Llevamos una temporadita un poco revueltos en el mundo de la publicidad por darlo un nombre más castizo y menos molón que marketing. Todas las marcas están desesperadas por conseguir que hagamos caso a los famosos y como eso cada vez es menos frecuente, pues recurren a los nuevos famosos, a los llamados influyentes, con lo que los que nos dedicamos a esto tenemos que inventarnos nuevas fórmulas para vender servicios y pagar facturas. Pero no todo vale y seguimos, como siempre, pensando en el corto plazo. Vamos a ver por qué, en mi humilde opinión, hemos de cambiar todos la forma de pensar.

Primero, las marcas han de darse cuenta que igual que tienen sus planes financieros estratégicos, sus grandísimos planes comerciales estratégicos y hasta planes estratégicos para reducir el consumo de papel higiénico, eso luego tiene que mostrarse en lo que comunican, publicitan y hacen. Que sí, que hay que adaptarse a las circunstancias del mercado y que si hoy lo petan los youtubers, hay que tirar de youtubers. Pero siguiendo una línea clara en el tiempo. Telefónica (a pesar de los deslices de su recién jubilado expolítico expresidente) tiene una línea de comunicación clara. Iberia tenía una línea de comunicación clara y la ha cambiado y sigue siendo clara. Media Markt ha hecho más seria la voz de sus anuncios y hay una desconexión clara. Creo que se entiende, así que no pongo más ejemplos.

Eso se consigue confiando en agencias que te dan un servicio estratégico, no confiando en amiguitos, no haciendo planes anuales sin sentido o renovando contratos cada mes, cada trimestre o cada seis meses. Las empresas que hacen eso, están abocadas al fracaso y, lo peor de todo, harán que nos olvidemos de la marca, si es que en algún momento la hemos reconocido.

Y ahora las autocollejas. No todo vale para vender este tipo de cosas. Si queremos dejar de dar palos de ciego y evitar que nos tomen por alquimistas o por homeópatas a todos los que nos dedicamos a estas cosas de la publicidad (más si añadimos el apellido social), hemos de llevar a los clientes al terreno donde las cosas funcionan. ¿Cuál es ese terreno? Veámoslo con ejemplos más o menos reales de estos nuevos “famosos”.

Si coges a una bloguera que cuenta su vida con pelos y señales (hasta que tiene que borrar cosas de esa vida-que-no-fue), está bien que hable de lo sana que es una vida sana, de lo que molan cosas ñoñas y de cosas relacionadas con su actividad principal. Pero no la uses como imagen para un evento en el que hay un límite de edad y esa bloguera lo supera.

Otro ejemplo. Si quieres coger a un grupo de nuevos famosos para promocionar algo (pensemos en el típico grupo de muchos followers habitual), asegúrate de que hablan de tu temática y de que, en la medida de lo posible, son reconocidos dentro de esa temática. Me pongo de ejemplo: si quieres que hable de cerveza, lo siento, no lo voy a hacer, porque apenas bebo cerveza. Uso otro ejemplo: si un tío habla un 99% del tiempo de política, ¿por qué crees que hablando de cerveza va a conseguir algún efecto?

La verdadera influencia se consigue cuando la gente pregunta por algo y ese influyente les da su opinión sincera. Pero la influencia que ahora se desprecia “porque los famosos no funcionan y lo que se lleva es poner un grupo de muchosfollowers en tu vida “ es la que sigue haciendo que la gente vaya a una tienda con la foto del famoso vistiendo lo que quiere comprar o agotándose online porque todo el mundo quiere eso que llevaba el protagonista de la última serie de éxito en Netflix. Y estos dos ejemplos son reales, vividos en una tienda real de una provincia como es Valladolid.

Por favor, seamos profesionales y volvamos a hacer las cosas con tiempo, seamos didácticos todos quienes trabajamos en esto y dejemos de vender duros a cuatro pesetas. Las facturas igual se acumulan, pero algunos queremos dormir por las noches tranquilos. No por nosotros, sino por las cagadas que vemos todos los días y que nos envenenan sin remedio.