Leo con horror en todos los periódicos los resultados “oficiales” del referéndum planteado a sus bases por el líder de Podemos, Pablo Iglesias. Mi horror se deriva, una vez más, de la forma acrítica con la que los medios españoles admiten como buenos unos resultados que nadie –excepto los convocantes- ha controlado. Esos “comicios” se han hecho a través de internet y por lo tanto son susceptibles a todo tipo de manipulaciones. En fin, nadie ha dicho –ni siquiera por lo bajini- que la democracia directa es directa y sobre todo manipulable, pero no es representativa. Y la democracia representativa es la única que puede llamarse democracia. ¿Por qué? Porque a los elegidos podemos pedirles responsabilidades por las decisiones que toman.

En realidad, la democracia directa es el refugio de los demagogos y de los dictadores. ¿O es que nadie recuerda los referendos de Franco? Pues yo sí, y se parecían mucho a los que hace Pablo Iglesias entre sus huestes manipuladas y obsecuentes.

Pondré un ejemplo histórico para mostrar desde cuándo se sabe que la democracia directa es una estafa. En Grecia, la democracia directa, manipulada por los demagogos condenó a muerte a varios generales triunfadores por haber perdido un par de barcos en una batalla en la cual los atenienses habían sido los vencedores. Luego, cuando ya habían sido ejecutados, “la Asamblea soberana” les devolvió la honra…pero no la vida.

La “Asamblea soberana” también destituyó a Pericles, en contra de las palabras de Tucídides, según las cuales “Pericles, por su rango, su habilidad y su integridad, fue capaz de ejercer un control independiente sobre las masas, de dirigirlas en lugar de seguirlas; porque, como nunca persiguió el poder por medios ilícitos, nunca se vio obligado a adularlas”.

Mas no nos engañemos. La de los referendos es la nueva moda europea. ¿De dónde viene? De la debilidad de los liderazgos. En efecto, muchos líderes han pensado como solución a su falta de legitimidad en una especie de “democracia directa”, comenzando por Cameron, que llevará en junio a las urnas a millones de británicos por ver si les apetece destruir la UE y también su propio país. Pero en Europa ha habido más casos de “democracia directa”.

En julio de 2015 Alexis Tsipras hizo un referéndum en Grecia sobre el acuerdo con la UE, y lo ganó; pese a ello, pocos días después acabó aceptando prácticamente lo mismo que los griegos habían rechazado. En septiembre de 2015 los polacos opinaron sobre el sistema electoral, la financiación de partidos y el sistema tributario. Rumanía tenía previsto otro referéndum para finales de 2015 sobre la reforma Constitucional, pero sigue en impasse. En diciembre pasado, el Gobierno danés llamó a sus ciudadanos a pronunciarse sobre las llamadas cláusulas ‘opt-in’ y ‘opt-out’. Dinamarca tiene un estatus particular dentro de la UE que le permite quedar al margen en determinados temas de Interior, Seguridad o Asilo. Para el resto se aplican unas normas y para ellos, otras. El Ejecutivo, que defendía el sí, preguntó a los daneses si querían seguir como estaban (No) o si querían más Europa (Sí). El resultado fue claro: el 53,1% de los votantes dijo “no”.

El primer ministro húngaro ha amenazado con llevar a referéndum la decisión de aceptar un sistema de reparto forzoso de refugiados mediante cuotas y ha dicho. “Nadie ha preguntado a los ciudadanos en Europa si aceptan o rechazan esas cuotas obligatorias” y eso “se asemeja bastante a un abuso de poder”. Vamos, que la democracia representativa es un continuo abuso de poder.

Otro caso singular es el de Holanda, país que ya celebró en el pasado un referéndum con resultado negativo sobre la Constitución Europea (en 2005), y que en abril de 2016 someterá a las urnas el acuerdo de asociación con Ucrania, ratificado ya por más de 20 Estados Miembros. Un panorama como para echar a correr.

Ahora los abertzales que “okupan” el Ayuntamiento de San Sebastián anuncian otro referéndum. Éste sobre si se ha de permitir la fiesta de los toros. A este paso volveremos al “referéndum” aquel de Fernando VII, del que salió vencedor al grito de “Vivan las cadenas”.