La verdad es que los sufridos votantes españoles, esto es, la ciudadanía en general, estamos bastante cansados de tanta pirueta, postureo, reuniones secretas, extraños enjuages, dobles y hasta triples juegos de los políticos que llevan mareando la perdiz demasiado tiempo y no son capaces de reconocer su impotencia y en algunos casos incompetencia para alcanzar acuerdos que tengan sentido y que sean viables. Eso si, a la mayoría de los protagonistas de los distintos grupos políticos en liza se les llena la boca de afirmaciones y promesas de que “vamos a hacer lo imposible para llegar a acuerdos” , “vamos a agotar todas las vías a nuestro alcance para conseguir pactar”,”vamos a dejarnos hasta la ultima gota de sudor”, etc, etc.

Lo cierto es que las cosas en la vida e incluso en la política son o deberían ser mucho mas fáciles. Lo que ocurre es que este país es tan perverso a veces que terminamos asumiendo como normales situaciones que no lo son. Me refiero en particular a que el bloqueo generalizado al que se ha sometido al PP por la gran mayoría de los partidos en liza es sencillamente inconcebible en una democracia sana y vigorosa.

Lo normal en una situación como la que atraviesa España y tras el complejo puzzle que arrojaron los resultados de las ultimas elecciones es que se hubiera conformado una mayoría consensuada entre los partidos mas votados asumiendo en cada caso de manera proporcional determinadas responsabilidades de gobierno. Lo que viene siendo un gobierno de coalición, algo que está inventado desde hace muchos años y que perfectamente se podría haber puesto en pie en las actuales circunstancias que atraviesa nuestro país. Pero como somos un pueblo derrotista , vengativo , personalista y rencoroso resulta que Pedro Sanchez, aguerrido baluarte socialista recién llegado a la primera liga de la política se pone farruco y, con el mayor desdén, se niega a hablar ni un minuto con el representante del partido que ha ganado las elecciones ni mas ni menos que con el apoyo de casi siete millones y medio de ciudadanos.

No era ni es en absoluto descabellada la propuesta inicial de Rajoy que hizo publica desde el minuto uno. Aún a fuerza de parecer cándido y voluntarista soy de los que piensan que es posible que todavía se esté a tiempo para previo pacto y consenso de unos cuantos asuntos de estado incuestionables , PP, PSOE y  Ciudadanos, puedan acordar  un gobierno de transición que probablemente no sería muy duradero pero que permitiría salir de este absurdo impasse en el que nos encontramos, evitaría el desgaste y la pérdida de tiempo y dinero que supondría una nueva convocatoria de elecciones y permitiría abordar conjuntamente desde ese gobierno de concentración españolista y respetuoso con la democracia las soluciones que necesita nuestro país para terminar de superar los problemas reales que no son otros que el paro, la mejora de nuestra economía productiva y en definitiva terminar de sortear lo antes posible la crisis económica que todavía no ha tocado a su fin.

Sinceramente  entiendo que no se está abordando la solución de esta compleja situación  con altura de miras suficiente. Esto no es alta política. Esto es política de barrio e incluso en ocasiones barriobajera. Nadie se fía de nadie.Es tremendo comprobar cómo dentro de los propios partidos , lease Podemos y el propio PSOE, se vigilan de reojo y se hace palbable un enorme recelo entre algunos de sus lideres. Lamentablemente en esta hoguera de las vanidades que es la clase política están primando demasiado los intereses particulares y personales hasta extremos intolerables.

Por todo ello seria muy saludable que nuestros representantes políticos hagan de verdad un esfuerzo de generosidad y se reconduzca esta absurda deriva. España no se puede permitir extraños experimentos de gobiernos transversales de corte radical y populista que pondría en riesgo algo tan esencial como es la unidad de nuestro Estado , que generaría una enorme desconfianza en el entorno internacional y cuya previsible acción de gobierno tendría sin duda unos resultados nefastos e irreparables  para nuestra economía  y el progreso y bienestar de nuestra sociedad.