La semana en que José María Álvarez-Pallete es propuesto formalmente por el consejo para ser presidente de Telefónica, recibe buenas noticias desde Reino Unido en relación con la venta de O2. En concreto, Hutchison -su comprador- se compromete a compartir sus redes para que Bruselas dé el visto bueno.

La última gran intervención pública de César Alierta fue en la pasada presentación de resultados de Telefónica. El aragonés, como siempre, no dejó indiferente a nadie. El anuncio estrella tenía que ver con el dividendo. El operador fijó el dividendo para este año en 0,75 euros por acción, la misma cifra que en 2015. Sin embargo, frente al del pasado año, la remuneración de este ejercicio será toda en efectivo siempre y cuando se cumpla una condición: el cierre de la venta de O2 por unos 13.200 millones de euros.

Este es uno de los legados que Pallete tendrá que lidiar con más cuidado, aunque en estos momentos el balón está en el tejado de la Comisión Europea. Y es que, la compra de la filial británica de Telefónica por parte de Hutchison, para su fusión con el operador Three (propiedad del grupo hongkonés), reduciría el mercado móvil a tres operadores. Por eso, la operación se encuentra en los pasillos de la CE a la espera de respuesta, deliberando si tras la compra seguirá habiendo tensión competitiva en el mercado.

Para que se dé el visto bueno, Hutchison se ha ido comprometiendo progresivamente a una serie de acciones. La última, según desvela Reuters, sería un acuerdo para compartir redes con los operadores de televisión de pago Sky y Virgin Media.

De esta forma, Hutchison ha vuelto a tomar la iniciativa para convencer a Bruselas de que la venta no limará las ventajas de un mercado competitivo. Así, ya habría llegado a acuerdos para vender el 20% de su capacidad de red en Reino Unido a Sky y el 10% a la filial de Liberty Global, Virgin Media, según asegura Reuters.

Las vueltas de Hutchison

A principios de marzo, Hutchison se reunió a varias bandas con responsables de la Comisión Europea. El resultado final fue calificado de “fructífero” por parte de la compañía. La solución estaba (y está clara): que la compañía resultante ofrezca ciertos activos para que se cree un cuarto operador móvil relevante en la región.

A la reunión estuvieron invitado otros actores británicos del sector de las telecomunicaciones. Concretamente, el regulador británico Ofcom y directivos de Sky, Liberty Global, Talk Talk, Vodafone, BT y Tesco.

Además, asistieron el minorista Carphone y la compañía francesa Iliad, una de las interesadas en hacerse con los activos de los que tendrá que desprenderse, a buen seguro, la compañía resultante tras la compra. También estuvieron presentes otros operadores más pequeños que pueden estar interesados en esos remedies que impondrá Bruselas para dar luz verde a la operación.

Una certeza (más o menos) y varias preocupaciones

Si no vuelve a haber retrasos, el 19 de mayo la Comisión Europea dará su veredicto. Ésta es la certeza. Aunque no todo está de cara. Ya se ha pospuesto una vez, y Bruselas no garantiza que no se pueda volver a repetir un retraso en la aprobación de la venta.

En cuanto a las preocupaciones, llegan por parte de los operadores móviles virtuales (OMV). Según publicó Bloomberg tras la reunión, compañías como Virgin habrían advertido sobre cómo quedaría el acceso mayorista cuando haya menos redes disponibles.

Esto se suma al principal argumento de Bruselas para no dar el visto bueno: que la operación deje el segmento móvil con menos competencia. Tesco también incide en este punto, y ve con buenos ojos la operación siempre que sus firmas como operador de telefonía puedan seguir creciendo y desarrollando su negocio.

Quien sigue sin hacer valoraciones es el regulador británico. Tras finalizar dicha reunión prefirió guardar silencio. De este modo, parece mantener su posición contraria a la venta con el argumento de que la compra de O2 por parte del Hutchison traería un aumento de precios.

Este es el panorama que tiene por delante Álvarez-Pallete. Se trata de una operación muy importante valorada en más de 13.000 millones de euros y que, sobre todo, marca el futuro pago del dividendo.