Cuando todavía se está tratando de incorporar a la sociedad la forma de ver la vida de los “millennials”, los nacidos entre la década de los 80 y principios de los 90, la siguiente generación ya está llamando a las puertas. La conocida como “Generación Z” es la que ha sido educada por completo bajo el signo de la web y de la crisis, en un mundo en el que la precariedad laboral se ha instalado como la regla general.

“Los zetas”. Suena como el clan del narcotráfico mexicano pero en realidad son todos aquellos jóvenes nacidos entre 1994 y 2009 que están en plena formación o que acaban de empezar a trabajar. Y su llegada al mercado laboral va a ser complicada; no sólo para ellos sino también para las empresas.

La Generación Z ha crecido durante la crisis y se va a enfrentar a sueldos incluso menores que los que ha padecido la cohorte anterior, la de los millennials, tal y como ha explicado la presidenta y fundadora de Atrevia, Núria Vilanova, consultora de comunicación que ha elaborado junto a Deusto Business School el informe Generación Z, El último salto generacional.

“Sus relaciones con el dinero son diferentes”, ha resumido, porque como consecuencia de la crisis y de los nuevos modelos de consumo se ha vivido un cambio “del tener al usar”.

Una de las conclusiones del estudio es que los jóvenes más jóvenes han asumido que “la educación no garantiza un nivel de remuneración determinado en el futuro”. Esto se deriva de la situación que han tenido que padecer los millennials, la generación más formada hasta el momento, que han tenido que aceptar trabajos mal remunerados o sin correspondencia con su orientación profesional para salir adelante.

El responsable de Deusto Business School en Madrid, Iñaki Ortega, ha indicado que “los zetas son autodidactas y desconfían del sistema educativo”. “Por primera vez en la historia hay una generación que ha disfrutado de internet para educarse y para socializarse. Eso supone cambios radicales”, ha añadido Núria Vilanova.

Pero las transformaciones del mercado laboral no sólo van a llegar desde su lado, ya que las empresas se van a tener que adaptar también a la nueva mano de obra.

Un nuevo trabajador

Los zetas ya no hacen cola para entrar en las grandes empresas, tienen otras prioridades”, ha afirmado Iñaki Ortega. De hecho, la relación de los nuevos jóvenes con el mundo corporativo va a ser complicada, dado que el espíritu emprendedor, autónomo, innovador e irreverente de los integrantes de la Generación Z va a hacer que las compañías se redefinan.

Por ejemplo, los zetas cuentan con una integridad ética que les impediría trabajar para empresas contaminantes, tienen un menor respeto por la jerarquía tradicional y asumen la conciliación como un requisito para su vida profesional. Pero su carácter innovador es también un valor que han de reflejar las organizaciones para las que trabajen.

Núria Vilanova: “Las empresas han tenido tradicionalmente resistencia al cambio”

Las empresas han tenido tradicionalmente una resistencia al cambio que no encontraremos en la Generación Z”, ha precisado Núria Vilanova. “Si queremos atraerles, sacar lo mejor de esta generación, tendremos que ofrecerles compañías diferentes”, ha completado.

La flexibilidad laboral va a estar en el genoma de esta nueva generación, compuesta por “emprendedores precoces” que van a pasar por “muchos trabajos y muchas ciudades”, según Iñaki Ortega. “Los zetas van a tener que trabajar para muchas empresas y especializarse en muchas cosas”.

Todo ello lo van a conseguir ante las críticas de las generaciones anteriores, que no van a entender el universo hiperconectado en el que viven y que van a tachar sus costumbres comunicativas de adicción a las nuevas tecnologías. En el fondo, se trata de una discusión sobre la ruptura que se lleva produciendo desde hace siglos. “Nos recuerda a debates del pasado, a cuando los ludditas rompían las máquinas de la Revolución Industrial, nos recuerda a cuando los franceses tiraban los camiones de fruta que venían de España”, ha asegurado Ortega. Siempre habrá resistencia al cambio; que se lo digan también a los millennials, una generación expulsada del mercado laboral.

Foto: Flickr – Petra Bensted