Varios ‘supervivientes’ del viejo New York Cosmos quieren recrear en televisión la historia del equipo de leyenda que fue capaz de fichar a Pelé o Beckenbauer.

Se buscan guionistas capaces de convertir la historia del New York Cosmos en una serie de ficción para la televisión. No la de este Cosmos, en el que hace apenas unos meses se retiraron Raúl y Marcos Senna, sino la del otro Cosmos. El mítico. El de Pelé y Beckenbauer. El de Chinaglia. El del dinero de Warner Communications y los anhelos de grandeza de su presidente, Steve Ross. Un sueño que adquirió notoriedad mundial en el fútbol de los años setenta, cuando protagonizó una irrupción sin precedentes, pero también sin continuidad. Así lo refleja desde su mismo título el documental ‘Once in a Lifetime: The Extraordinary Story of the New York Cosmos’.

Aquella película llegó hace ahora diez años junto a un libro del mismo título, con muchos más detalles (y no disponible en español), escrito por Gavin Newsham, periodista de ‘The Guardian’. Es una buena forma de comprender la creación de la North American Soccer League (NASL) original, vigente de 1968 a 1985, el primer intento de crear una gran liga de fútbol en Norteamérica. Aunque se trataba en teoría de un campeonato profesional, los jugadores del Cosmos entrenaban un par de días por semana y tenían al menos una ocupación más para llegar con desahogo a fin de mes.

Ross, cuya fe le había llevado a comprar las acciones a los inversores originales por un dólar, reaccionó en 1975 a una temporada desastrosa. Había que fichar una gran estrella, no sólo para reforzar el equipo. Aquello tenía que ser más bien una superproducción. Preguntó quién era el mejor jugador del mundo, no ya sobre el campo sino en términos mercadotécnicos: marca, impacto televisivo… Su hombre era Pelé, al que el manager general, Clive Toye, disuadió de alargar su carrera en Europa: “En la Juventus o el Real Madrid puedes ganar otro título. Si vienes aquí, puedes conquistar un país”. En cualquier caso, lo que convenció a Pelé fue un contrato sofisticado, ‘neymariano’, con muchos dólares a cambio de tres años más de fútbol -ya se le daba por retirado- y una década de marketing y relaciones públicas. Los protagonistas no se ponen de acuerdo para concretar las cifras de la operación, que oscilan entre 2,7 y 7 millones de dólares. En todo caso, fue un fichaje complejo en el que tuvo que mediar el mismísimo Henry Kissinger, que también presta testimonio en el film. Quien no lo hace es Pelé. Al final de la película, un rótulo indica que declinó ser entrevistado al tiempo que se escucha el sonido de una caja registradora. Según se publicó en su día, exigió 100.000 dólares por sentarse a hablar un rato de sus años en el ‘soccer’.

Pelé, Chinaglia y el Káiser

Entre los productores de la futura serie sobre el Cosmos aparecen Mark Ross, hijo de Steve Ross, y un exjugador del equipo, Werner Roth, como productor ejecutivo. Roth ya formó parte del reparto de Evasión o victoria junto a Pelé. Según cuenta Carlos Marañón en su libro Un partido de leyenda, sobre la película de John Huston, la relación de Roth con Pelé y la Warner le abrió un hueco en el reparto, y su aspecto europeo -nació en Yugoslavia- le facilitó el papel de malo, capitán de los alemanes. Roth explicaba que lo más difícil de jugar con Pelé en el Cosmos era asimilar que era su compañero, resistir el impulso de quedarse quieto en el campo para admirar sus movimientos. Luego llegó Chinaglia, el italiano más temido de la Lazio más salvaje, y más tarde el mismísimo Kaiser. Franz Beckenbauer reconoce que antes de fichar por el Cosmos (donde jugó de 1977 a 1983) sólo conocía a Pelé y Chinaglia. Además, nada más pisar Nueva York el entrenador y el manager del equipo fueron despedidos. “¿Dónde me he metido?”, se lamentó. Sin embargo, la fórmula del Cosmos dio sus frutos, con cinco títulos en una década, de 1972 a 1982. Lo que no funcionó igual fue la NASL.

Tras pasar de 18 a 24 equipos, el fútbol en Estados Unidos parecía en órbita. La NASL también sedujo a Johan Cruyff, que tras dejar el Barcelona jugó en Los Angeles Aztecs y Washington Diplomats. Se comenzó a negociar el primer contrato televisivo, es decir, la diferencia entre el bien y el mal. El salto resultó fallido. En 1979, tras una breve experiencia, ABC Sports se retiró. El fútbol apenas había llegado a 2 millones de hogares en Estados Unidos, con una audiencia del 2,7%. David Hirshey, de ‘New York Daily News’, comenta en el libro de Newsham que la prensa “trataba al fútbol como a una colonia de leprosos”, ante todo por ignorancia pero también por temor de que pudiera llegar a amenazar a los deportes consolidados.

El último título del Cosmos, el de 1982, llegó ya con la NASL cayéndose a pedazos. En 1985 ambos, equipo y liga, echaron el cierre. El siguiente intento no se produjo hasta después del Mundial 94, en Estados Unidos. En 1996 nació la Major League Soccer, que dos décadas más tarde empieza a reunir motivos para creer que puede despegarse la manida etiqueta de “cementerio de elefantes” -aunque de hecho también lo sea- y aspira a reclutar a corto plazo una más que interesante clase media.

La NASL se refundó en 2009 y cuenta hoy con trece equipos en Canadá, Puerto Rico y Estados Unidos. Es la segunda liga en importancia y su vigente campeón es precisamente el Cosmos, resucitado el mismo año. Raúl, como Pelé, se retiró ganando la Soccerbowl, pero es improbable que nadie quiera hacer una serie sobre ello dentro de medio siglo. Esas cosas pasan sólo una vez en la vida.