Con la muerte de El Artista Antes y Después Conocido como Prince he visto a muchos compañeros de generación abrumados por la pérdida de quien para ellos era un referente absoluto de la música popular, un genio con mayúsculas. Internet se ha convertido, durante toda la semana, en un gigantesco monumento a su memoria. Es el momento de recuperar esa recopilación de gifs o la antología con sus momentos más delirantes en JotDown.

Tengo que reconocer que nunca fui gran admirador de su música. Ni siquiera creo que vaya a serlo en un futuro próximo, teniendo en cuenta que en 2015 la retiró de las principales plataformas de streaming, del mismo modo que se apartó de las redes sociales y que sacó su obra de Youtube.

Sin embargo, había que ser extraterrestre para no tenerle en la cabeza. Era una figura icónica tanto como un músico, uno de los protagonistas visuales de la década de los ochenta. Su portada desnudo como un angelote, su entrevista rodeado de discípulos, su giro copernicano al concepto de la marca personal con su extraño intento de ser identificado por un símbolo de apariencia arcana y new age. Todas esas cosas estuvieron presentes en la cabeza incluso de aquellos que no le escuchamos.

¿Cuántas veces pensé que Michael Jackson se empeñaba en aclararse la piel para parecerse a su amigo? ¿Quién nos iba a decir que ambos fallecerían tan jóvenes? “Siempre es triste perder a alguien a quien amaste”, dijo en una ocasión Prince sobre la muerte del Rey del Pop.

Al parecer, han sentido lo mismo millones de personas en todo el mundo. Es difícil discutir que su tiempo de máximo esplendor había quedado atrás, pero Prince nunca cayó en la irrelevancia para sus fans, sus actuaciones en directo nunca perdieron brillo y está claro, tras conocerse su muerte, que nunca perdió su condición icónica.

Ésta, de hecho, va a ser mayor que nunca tras su muerte, aparentemente relacionada con los medicamentos que estaría utilizando para controlar sus dolores de cadera. Los medios llevan ya unos días asegurándose en acrecentar la leyenda. Por ejemplo, empiezan a divulgar que en Paisley Park, su estudio en Minnesota, hay una cámara secreta con combinación que almacena cientos, si no miles, de grabaciones. Siempre dijo que grababa canciones como para alimentar tres o cuatro discos al año, hasta el punto de que el New York Times llegó a decir que era “demasiado musical para la industria de la música”. También se recuerdan anécdotas sobre por qué cambió Prince su nombre por el Love Symbol #2 –básicamente para trolear a Warner, su discográfica–.

La muerte de Prince se ha convertido, en todo caso, en un caso de estudio por sí mismo, debido a su impacto global. Habíamos vivido otros fallecimientos pas, incluso este mismo año con la pérdida de David Bowie, y estos días hemos visto repetirse muchas situaciones que se dieron entonces, como los homenajes multimedia en las redes sociales, la entrega incondicional de los medios y la búsqueda de cada ángulo imaginable sobre el personaje que nos deja. ¿Pero cuántos personajes pop recibirán el mismo tratamiento en el futuro? ¿Habría sido igual de relevante el óbito de producirse dentro de treinta años? ¿Las nuevas formas de fama y el reparto de la atención mediática impedirán en el futuro que vivamos este tipo de eventos globales?

En un interesante artículo de Político sobre los mega-funerales, se plantea muy específicamente la cuestión de los tempos de la muerte de los famosos. ¿Cuando conviene morir para ser recordado a gran escala?