No todos los acreedores están de acuerdo con la refinanciación de la firma y han iniciado un procedimiento de demanda contra la sentencia que la avalaba. A día de hoy, la recapitalización de Bodybell no es efectiva y su futuro sigue siendo “incierto”.

Todas las alarmas se dispararon cuando la popular marca de perfumería y cosmética –propietaria también del grupo Juteco- registró en 2014, por tercer año consecutivo, unas pérdidas por valor de más de 37 millones de euros. “Se trata de un mercado a la baja con una presión continua en los precios, con una presión también sobre márgenes que hace insostenible el mercado”, señala la propia compañía en su Informe de Gestión de ese año.

La evolución negativa de las ventas, que cayeron entre un 4% y un 6% en los últimos ejercicios, y el elevado endeudamiento con entidades se crédito, que dio inicio a una cadena de impagos, llevaron a Bodybell a buscar una alternativa al concurso de acreedores.

Finalmente, en abril de 2015, el grupo llegaba a un acuerdo con sus acreedores para efectuar una quita del 85% de su deuda y retrasar los pagos hasta 2019. Dicho contrato de reestructuración fue sometido a homologación judicial en octubre por el Juzgado de lo Mercantil número 11 y aprobada la recapitalización. Sin embargo, sólo el 91,21% de los pasivos de la compañía estaban dispuestos a apoyar la refinanciación y el resto de acreedores disidentes decidieron impugnar la sentencia elevando una demanda de incidentes contra la sentencia en la Audiencia Nacional.

A pesar del optimismo inicial de Bodybell, que esperaba una solución para comienzos de 2016, el proceso se ha dilatado hasta cuatro meses más de lo previsto, dado que la empresa cuenta con hasta 27 acreedores diferentes y en muchos casos fuera de España, lo que ha dificultado el trámite de notificación. Según fuentes judiciales, ya se ha avisado a casi todos los interesados y se espera que el proceso concluya en aproximadamente un mes.

El problema es que la recapitalización de la firma no será efectiva hasta que se resuelva dicho litigio. Bodybell ha seguido operando con normalidad hasta la fecha –en parte gracias a un préstamo puente de 20 millones de euros concedido por las entidades financieras- y ha experimentado importantes cambios en su estructura y propiedad. “En opinión del administrador único de la Sociedad, basado en el análisis llevado a cabo por sus asesores legales, el proceso de reestructuración no se verá afectado por estos hechos, materializándose en el corto plazo las medidas propuestas y garantizándose por tanto la continuidad de las operaciones”, señalaba en su informe de auditoría la empresa Ernst & Young en diciembre de 2015.

Pero no todas las previsiones son tan optimistas, de hecho la propia auditora reconoce en el citado documento que “la situación supone una incertidumbre sobre el desenlace final de los acontecimientos, que en caso de no resolverse positivamente, y de no implementarse medidas alternativas, tendría impacto en la capacidad de la empresa para continuar su actividad de acuerdo al principio de empresa en funcionamiento”.

Las condiciones del trato

Para lograr la tan ansiada recapitalización, Bodybell ha tenido que cambiar su propiedad, llevar a cabo un ERE y todavía tendrá que afrontar diversos pagos de cara al futuro. Cuando The Beauty Bell Chain pidió indulgencia a sus acreedores no fue a cambio de nada, de hecho sus accionistas de referencia N+1/Mercapital y Dinamia se vieron obligados a vender sus participaciones a cambio de literalmente nada. El fondo de capital HIG se convirtió en el nuevo accionista mayoritario y principal acreedor.

Actualmente, el total de la sociedad se encuentra en proceso de compra por el citado fondo, tras la aprobación por parte de la CNMC de la primera fase de la operación.

En febrero de este mismo año, la distribuidora de cosméticos puso fin al ERE iniciado el verano pasado, donde tenía previsto despedir a 375 personas y cerrar 44 puntos de venta. Finalmente, tras negociar con los sindicatos, la reestructuración afectó a 315 personas y a 32 tiendas.

El famoso trato de refinanciación, que todavía sigue pendiente de homologación, comprendía una reducción en la deuda de Bodybell de los 200 millones de euros a los 30 millones. Además, las entidades financieras han ampliado el plazo de vencimiento de 2016 hasta 2019.