Reino Unido lidera la regularización del sector fintech a nivel europeo, mientras que España sigue inmersa en la mediación entre banca y start-ups para el desarrollo de un marco legal propio. Por su parte, el bigtech se presenta como la nueva “ventaja” para competir en el mercado global.

España se está quedando muy atrás y esto puede tener consecuencias muy negativas en el futuro. Este es el mensaje que se ha querido transmitir desde el III Foro Fintech sobre la regulación del mercado, celebrado ayer en el Ministerio de Industria y Turismo. El encuentro reunió a agentes de todas las áreas relacionadas con las finanzas y la tecnología para tratar de elaborar un “libro blanco” como paso previo al desarrollo de una regulación propia.

La repercusión que está teniendo sobre las finanzas tradicionales y su crecimiento exponencial en tiempo récord hacen del fintech un digno objetivo de un análisis. Actualmente, el ritmo de crecimiento en España de este tipo de start-ups es vertiginoso, con la creación de una nueva empresa cada dos días.

El potencial de este mix entre finanzas y nuevas tecnologías es ilimitado, sin embargo, pocos países europeos han apostado definitivamente por él. “España debe ser un referente en el mapa mundial del fintech por el talento e innovación que producimos, por su relación estratégica con Latinoamérica y porque no hay más opción de cara al futuro”, señalaba Marta Plana, consejera general de Digital Origin.

Sobre la importancia que tendrá esta industria en los próximos años, el director general honorario de la Comisión Europea, Francesc Granell, reconoce que“existe preocupación en la UE ante la idea de quedarnos marginados”. Sin embargo, todavía no hay ninguna legislación que haga referencia a este tipo de servicios en el marco europeo. “Creo que lo ideal sería crear una directiva que cada país pueda implementar a su manera. La unión bancaria es demasiado inmadura como para abordar todos los elementos necesarios. Además, en este momento de rebote de las soberanías nacionales, no creo que un reglamento fuera bien aceptado”, añadía el comisario.

En lo que todos los actores están de acuerdo es que la tendencia cada vez gira más hacía la autorregulación. “La regulación de las fintech debe estar orientada a los servicios, no a las empresas. No debe ser ni excesiva ni escasa, sino igual para todos”, explicaba Ignacio Redondo, director de asesoría jurídica en CaixaBank.

Del mismo modo, a nivel europeo también se aboga por la intervención de losstakeholders en la elaboración de las normas. “No tiene que ser algo que emane sólo de los gobiernos, sino que los agentes implicado tienen mucho que decir”, aclaraba Francesc Granell.

Sin embargo, las peculiaridades del mercado español dificultan en gran medida la tarea de lograr la agilidad de mercados como el británico, cuyas “barreras de acceso” se adaptaron para impulsar esta industria. “Las barreras del mercado español son importantes, mientras que el mercado británico ha logrado un espacio seguro pero sin tantas exigencias”, explicaba Enrique Fernández Albarracín, socio responsable del área de servicios financieros en el bufete EY.

“Es necesario coordinar la labor de regulación y supervisión, además de eliminar las diferencias en este sentido a nivel autonómico”, añadía el representante de CaixaBank.

Las nuevas tecnologías han venido para quedarse en el mercado financiero y si España no se sube al carro de las fintech como el resto; “podría llegar a perder su tradicional liderazgo en banca de consumo”, sentenciaba Rodrigo García de la Cruz, representante de la Asociación española de Fintech e Insurtech.

La tradicional disputa con la banca

Mientras que las fintech y sus representantes exigen un marco regulatorio propio, la banca se opone a que respondan a normas diferentes si van a prestar los mismos servicios. “El sector fintech no es ni una amenaza ni una oportunidad, es una realidad. Si es verdad que puede despertar nuevas necesidades en los consumidores, pero los bancos también pueden proveerlas. La regulación debe ser en base a los servicios, porque tampoco debemos que favorecerles”, señalaba Ignacio Redondo desde el lado de las entidades bancarias.

Por su parte, los recien llegados siguen reivindicando el protagonismo de lasfintech en el mercado financiero y esperan poder colaborar con los bancos en el futuro. “Las fintech han venido a desafiar el statu quo de la banca, pero también para crear valor añadido al consumidor. La banca tendrá que hacer un cambio en su ADN para poder encontrar las sinergias que nos lleven a optimizar juntos el mercado”, sentenciaba Marta Plana en su intervención.

De hecho, estas empresas advierten de que el reto se encuentra ahora en el mercado bigtech, que cuenta con grandes socios y una importante ventaja competitiva. “En este momento, el que más datos tiene es el que más gana. Las grandes empresas de big data tienen mucho poder, no porque tengan la idea, sino porque detectan rápido de dónde viene la innovación y la compran”, señalaba Christoph Steck, director de política comunicación e internet de Telefónica.

UK rules

Sin duda, España se encuentra a años luz de Reino Unido en materia de fintech. El país británico comenzó a regular al respecto hace dos años y ha sido el autor de figuras como el sandbox (una preautorización para una fase de prueba que permite testar el producto en el mercado antes de su lanzamiento y está sujeta a menos exigencias).

“En España vamos muy tarde, en Reino Unido entendieron hace dos años que este sector era estratégico. Modelos como el del sandbox demuestran que allí detectaron antes la diferencia en el mercado fintech”, explicaba Enrique Fernández.

De hecho, uno de los miedos de la industria española es precisamente que las empresas tengan que mirar a fuera para lograr su desarrollo. “Si no se ponen facilidades las empresas mirarán a otros países. España está en el punto de mira de David Cameron, allí este sector está considerado como estratégico”, explicaba Marta Plana.

El reflejo de esto es que Inglaterra ha sido la sede del primer acuerdo europeo entre un gran banco y una fintech. El pasado miércoles el Barclays hizo pública su colaboración con Circle, una app de pago móvil que trabaja con bitcoins para transferir divisas del banco central. Es la primera vez que un gran banco europeo autoriza a una start-up a utilizar sus infraestructuras para operaciones de carácter financiero.