El cambio a la hora de verano ha vuelto a reabrir el debate sobre si España se encuentra o no en el huso horario correcto. Poca productividad, jornadas laborales eternas, desajustes con el resto de Europa y ningún beneficio económico son el resultado de un error histórico.

España siempre ha marcado la diferencia con el resto de Europa en lo que a horarios se refiere. El estilo de vida nacional se caracteriza por retrasar las comidas, por sus maratonianas jornadas de trabajo y por la tendencia a respetar menos las horas de sueño. ¿Será fruto de nuestra cultura? No, de hecho es el resultado de permanecer durante décadas en el huso horario incorrecto y los efectos son muy nocivos.

Somos el sexto país europeo que más horas emplea en el trabajo, según la OCDE, aproximadamente 1.700 horas al año, 318 más que en Alemania. Grecia lidera el ranking de la improductividad, seguida de cerca por otros socios como Letonia Y Estonia.

“Se sale de trabajar a horas intempestivas, practicando más la cultura de la presencia que la de la eficiencia y menoscabando no solo la justa conciliación de la vida personal, familiar y laboral de las personas, sino también perdiendo eficacia y productividad en las empresas”, señala José Luis Casero, presidente de la Asociación para la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE).

Sin embargo, muchos de los países de nuestro alrededor no sufren estos problemas al estar adaptados a la hora europea occidental, que es la que se corresponde con su situación geográfica (meridiano de Greenwich), en lugar de a la hora europea central. Portugal, Reino Unido, Marruecos o Canarias son ejemplos de lo que España debería ser y no es.

Por ello, son muchos los agentes sociales que se han unido en contra del último cambio horario de cara al verano, ya que perpetúa un hábito nada saludable para los españoles. Desde AHORE, cuyo principal objetivo es promover la racionalización de los horarios en España, hasta diferentes partidos políticos, entre los que se encuentran PP, PSOE y Ciudadanos.

De hecho, estos últimos incorporaron en su Acuerdo para un Gobierno Reformista y de Progreso la necesidad de adaptar nuestros husos horarios “en el marco de la campaña de concienciación sobre las ventajas económicas y sociales de racionalizar los horarios”.

“Celebramos las medidas recogidas en el citado Acuerdo entre PSOE y Ciudadanos, pero estaremos muy atentos para que si culminan en un posible Gobierno, estas propuestas no queden en papel mojado y se conviertan en hechos reales”, aclara el presidente de AHORE. El siguiente paso sería ignorar el cambio a la hora de verano (marzo) y ajustar definitivamente los relojes con el cambio a la hora de invierno (octubre).

Rentabilidad 0%

A pesar de las conclusiones del Instituto Para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), sobre un supuesto ahorro de hasta el 5% (300 millones) en el consumo eléctrico gracias al cambio de hora, son mayoría los estudios que califican este beneficio como irrelevante.

En países como España, las horas ganadas de luz natural se compensan con las extensas jornadas laborales, que en muchas ocasiones alcanzan la noche y suponen un coste extra en iluminación. “En la práctica ese ahorro energético no es significativo, puesto que las jornadas de trabajo siguen siendo maratonianas y se sale de trabajar a horas intempestivas”, señala José Luis Casero.

En cambio, la institución dependiente del Ministerio de Industria no duda en resaltar “el impacto positivo no sólo sobre el  ahorro sino sobre otros sectores como el transporte, las comunicaciones, la seguridad vial, las condiciones de trabajo y los modos de vida, la salud, el turismo o el ocio”.

Por su parte, Red Eléctrica Española estima el ahorro en iluminación en torno al 0,1% y el 0,5%. Los mismos resultados obtuvo la Comisión Europea en su investigación del año 2000 sobre los beneficios y costes del cambio horario, llegando a calificar dicho ahorro como “relativamente modesto”. El Departamento de Energía de Estados Unidos va incluso más allá y llega a cifrar el beneficio en tan sólo un 0,03%.

La herencia de Hitler

El desfase horario español se arrastra desde 1942, cuando se adaptó el horario al de Berlín por simpatía al régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial. A partir de ahí, nunca se recuperó el horario en correspondencia con la hora solar según nuestra situación geográfica.

Por otro lado, el cambio de hora comenzó a generalizarse, aunque de manera desigual, a partir de 1974, cuando se produjo la primera crisis del petróleo y algunos países decidieron adelantar sus relojes para poder aprovechar mejor la luz natural del sol y consumir así menos electricidad en iluminación.

La Unión Europea decidió aplicarlo como directiva desde 1981 y ha sido renovada sucesivamente cada cuatro años. Desde la aprobación de la Novena Directiva, por el Parlamento  Europeo y Consejo de la Unión, en enero de 2001, este cambio se aplica con carácter indefinido.