“La contabilidad es un chicle”, dijo el presidente de BBVA, Francisco González, cuando el juez instructor del caso Bankia, Fernando Andréu, le preguntó cómo era posible el desfase entre las cuentas presentadas por Caja Madrid y la realidad que dejó Rodrigo Rato en la entidad.

Sus palabras se pueden extender al caso de Abengoa, que ha soportado en los últimos meses la mayor situación de insolvencia en la historia reciente de España. En este tiempo muchos se han decantado por apuntar a Deloitte y acusar a la auditora de no detectar los desajustes en los balances de la compañía a tiempo.

Al presidente de la Asociación Profesional de Administradores Concursales (Aspac), Luis Martín, le sorprende que Deloitte no “diera un aviso” sobre las dificultades financieras de Abengoa y que sus cuentas trimestrales pasaran sin salvedades.

A Luis Martín (Aspac) le sorprende que Deloitte no “diera un aviso” sobre las dificultades financieras de Abengoa

“A cualquier profesional le llama la atención que se pase de todo a nada”, subraya Martín en declaraciones a SABEMOS. No en vano, la supervisora de las cuentas de Abengoa reaccionó y llegó a poner en duda la viabilidad de la empresa en noviembre.

Eso sí, en el fondo no es tan fácil detectar un desajuste. Máxime cuando una empresa manifiesta a 31 de julio, en sus resultados semestrales, que su apalancamiento sobre el beneficio operativo está mejorando y a la semana advierte de que va a necesitar una ampliación de capital, con lo que el valor de sus acciones en bolsa acaba por desplomarse y ejecutar un estiloso carpado hacia el vacío.

“En una cuenta de explotación, los costes siempre son ciertos. Y en el balance tenemos deudas, siempre debidamente contabilizadas; ese es un dinero que debo seguro. Sin embargo, en el activo tengo unos bienes a un valor y cuando los voy a realizar a lo mejor no tienen el valor con el que los tengo contabilizados”, explica Luis Martín.

Uno de los problemas de Abengoa vino de ese extremo: el negocio de la empresa sevillana requería de un fuerte apalancamiento, ya que en muchas ocasiones había que adelantar desembolsos para invertir y los retornos podían tardar años en llegar. De ahí la insolvencia, que no es más que una situación de falta de liquidez llevada al extremo: si los ingresos no existen o se demoran no hay manera de hacer frente a las deudas a corto plazo.

No obstante, Luis Martín desliza una crítia: “Las cuentas hay que saberlas y entenderlas y los auditores tienen que decidir si están bien formuladas”, afirma. “Deloitte es una de las opciones para las empresas que necesitan auditoría. A través de los informes tienen que dar fe de la razonabilidad de sus cuentas”, añade.

Más ejemplos

No es la primera vez que se pone en duda la labor de una auditora. Sin ir más lejos, la propia Deloitte ha vuelto a verse mezclada con el caso Bankia, ya que el colectivo 15MpaRato ha solicitado en la Audiencia Nacional que la auditora comparezca como “investigada” -una condición anteriormente conocida como “imputada”- por su trabajo en la entidad financiera. Deloitte ya fue multada con 12 millones de euros por su labor en el banco madrileño.

Si se habla de bancos, tampoco está libre de pecado PwC -anteriormente conocida por su nombre completo, PricewaterhouseCoopers-, a la que se le reprocha su supervisión de las cuentas de Banesto antes de su nacionalización. Por otro lado, también fue muy cuestionada la tarea auditora de KPMG en la CAM.

Deloitte ya fue multada con 12 millones de euros por su labor de auditoría en Bankia

Mientras, a EY -también anteriormente conocida por su nombre completo, Ernst & Young– se le critica que no reflejara los problemas de la filial mexicana de OHL en uno de sus informes de auditoría.

Con un temporal como este, las cuatro grandes auditoras (un grupo al que se le denomina cariñosamente Big Four) también tienen motivos para quejarse. Algunas hablan de ocultación de información por parte de los protagonistas de los escándalos. Además -siempre en privado- los auditores externos cuentan historias de boicot a su tarea y miradas asesinas de los trabajadores de las auditadas. El mito y la realidad, como en cualquier historia, van muchas veces de la mano.