En el siglo XVI, durante el reinado de Felipe II, el imperio español llegó a ser tan grande y poderoso que fue reconocido como “el imperio donde nunca se ponía el sol”.En su época de mayor expansión, a mediados del siglo XVIII, logró contar con una superficie que rondaba los 20 millones de Km2 y aglutinaba en sus dominios al 12,3% de la población mundial.

En la actualidad, cuando hablamos de imperios modernos solemos mencionar a EEUU, debido a su gran capacidad militar, política y económica, o China, gracias a su ingente cantidad de población y su enorme crecimiento de los últimos años. Sin embargo, acostumbramos a dejar fuera de esta clasificación otro tipo de imperios a los que no habría que perderles la pista: los imperios digitales.

Con la irrupción de internet y las nuevas tecnologías, en las dos últimas décadas han surgido nuevas superpotencias que, en algunos aspectos, no tienen nada que envidiar a los mayores imperios que jamás hayan existido.

En el año 2011, el por entonces presidente francés, Nicolás Sarkozy, invitó a los representantes de Google, Amazon y Wikipedia -entre otros distinguidos gurús- a debatir sobre el impacto de internet en la economía y en la sociedad. Lo curioso del caso es que el encuentro, denominado Foro e-G8, se produjo en vísperas de la cumbre de los jefes de Estado más poderosos del mundo, un lugar de reunión al que –sin ir más lejos- nuestro presidente del gobierno ni tan siquiera estaba invitado.

Desde entonces han pasado casi 5 años, pero el poder de estos gigantes digitales ha seguido en aumento y sus tentáculos han conquistado nuevas latitudes. Es el caso de Facebook, que la semana pasada conseguía superar los 900 millones de usuarios activos que utilizan su herramienta “Facebook Messenger”.

El imperio Facebook

Facebook ha sido la red social más popular del mundo durante los diez últimos años, consiguiendo destacar en un mercado enormemente competitivo y manteniendo su hegemonía a pesar de sus crisis de identidad e incluso de resultados.

Como cualquier gran “metrópoli” que se precie, Facebook ha renovado y ampliado su dominio gracias a la adquisición de nuevas “colonias”, como WhatsApp (comprada por 19.000 millones de dólares en 2014) o Instagram(1.000 millones de dólares en 2012). Esta política colonizadora ha dado pie a la creación del mayor imperio de comunicación en la historia de la humanidad.

Cuando Facebook decidió comprar WhatsApp hubo mucha gente que puso el grito en el cielo, ya que algunos creían que era una locura realizar un desembolso de tal calibre por una herramienta que apenas generaba beneficios y cuyo modelo de negocio era inexistente. Sin embargo, en aquel momento lo que estaba haciendo Facebook era comprar la información de 450 millones de usuarios a un precio de 19.000 millones de dólares o, lo que es lo mismo, había comprado el acceso a la información de cada usuario de WhatsApp por un coste unitario de –tan sólo- 42 dólares.

Si ya en aquel momento -con los números en la mano- parecía una operación redonda, viéndolo con retrospectiva parece incluso un mejor negocio. Tan sólo dos años después de la adquisición de WhatsApp, se ha duplicado el número de usuarios de la aplicación, reduciendo el coste pagado por usuario a la mitad y enterrando en este tiempo a algunos de sus más feroces competidores, como Line o Telegram.

Actualmente Facebook cuenta con 1.590 millones de usuarios activos mensuales, a los que habría que sumar los 1.000 millones de usuarios de WhatsApp, los mencionados 900 millones de Facebook Messenger y los 450 millones de Instagram. En total, Facebook suma casi 4.000 millones de usuarios entre todas sus herramientas de mensajería.

Es cierto que muchos de estos usuarios son repetidos, ya que una gran mayoría de los mismos utilizan tanto Facebook como Instagram o WhatsApp, pero no por ello deja de ser una cifra extraordinaria, más si cabe teniendo en cuenta que a nivel mundial sólo tienen acceso a internet 3.085 millones de personas.

El principal motivo por el que Facebook ha conseguido convertirse en un imperio global es  porque no ha dejado de buscar nuevos territorios por conquistar, diversificando sus inversiones y adaptándose a las nuevas tendencias.

Cuando comenzó el declive de Facebook en Europa y en los países anglosajones, inició su expansión en Latinoamérica y Asia; cuando los “early adopters” se cansaron de la herramienta y huyeron de la plataforma, se centraron en atraer a los padres y abuelos de los primeros usuarios de Facebook; cuando el tráfico móvil empezó a quitar una importante cuota de mercado a la web, invirtieron tiempo, dinero y esfuerzo en adaptarse a los nuevos tiempos; y cuando se dieron cuenta de que no eran lo suficientemente “guays” para evangelizar al público más joven, entonces decidieron anexionar Instagram y WhatsApp para seguir abarcando toda la pirámide de población.

Puede ser que Facebook haya pasado por varias crisis y quizá seguimos siendo parte de su imperio porque no tenemos otro sitio mejor a donde ir, pero lo que es incuestionable es que ha conseguido conquistar a casi todas las etnias y franjas de edad y ha logrado reinventarse para continuar con su supremacía.

Facebook ya no es sólo Facebook, no es una red social más, es mucho más que eso. Facebook es el dueño de nuestras conversaciones, conoce todas nuestras fotos y siempre sabe dónde estamos. Se trata de un imperio móvil, que nos acompaña cada minuto y que lo mismo se oculta en la mesita de noche como lo hace en nuestros bolsillos de día.