Hay otro tipo de pobreza que casi no se ve. Que se vive dentro de casa, en silencio, casi a oscuras y con frío. Es la pobreza energética, que atrapa a millones de hogares en España porque son incapaces de pagar la luz y el gas suficientes para sus necesidades domésticas o que tienen que destinar una parte excesiva de sus ingresos para atender esas necesidades (temperatura, iluminación, agua caliente…)

Y esa pobreza, a diferencia que lo que pasa en países de nuestro entorno, en España ha empezado a atenderse sólo en los últimos años por las administraciones (comunidades y ayuntamientos, singularmente… o casi en exclusiva) y a concitar el interés ordenado de los investigadores sociales y económicos. Y ahora que empieza a haber conciencia social y cierto reconocimiento político del problema, y se van teniendo datos para medir el fenómeno, se constata que su incidencia sigue creciendo con la crisis como acicate fundamental, pero no único.

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Entre cuatro y doce millones de españoles se han visto atrapados por la pobreza energética, según el último informe –el tercero ya- elaborado la Asociación de Ciencias Ambientales (ACA), entidad pionera desde hace ya cuatro años en el estudio del fenómeno. Y la horquilla es tan grande porque son múltiples las fórmulas para medir el problema, y porque todas ellas son complementarias para calibrar bien el duro escenario al que se enfrenta el país. “Hay que poner a la sociedad ante ese espejo, que no es liso y no está colocado en perpendicular”, explica Sergio Tirado, vicepresidente de ACA. “Hay diferentes visiones e indicadores, pero se pueden abordar todos con honestidad”.

Los diferentes indicadores, en cualquier caso, muestran cómo la intensidad del impacto de la pobreza energética sobre la población española ha crecido durante la crisis económica. Un periplo de país en el que el poder adquisitivo de los hogares se ha resentido y que ha coincidido con un fuerte encarecimiento de los recibos de la electricidad (del 73% desde 2008) y del gas natural (del 67%).

Todas las fórmulas para calibrar el problema

En 2014, hasta un 11,1% de los hogares españoles (dos millones de un total de 18,3 millones de hogares), y que equivale a 5,1 millones de ciudadanos, se declaraba incapaz de mantener su viviendas a una temperatura adecuada en los meses fríos. Al inicio de la crisis, en 2008, un 6,2% de los hogares los que no podía afrontar el gasto en luz y gas necesario para mantener la vivienda a temperatura adecuada; escaló hasta el 7,5% de los hogares en 2010; un 9% en 2012, hasta llegar –con algún altibajo- hasta más del 11% en 2014. Y con este último dato España supera por primera vez la media de la Unión Europea, del 10,2%.

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Según otro de los indicadores, el 8% de los hogares españoles (equivalente a 4,2 millones de personas) se ha visto obligado a retrasar el pago de facturas energéticas, frente al 3,8% de los hogares que declaraba en 2008 haber pospuesto recibos de luz y gas. El incremento en los últimos años ha sido especialmente intenso en el colectivo ciudadano más vulnerable, con alzas mayores entre los hogares que han retrasado el pago de las facturas dos o más veces.

En este sentido, el estudio constata que un 15% de los hogares españoles (o más de 6,2 millones de personas) destina más de un 10% de sus ingresos al pago de las facturas energéticas. Y aún un 6% de los hogares (2,6 millones de personas) concentra más de un 15% de sus ingresos a la compra de energía doméstica y un 3% de los hogares (1,2 millones de ciudadanos) paga más del 20% de todo lo que ingresa.

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Estos parámetros que ponen en relación los ingresos y el gasto energético han registrado mejoras en 2013 y 2014, pero desde ACA se advierte de que esa evolución “plantea la duda de si el descenso en el gasto de energía doméstica puede deberse en alguna medida por una reducción en el consumo de hogares vulnerables, con dificultades crecientes para pagar la energía que necesitan”. “El aumento de la proporción de hogares incapaces de mantener una temperatura adecuada y con retraso en el pago de las facturas apunta en esa dirección”, sentencian los expertos.

Aplicando al caso español el indicador oficial de pobreza energética que utiliza el Gobierno de Reino Unido desde hace años (denominado low income – high cost, LIHC), uno de cada diez hogares españoles (esto es, 4,9 millones de ciudadanos) tenía dificultades. Esto es, los ingresos de casi dos millones de hogares –una vez descontados los gatos en vivienda y energía doméstica- estaban por debajo de la línea de pobreza monetaria (60% de los ingresos medianos) y a la vez su gasto en energía doméstica se situaba por encima de la mediana de gasto en energía por persona para toda España.

Según otro de los indicadores, el del ingreso mínimo aceptable, hasta un 21% de los hogares españoles (con 12,1 millones de personas) se encontraba en problemas. Según esta metodología, los ingresos de estos hogares, una vez descontados su gastos de energía y vivienda, estaban por debajo de la renta mínima de inserción más elevada en España (los 666 euros que reconoce el País Vasco) una vez descontados los gastos en vivienda y energía.

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[Ingreso mínimo aceptable, MIS |  MIS1: 417 euros/mes. MIS2:666 euros/mes. MIS3: 802 euros / mes. LIHC: low income – high cost]

Desigualdad entre CCAA: el clima no influye tanto

No todas las comunidades autónomas son igual de vulnerables a la pobreza energética. De manera permanente, las cuatro regionales en que se manifiesta con mayor intensidad el problema son Andalucía, Castilla-La Mancha, Extremadura y Murcia. De manera permanente, tanto en 2007 como en 2014.

Y, de igual modo, las comunidades autónomas en que la vulnerabilidad ante la pobreza energética es menor son País Vasco, Asturias y Comunidad de Madrid, también durante toda la seria. Un reparto que constata que “las condiciones climáticas no son determinantes para explicar las diferencias regionales en la incidencia de la pobreza energética”.

Lo que sí influye para elevar la propensión a sufrir este tipo de pobreza son otros factores de corte socioeconómico. Según el informe de ACA, algunos factores identificados en proporciones mayores a la media en los hogares que sufren la pobreza energética son un bajo nivel educativo de sus integrantes, estar en paro, ser una familia monoparental, ser inmigrante procedente de un país de fuera de la Unión Europea, personas con mala salud o enfermedades crónicas y utilizar combustibles sólidos o líquidos para cubrir las necesidades energéticas de la vivienda.

IMAGEN: Flickr | Gianni Vee.