Muchos son los aspectos que Podemos e IU tendrán que negociar antes de unir sus fuerzas de cara a las próximas elecciones generales. Entre ellos, no es el menor el de la confección de unas listas que deberá avalar la militancia y que difícilmente contentarán a IU si no incluye al menos una decena de puestos de salida para miembros de la federación. Y es que los de Alberto Garzón cotizan al alza en las encuestas, al contrario que los de Pablo Iglesias, y en junio tendrían prácticamente asegurado el grupo propio concurriendo por su cuenta. Su posición es sensiblemente más fuerte que el verano pasado, cuando Pablo Iglesias rechazó una confluencia global que ahora sí se aviene a estudiar.

Además de exigir una alianza en toda España y que se respete la autonomía de su proyecto, Garzón pretende copar primeros puestos en circunscripciones como Madrid, Valencia, Sevilla, Málaga, Zaragoza o Asturias. Esos son los lugares donde, por su mayor implantación, podría obtener representación aun compitiendo con Podemos. En Galicia y Cataluña, donde las marcas regionales de IU ya están integradas en En Marea y En Comú Podem, se mantendría la correlación de fuerzas pactada ante el 20D. En virtud de ello, la federación obtuvo tres parlamentarios que figuran en el grupo de Iglesias en el Congreso: la gallega Yolanda Díaz y los catalanes Joan Mena y Félix Alonso. Esta vez, pensarán en una fórmula jurídica que les permita tener su propio grupo parlamentario.

La inclusión de miembros de Garzón y los suyos en las listas de las provincias mencionadas desplazarían o sustituirían a integrantes de Podemos que el 20D obtuvieron escaño o se quedaron a punto de hacerlo. Y se da la circunstancia de que la principal afectada sería la corriente errejonista, que quedaría relegada en muchos casos e incluso vería peligrar varios de sus puestos en el Congreso. Para empezar, el propio Íñigo Errejón tendría que ceder a Garzón el tercer puesto de la plancha madrileña.

IU pedirá puestos de salida en Madrid, Valencia, Sevilla, Málaga o Asturias

Como el partido se autoimpone la obligación de elaborar listas cremallera -alternando mujeres y hombres-, Errejón caería al quinto puesto. Él mismo dejó abierta esta posibilidad el martes, cuando fue preguntado por ello en rueda de prensa. Su escaño no estaría en riesgo, pero sí quedaría sin opciones Jorge Lago, dirigente morado muy cercano a él. En diciembre, Lago se quedó a un paso del acta de diputado -iba el noveno y Podemos sacó ocho puestos en Madrid-. Ahora, no sería uno de los beneficiados del hipotético sorpasso al PSOE. Además, Pablo Bustinduy -séptimo el 20D- también bajaría posiciones y no tendría seguro repetir.

Más problemas para los errejonistas vendrían en Sevilla. Dos fieles al número dos del partido coparon las primeras posiciones de la lista sevillana hace cuatro meses: Sergio Pascual y Auxiliadora Honorato. El primero ya fue defenestrado por Iglesias de la secretaría de Organización y ahora también podría pagar, junto a Honorato, el peaje de la alianza con IU. En Sevilla tiene Garzón altas expectativas y difícilmente podría aceptar quedarse sin puestos de salida por esa provincia el 26J, lo que obligaría a ceder terreno a los afines al secretario político, muy probablemente perdiendo al menos un escaño.

Lo mismo ocurre en Málaga, donde según las encuestas Podemos perdería en favor de IU uno de sus dos escaños si se presentaran por separado. El cabeza de lista morado el 20D fue Alberto Montero, el profesor que concedió a Errejón la polémica beca en la universidad malagueña. De ser relegado ahora, Montero tendría que esperar a que no se cumpliera el diagnóstico del secretario político, que asegura que “los cuentos de ábacos no funcionan casi nunca”. Es el modo que tiene Errejón de expresar sus reservas respecto a la lógica que lleva a muchos de sus compañeros a concluir que si Podemos sacó en diciembre cinco millones de votos e IU obtuvo uno, juntos se llevarían al menos seis millones de sufragios el 26J. “Los acuerdos que se hacen bien suman y los que se hacen mal restan”, opina él.

El propio Errejón podría verse relegado del tercer puesto en la lista madrileña para hacer hueco a Garzón

Valencia es otro de los lugares donde la coalición de Garzón es más fuerte y, por ende, reclamaría su espacio en la confluencia. En 2015, se quedó a 10.000 votos de arrebatar a la candidatura Compromís-Podemos uno de sus cinco escaños, algo que con toda seguridad lograría en la siguiente cita. Si finalmente hay acuerdo, la irrupción de miembros de IU en la lista valenciana desplazaría a la errejonista Ángela Ballester (número dos en la plancha de diciembre), toda vez que se hace difícil que Compromís relegue a Joan Baldoví (primero) o Enric Bataller (tercero). Además, quedaría casi sin posibilidades Txema Guijarro, que ya obtuvo por la mínima un puesto en el Congreso (yendo el quinto).

En Zaragoza, el gran afectado podría ser uno de los fichajes estrella de Podemos para el 20D. El exJemad Julio Rodríguez, que ya se quedó sin escaño por ir como número dos, tendría ahora que compartir espacio con IU y la Chunta Aragonesista, lo que prácticamente eliminaría sus posibilidades de entrar en la Cámara baja. Se da la circunstancia de que precisamente Errejón ha sido uno de los grandes impulsores de esa estrategia de abrirse a la sociedad civil e incluir en las listas a independientes de reconocido prestigio. Una forma más de visualizar la apuesta por la transversalidad que ahora se arriesga con el acercamiento a IU.

De fraguarse, la confluencia supondría en sí misma una derrota para el número dos de Podemos. Él siempre ha sido partidario -sigue siéndolo- de eludir las coaliciones a nivel estatal y estudiarlas territorio a territorio. Además, últimamente ha visto cómo su líder abrazaba un discurso más izquierdista y escorado, alejándose de la contención que Errejón impuso con sus teorías laclaunianas y su maquinaria de guerra electoral.

Una pérdida de protagonismo que podría tener el reflejo añadido de verse desplazado de la dirección de la campaña. El secretario político ha dirigido toda la estrategia electoral de Podemos hasta ahora, pero el viraje táctico apunta a que ahora se verá desplazado. La salida salomónica en que estaría pensando Iglesias es una vez más Pablo Echenique, figura de consenso en Podemos, que se vislumbra como coordinador de la campaña del 26J, tal y como ya ha publicado El Confidencial.