilizando este herbicida. Cuando se han retirado otros fitosanitarios como la rotenona o las atrazinas, no ha sido por votación, sino porque los informes técnicos lo han solicitado. Por si fuera poco para este annus horribilis, Francia ha levantado el veto que pesaba sobre el maíz MON810, por lo que el argumento de que los OGM son el demonio porque países como Francia los prohíben, ya no es cierto.

La intransigencia en temas tecnológicos nos ha hecho perder miles de millones de euros y ha frenado la carrera de I+D respecto a Asia y Estados Unidos. Esperemos estar a tiempo de recuperar las oportunidades perdidas. Pero en general, de cara a futuro, las decisiones sobre temas técnicos, en base a informes técnicos. Las creencias, en el ámbito particular de cada uno y que nadie impongan las suyas, ya sean cristianas, musulmanas o verdes.